Si el pescado se muda por el cambio climático, ¿quién pone las reglas para su pesca?

Cuando cambia la distribución de un recurso, los acuerdos sobre quién y cómo puede pescarlo pueden quedarse desfasados, amenazar su supervivencia y generar conflictos
Por Marine Stewardship Council (MSC) 27 de octubre de 2026
banco peces
Imagen: iStock
Los peces no necesitan pasaporte, y migran según las condiciones del hábitat en el que viven. Pero sus movimientos pueden provocar conflictos entre países. El cambio climático, consecuencia del calentamiento global, desplaza las poblaciones pesqueras y obliga a los países a adoptar medidas y acuerdos al respecto. Las organizaciones regionales de pesca (ORP) son una herramienta de gobernanza para que las pesquerías puedan afrontar este desafío y conservar los recursos que llegan a nuestra mesa, como contamos a continuación.

Un mar más cálido, un mapa diferente

El cambio climático está acelerando la transformación de hábitats marinos debido, por ejemplo, a la subida de la temperatura del agua, lo que altera la distribución de especies de las que dependen nuestra alimentación y la economía de muchas comunidades costeras.

No hablamos solo de previsiones, sino de realidades hoy en día. Por ejemplo, las evaluaciones científicas recopiladas por OSPAR, el Convenio para proteger el Atlántico nororiental, documentan movimientos asociados al calentamiento:

  • el bacalao se ha desplazado hacia el norte en el mar del Norte y ha ampliado su distribución septentrional en el mar de Barents.
  • la anchoa también ha extendido su presencia en el mar del Norte.

Los movimientos no responden únicamente a la temperatura. También influyen el alimento disponible, el tamaño de las poblaciones, la competencia con nuevas especies, etc.

Pero tienen una consecuencia común: cuando cambia la distribución de un recurso, los acuerdos sobre quién puede pescarlo pueden quedarse desfasados, y los conflictos que se derivan podrían poner en peligro su supervivencia.

consecuencias del cambio climático y de hábitat de peces
Imagen: LUNAMARINA / iStock

¿Qué es una organización regional de pesca?

En esta situación, una organización regional de pesca es clave. Podemos imaginarla como una mesa de negociación alrededor de una zona de pesca. Las organizaciones regionales de ordenación pesquera, conocidas como ORP u OROP, reúnen a países costeros y a otros cuyas flotas capturan los mismos recursos en una zona. Algunas gestionan atunes; otras, diferentes especies en una zona determinada.

A partir del asesoramiento científico, pueden acordar límites de capturas, vedas, medidas para reducir impactos y sistemas de control. Sus decisiones pueden ser obligatorias dentro de sus competencias. Así, la gestión no depende tan solo de lo que decida cada país por separado, por lo que este mecanismo favorece la salud de los océanos.

Pero ¿cómo compartir peces que se desplazan?

¿Cómo funciona? Un ejemplo: la caballa del Atlántico nororiental. En las últimas décadas, los científicos han demostrado su expansión hacia aguas septentrionales y occidentales. Este desplazamiento está relacionado con las condiciones ambientales. Y como se trata de una especie de interés de las flotas pesqueras de varios países, contribuyó a disputas sobre el reparto de capturas.

Su gestión combina negociaciones entre los Estados costeros con flotas pesqueras en la zona y medidas de la organización regional de pesca NEAFC para aguas internacionales. El reto es grande y conlleva mucha cooperación y coordinación para actualizar los datos, adaptar los acuerdos y respetar los límites científicos. No sirve renegociar lo que pesca cada país, si la suma de las cuotas supera lo que la población en el mar puede soportar. Tener instituciones ayuda, pero no garantiza que los países alcancen acuerdos suficientes. Por ello el rol de las OROP es crucial.

barco pesca sostenible
Imagen: MSC / Jay Fleming

¿Qué ocurre donde falta este mecanismo?

El Atlántico sur carece de una ORP para la gestión de algunas de las especies pesqueras muy abundantes en sus ricas aguas. Los atunes sí cuentan con ICCAT, una organización que abarca todo el Atlántico. El vacío afecta especialmente a pesquerías no atuneras de alta mar del Atlántico sudoccidental, como el calamar.

Sin esa coordinación resulta más difícil compartir información y establecer límites comunes entre flotas. Esto no convierte automáticamente las capturas en ilegales, pero deja una importante carencia de gestión conjunta, así que puede ocurrir que la pesca no sea sostenible por una falta de una gobernanza clara.

A la hora de comprar, busca también una buena gestión

Como consumidores, podemos apoyar pesquerías evaluadas con criterios de sostenibilidad. Al elegir pescado con el Sello Azul de MSC, optamos por productos procedentes de una pesquería certificada por una entidad independiente, no por Marine Stewardship Council (MSC). La evaluación incluye la salud de las poblaciones, el impacto ambiental y la eficacia de la gestión.

Este último criterio exige cooperación efectiva cuando los recursos se comparten entre países: no basta con que cada uno establezca sus propias reglas sin coordinación. Buscar el sello es una forma concreta de respaldar pesquerías cuya gobernanza también se ha sometido a una evaluación externa.

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