Arreglos de costura

La falta de tiempo y, en muchos casos, de conocimiento para arreglar la ropa ha generado la apertura de establecimientos especializados en costura con unas tarifas generalmente elevadas, a las que conviene prestar una especial atención
Por Lucía F. Gorosito 22 de abril de 2007

Coser el bajo de un pantalón, sacar el dobladillo de una falda o arreglar la cremallera de una cazadora ha dejado de ser una tarea doméstica, realizada tradicionalmente por madres y abuelas mediante el utensilio estrella en la mayoría de los hogares -la máquina de coser-, para transformarse en una labor empresarial. La incorporación de la mujer al mercado laboral y el nuevo papel de las abuelas como cuidadoras de sus nietos ha contribuido a que se modifiquen los hábitos de vida de la sociedad española en general, y de las pequeñas tareas, insignificantes cuando están cubiertas, como los arreglos de la ropa en cada casa, en particular. Una situación que ha generado la apertura, cada vez mayor, de establecimientos especializados en costura con unas tarifas generalmente elevadas, a las que conviene prestar una especial atención.

Precios en alza

Precios en alza

Por tanto, para quienes no sepan en qué cajón se guardan los hilos y tengan la necesidad urgente de remendar alguna prenda, este tipo de negocios pueden sacar del apuro a cualquiera. Estrechar ropa, confeccionar bajos o arreglar tejidos delicados como la piel o el cuero son algunas de las solicitudes más comunes. Lo menos común, sin embargo, es el precio, que en algunos casos puede llegar a sumas similares al coste de una prenda nueva. De ahí que los pedidos que tienen estas tiendas de costura, en la mayoría de los casos, estén relacionadas con ropa de muy alta calidad y precio.

Si se quiere encargar la reforma integral de una falda, por ejemplo, se deberá pensar que el coste total puede superar los 20 euros, teniendo en cuenta que se tendrá que abonar siete euros por un bajo, ocho euros por reducir la cintura y seis euros por hacerle pinzas. Si a estos precios le sumamos el coste original de la prenda, más allá de que la calidad textil no sea la mejor, se puede encontrar otra falda, pantalón… similar en cualquier tienda. Otra opción es que la persona interesada saque unos minutos de su tiempo y rompa el miedo a enfrentarse a la guja cosiendo un botón primero o remendando el desgarro de una blusa, por ejemplo. En este caso el coste será de un euro, el que cuesta la bovina de hilo, que además sobrará para futuros arreglos. Ahora bien, los resultados del trabajo, en el caso de los iniciados, es otra cuestión.

Este negocio, cada vez más sofisticado, no sólo ofrece sus servicios en franjas horarias amplias para ser accesibles a un amplio abanico de potenciales consumidores, sino que también ofrecen servicio de recogida y entrega a domicilio; se publicitan en páginas web y facilitan números de teléfonos para realizar consultas. Como valor añadido, además, establecen plazos de entrega que generalmente no superan las 48 horas.

Las máquinas de coser, ¿olvidadas?

Aunque parezca sorprendente, el mercado de las máquinas de coser no ha decaído sino que, por el contrario, se encuentra en pleno crecimiento. Las empresas fabricantes líderes de estos artículos aseguran que las ventas se incrementan año a año -en España la media de venta es de 120.000 unidades anuales-, con la diferencia de que los consumidores finales son, mayoritariamente, tiendas de electrodomésticos y empresas de costura y confección.

“En la actualidad se producen más máquinas de coser que antes y se venden a todos los públicos, tanto a empresas como a particulares”, revelan desde la empresa de máquinas de coser Singer. Admiten, no obstante, que el incremento de las empresas de arreglos “ha sido muy positivo para el sector porque ha favorecido la expansión del mercado”. En el 2006, esta empresa pionera comercializó más de 38.000 máquinas de coser sólo en España.

Otra compañía que cuenta con una larga trayectoria en el mercado de las máquinas de coser es Alfa, con sede central en Guipúzcoa. Desde ella, Guillermo Fernández coincide en que si bien la evolución del mercado en los últimos años ha sido positivo -en el caso de Alfa, se ha fabricado una mayor cantidad de unidades “no ha sido idéntico al incremento en la facturación, debido a que el precio medio de estos artículos ha descendido de los 250 euros a los 150 euros en la última década”.

En relación al perfil del comprador de máquinas de coser, Fernández explica que muchas máquinas de coser se venden para realizar trabajos básicos, como bajos o pequeños arreglos. “Aunque hay que tener en cuenta que se registran muchas compras por impulso, con lo cual hay un gran porcentaje de máquinas de coser que apenas se utilizan”, confiesa. En los últimos años, detalla el ejecutivo de Alfa, se han identificado tres tipos de consumidores: las empresas de costura que compran máquinas de coser de gama alta, las grandes superficies y, con menor peso, el consumidor doméstico.