El cambio climático afecta directamente al paisaje y a los ecosistemas de los Pirineos. Los glaciares prácticamente están desapareciendo: han perdido más del 94 % de su superficie desde el siglo XIX, y la nieve dura menos tiempo en las montañas. Además, las olas de calor son más frecuentes, los lagos de alta montaña se calientan y permanecen menos tiempo congelados, lo que altera el equilibrio de los ecosistemas acuáticos y puede provocar episodios de falta de oxígeno en el agua.
Calor, hollín de incendios y polvo sahariano en las montañas
Un estudio, liderado por el Servei Meteorològic de Catalunya (METEOCAT) en colaboración con diferentes entidades, analiza los Pirineos desde una visión transfronteriza y confirma que la temperatura del aire sigue aumentando a medida que pasan los años.
El documento, vinculado al proyecto LIFE Pyrenees4Clima, constata que, en los últimos 75 años, la temperatura media anual ha subido 1,9 ºC (llegando a 2,7 ºC en verano) en la región pirenaica. Esto implica que, en total, hay 20 días menos de helada y 32 días más de verano que a mediados del siglo pasado.
Además, se ha detectado un aumento de aerosoles en la atmósfera. El hollín proveniente de megaincendios forestales (como los de Castilla y León, Galicia o incluso Canadá) alcanzó picos de más de 5.000 ng/m³ en 2025. Por otro lado, el polvo sahariano es especialmente perjudicial para la nieve, ya que altera su capacidad de reflejar el calor (albedo), acelerando el deshielo.

El impacto en la fauna de los Pirineos
La fauna pirenaica también está dando señales claras de estrés climático. Muchas especies de montaña, adaptadas al frío, se ven obligadas a subir cada vez más en altitud buscando temperaturas adecuadas, pero llega un momento en que ya no tienen más espacio hacia donde desplazarse.
El cambio climático modifica los ciclos de reproducción, migración y alimentación de aves, anfibios y mamíferos, y favorece la expansión de especies invasoras y enfermedades. El Observatorio Pirenaico del Cambio Climático destaca algunos ejemplos de especies vulnerables:
🔸 Aves
Las aves son uno de los indicadores más claros, ya que el calentamiento altera los ciclos reproductivos y la disponibilidad de alimento. Algunas especies de alta montaña, como el bisbita alpino (Anthus spinoletta) o el cuco (Cuculus canorus), ven reducido su hábitat porque el calor las obliga a subir cada vez más en altitud.
🔸 Insectos
También cambian los insectos y polinizadores. Algunas mariposas y otros invertebrados están desplazándose hacia zonas más elevadas, mientras que especies invasoras o mejor adaptadas al calor ganan terreno.
El impacto en la flora pirenaica
Los abetales pirenaicos constituyen un pilar de la economía local y de la gestión de los recursos naturales. Proporcionan madera de calidad utilizada en construcción y mobiliario, desempeñan un papel clave en la limitación de la erosión y los deslizamientos de tierra en zonas de montaña, y contribuyen a la regulación del clima local. Además, albergan especies vegetales y animales endémicas y han moldeado los paisajes de los Pirineos durante siglos.
Sin embargo, los expertos señalan que casi la cuarta parte de los abetos (23 %) estudiados ha muerto recientemente en algunas zonas del Pirineo aragonés. Los estudios presentados durante los Encuentros de Sanidad Forestal en los Pirineos señalan una combinación de causas.
Entre ellas, la incidencia de plagas de insectos, enfermedades fúngicas, la presencia de parásitos como el muérdago y, de forma significativa, el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de sequía. Estos factores, en conjunto, incrementan el estrés de los árboles y reducen su capacidad de adaptación. En este contexto, el abeto (Abies alba), situado en un límite climático especialmente sensible en Aragón, es particularmente vulnerable al aumento de las sequías y de las olas de calor.


