El calor dispara la actividad de las avispas y alarga la temporada de picaduras

El aumento de las temperaturas y los inviernos más suaves prolongan el periodo de actividad de estos insectos, lo que incrementa las posibilidades de sufrir una picadura
Por Sonia Recio 12 de agosto de 2026
cambio climático y avispas
Las avispas, como otros himenópteros (las abejas y las hormigas lo son), dependen en gran medida de las condiciones meteorológicas para desarrollar su ciclo biológico. Su actividad se concentra tradicionalmente entre mayo y septiembre, con un pico claro en julio y agosto. Sin embargo, el aumento de los episodios de calor y la disminución de los periodos de frío intenso está alterando este patrón más allá del otoño. Esta extensión de la temporada incrementa las semanas de exposición a las picaduras, especialmente en entornos urbanos y periurbanos, donde las avispas pueden instalar sus nidos en aleros, persianas, jardines o rincones poco transitados. En la mayoría de los casos, sus picaduras solo provocan una reacción local. Pero hay que estar atentos.

Por qué el calor alarga la temporada de avispas

Las avispas son insectos ectotermos, su actividad depende de la temperatura ambiental. Cuando el invierno es frío, las colonias desaparecen al final del otoño y solo sobreviven las reinas fecundadas, que permanecen en diapausa —un estado de inactividad metabólica— hasta la primavera. Sin embargo, cuando los inviernos son más suaves y las temperaturas cálidas se prolongan durante el otoño, ese ciclo natural se modifica:

  • Las reinas pueden abandonar antes la diapausa y comenzar la construcción de nuevos nidos con semanas de antelación.
  • Además, las colonias mantienen su actividad durante más tiempo: mientras las temperaturas sean favorables, las obreras continúan buscando alimento y sosteniendo el funcionamiento del nido.
  • Las temperaturas elevadas también aceleran el desarrollo de las larvas. Diversos estudios muestran que el calor incrementa la velocidad de crecimiento de la colonia, siempre que no se alcancen niveles extremos que provoquen estrés térmico.

Esto se traduce en un mayor número de obreras y, por tanto, contribuye a una mayor presencia de avispas durante el verano y el inicio del otoño. 

más riesgo de picaduras de avispas
Imagen: Skyler Ewing

Más meses con avispas, más riesgo de picaduras

El aumento del riesgo de picaduras no se debe necesariamente a que haya más avispas, sino a que permanecen activas durante más tiempo. “El cambio climático está alargando la temporada y el riesgo de picaduras en España”, explica el doctor David González de Olano, especialista en Alergología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). “Por el cambio climático, convivimos con las avispas durante mucho más tiempo”, añade.

Este cambio no implica que las avispas sean más agresivas ni que su veneno haya variado. Lo que se amplía es la ventana de exposición. Así que cuanto más tiempo se mantienen activos los nidos y más prolongada es la presencia de estos insectos, mayores son las probabilidades de que se produzcan encuentros fortuitos y, en consecuencia, picaduras. La ecuación es simple: más semanas de actividad, más oportunidades de contacto y, en consecuencia, ¿de alergias?

Reacción local vs. reacción sistémica: cuándo sospechar de alergia por picadura de avispa

La SEAIC recuerda que una reacción localizada alrededor del punto de la picadura —dolor, enrojecimiento e inflamación en la zona— es habitual y no debe interpretarse como alergia. Su apariencia puede variar según la persona. En algunos casos la inflamación apenas alcanza uno o dos centímetros, mientras en otros puede llegar a cinco, sin que ello implique un problema inmunológico.

La señal de alerta aparece cuando, tras una única picadura, surgen síntomas alejados del lugar de la lesión. Náuseas, vómitos, mareo, fatiga, urticaria generalizada, dificultad para respirar, opresión en el pecho o manifestaciones en otras partes del organismo pueden indicar una reacción sistémica. “Estas segundas reacciones, las reacciones generalizadas, son las que nos preocupan y son en las que hay que sospechar alergia y en las que hay que derivar o acudir siempre a un alergólogo para estudiarlas”, advierte el especialista.

La expansión de la avispa asiática añade un nuevo riesgo

Al alargamiento de la temporada de actividad de las avispas se suma otro factor que preocupa a los especialistas: la expansión de la especie asiática (Vespa velutina), una especie invasora detectada inicialmente en Galicia y la cornisa cantábrica. En los últimos años ha extendido su presencia a otras zonas de la Península, donde los avistamientos y la localización de nidos resultan cada vez más frecuentes.

