Gran Colisionador de Hadrones: el fin del mundo no llegó

Criticado por su supuesto poder apocalíptico, permitirá conocer mejor el universo y desarrollar aplicaciones en medicina, medio ambiente o informática
Por Alex Fernández Muerza 11 de septiembre de 2008
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El Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) iniciaba ayer el funcionamiento práctico del Gran Colisionador de Hadrones (LHC). Su puesta en marcha ha sido noticia en los últimos meses no por sus posibilidades científicas, sino por un alarmismo que le señalaba como posible causante de la destrucción de la Tierra y hasta del universo. Sin embargo, los responsables del CERN, así como científicos de todo el mundo, han demostrado la seguridad de la instalación y han destacado su utilidad científica: el LHC servirá para desvelar algunos de los secretos del universo y para desarrollar diversas aplicaciones prácticas en campos como la medicina, el medio ambiente o la informática, sin olvidar aplicaciones insospechadas hoy día.

El LHC y el fin del mundo

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Para entender bien la polémica suscitada, conviene saber en qué consiste este ingenio científico. Básicamente, el LHC, ubicado en la frontera francosuiza, cerca de Ginebra, es un acelerador de partículas que esconde a 100 metros bajo tierra un túnel circular de 27 kilómetros de circunferencia.

En su interior, sus responsables lanzan dos haces de protones a velocidades cercanas a la de la luz. La aceleración y guía de las partículas se consigue gracias a más de mil imanes cilíndricos enfriados a -271,25º C (menos de dos grados sobre el cero absoluto).

Algunos expertos lo comparan con el Big Bang, eso sí, mucho más pequeño y de forma controlada y analizable

Las partículas giran en orbitas concéntricas opuestas, de manera que al chocar generan una concentración de energía muy alta que dará lugar a nuevas partículas. Algunos expertos lo comparan con el Big Bang, la gran explosión que dio origen al universo, eso sí, mucho más pequeño y de forma controlada y analizable por los diversos instrumentos de los que dispone.

La polémica surgía de la mano de varios científicos que alertaban del supuesto peligro de esta liberación de energía. El estadounidense Walter Wagner y el español Luis Sancho abrieron la veda al afirmar que el LHC podría desencadenar diversos procesos, como un agujero negro, materia exótica supermasiva o un vacío cuántico, capaces de destruir la Tierra (incluso se ha realizado una simulación en video) y hasta el propio universo. Por ello, presentaban ante un juzgado de Hawai una demanda para paralizarlo, cuyo juicio sigue en marcha.

Asimismo, diversos científicos alemanes y austríacos llevaban al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo una querella contra el LHC. Sin embargo, en este caso, los responsables de este Tribunal europeo han rechazado la demanda.

/imgs/2008/09/lhc102.jpgLa comunidad científica en general considera que las posibilidades de que este tipo de sucesos catastróficos suceda son tan bajas que el riesgo es inapreciable. En este sentido, en la vista del proceso de Hawai, varios especialistas internacionales en física de partículas presentaron informes con detallados argumentos al respecto. Por su parte, desde el CERN también se ha ofrecido un informe que demuestra la seguridad del recinto. En ambos casos, los responsables de dichos informes utilizan un argumento fácil de entender sin ser especialista: aunque el LHC puede alcanzar una energía que ningún otro acelerador de partículas ha alcanzado antes, la naturaleza produce a diario energías mayores y la Tierra aún sigue existiendo.

A pesar de ello, la polémica tiene todos los visos de seguir abierta. La energía inyectada en su puesta en marcha alcanzaba los 0,45 teraelectronvoltios (TeV), lejos de los 14 TeV que se espera lograr en dos años, cuando la instalación trabaje a plena potencia.

Para qué sirve el LHC

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Hasta la fecha, el LHC ha recibido más de 4.000 millones de euros. En el proyecto toman parte diversos países europeos, entre ellos España, que aportará 55 millones en 2008 al CERN y entre 15 y 20 millones para los cuatro detectores del LHC con participación de científicos españoles.

Catastrofismos aparte, la primera pregunta que le surge a cualquier ciudadano es para qué se ha realizado esta enorme inversión. En este sentido, se trata de una instalación de ciencia básica, en la que sus responsables no buscan, por lo menos a priori, aplicaciones prácticas, sino comprender mejor cómo es el universo.

En concreto, los científicos creen que el LHC podrá dar respuesta a preguntas fundamentales que se resisten, e incluso lograr resultados inesperados. De conseguir sus objetivos, más de un premio Nobel podría salir de estas instalaciones.

El LHC podrá dar respuesta a preguntas fundamentales que se resisten e incluso lograr resultados inesperados

Por ejemplo, los expertos que trabajan en el LHC quieren descubrir qué es exactamente la masa, de la que sólo se sabe bien cómo medirla. Para ello, esperan entre otras cuestiones observar por primera vez el bosón de Higgs. Conocida como “partícula de Dios”, se tiene constancia sólo teórica de ella y su localización podría permitir dar un gran paso hacia una teoría que unifique todas las fuerzas fundamentales conocidas. Asimismo, el átomo podría por fin desvelar todas las partículas de las que está compuesto.

Por otra parte, algunos aspectos esenciales también podrían empezar a ser mejor entendidos. En este sentido, aún se desconoce la composición del 96% del universo, por qué no hay más antimateria o si hay otras dimensiones. Asimismo, el LHC podría permitir saber más detalles sobre los primeros instantes del principio del universo, cuando el Big Bang pudo dar lugar a partículas que hoy día no existen.

/imgs/2008/09/lhc505.jpgNo obstante, para los que busquen rendimiento práctico a estos experimentos, los científicos explican que es en los experimentos de ciencia básica donde comienzan a gestarse las aplicaciones que llegan a los ciudadanos, sin que esta última finalidad tercie en los mismos. Por ejemplo, aparatos básicos hoy día como el teléfono móvil, el GPS o el horno microondas no hubieran sido posibles si dos siglos antes Faraday no hubiera realizado experimentos básicos para conocer el comportamiento de los imanes y las corrientes eléctricas.

Además, aceleradores como el LHC han dado lugar posteriormente a aplicaciones y desarrollos en campos tan diversos como la medicina, el medio ambiente o la informática. Por ejemplo, han permitido mejorar el tratamiento de enfermedades como el cáncer y podrían servir para reducir el peligro en las centrales nucleares y los efectos contaminantes de sus residuos.

Asimismo, cabe recordar que fue en el CERN donde se creó la Web, concebida en un principio para el intercambio interno de información científica. Ahora, en el LHC se trabaja con un sistema de computación distribuida (GRID) que podría ser otra revolución para los próximos años.

Y como algunos científicos añaden, no se puede desdeñar la posibilidad de que el LHC dé lugar a descubrimientos y aplicaciones insospechadas hoy día.