“La avispa velutina es agresiva y, si se siente amenazada, va a picar”, comenta González de Olano. Las picaduras múltiples pueden provocar cuadros especialmente graves, y no solo en personas alérgicas, debido a la elevada cantidad de veneno que puede inocularse en un solo episodio. 

La llegada de la avispa asiática también complica el diagnóstico de las reacciones alérgicas. Hasta hace pocos años, los alergólogos trabajaban principalmente con dos grandes grupos de avispas de interés clínico en España: las Vespula y las Polistes. “Salvo que el paciente sepa identificar el insecto que le ha picado, el diagnóstico resulta más difícil”, señala el experto de la SEAIC. Y es un dato clave: de esa identificación dependen tanto las pruebas diagnósticas como la inmunoterapia más adecuada para cada paciente.

La inmunoterapia: un tratamiento que cambia el curso de la alergia

Para las personas alérgicas al veneno de abejas o avispas, la inmunoterapia puede suponer un punto de inflexión. El tratamiento consiste en administrar, de forma controlada, dosis progresivamente crecientes del veneno responsable para que el sistema inmunitario desarrolle tolerancia. Así, si se produce una nueva picadura, una reacción que antes podía afectar a todo el organismo puede quedar reducida a una respuesta local.

La inmunoterapia está indicada en pacientes que han sufrido una reacción alérgica generalizada y cuyo estudio confirma la sensibilización al veneno de un himenóptero. La pauta suele prolongarse durante cinco años y la protección no desaparece al finalizar el tratamiento: la tolerancia adquirida se mantiene durante años y reduce de forma muy significativa el riesgo de sufrir nuevas reacciones graves.

“A diferencia de los medicamentos que alivian los síntomas tras una picadura, la inmunoterapia actúa sobre la causa de la enfermedad. Es el único tratamiento capaz de modificar su evolución”, asegura González de Olano. En los casos más graves, añade, “es un tratamiento que salva vidas”, ya que algunas reacciones al veneno pueden llegar a ser mortales.

Cómo evitar una picadura de avispa y qué hacer si ocurre

avispas y cambio climático
Imagen: Skyler Ewing

Para reducir el riesgo de picadura de avispa:

🔸 No manipules un nido

Si ves un nido o detectas muchas avispas entrando y saliendo del mismo sitio, no te acerques ni trates de retirarlo. Lo más seguro es avisar a profesionales.

🔸 Aléjate del lugar con calma

No corras ni agites los brazos, ya que las avispas pueden sentirse amenazadas. Lo normal es que dejen de seguirte cuando te alejes. 

🔸 No las espantes con manotazos

Si una avispa se posa sobre ti, evita golpearla o intentar apartarla de forma brusca. Mantén la calma y espera a que se marche o retírala con movimientos lentos y suaves.

🔸 Protege las zonas más sensibles

Al alejarte, protégete la cabeza, nuca y cuello con las manos o con alguna prenda de ropa. Son zonas especialmente sensibles y conviene evitar que reciban picaduras.

Si la avispa ya te ha picado:

🔸 Lava la zona y aplica frío

Limpia la picadura con agua y jabón. Y coloca durante unos minutos una bolsa de hielo o una compresa fría, siempre envuelta en un paño, para aliviar el dolor y reducir la inflamación.

🔸 Evita rascarte

Aunque la picadura pique, no frotes ni rasques la zona, ya que la irritación puede empeorar y aumentar el riesgo de infección. Si el dolor es intenso, consulta con un profesional sanitario o tu farmacéutico sobre el tratamiento más adecuado.

🔸 Presta atención a los síntomas 

Dificultad para respirar, mareo, náuseas, urticaria en otras partes del cuerpo, hinchazón de la cara o sensación de opresión en el pecho requieren atención médica urgente, ya que pueden indicar una reacción alérgica grave.

🔸 Consulta a un alergólogo tras una reacción sistémica

Aunque los síntomas desaparezcan, es importante realizar un estudio para confirmar la alergia y valorar el tratamiento que se debe seguir.

Sigue a Consumer en Instagram, X, Threads, Facebook, Linkedin, Whatsapp, Telegram o Youtube