¿Qué es la «bancarrota global de agua»?
La “bancarrota global del agua” es un concepto que aparece en un informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de Naciones Unidas (UNU-INWEH), el principal grupo de expertos en agua de la ONU. Se refiere a una situación límite que ya afecta a numerosos sistemas hídricos del planeta. En pocas palabras, significa que consumimos y contaminamos más agua de la que la naturaleza puede reponer de forma segura.
De acuerdo con el informe, el problema va mucho más allá de la escasez temporal: hablamos de un deterioro profundo y, en muchos casos, irreversible. En numerosos lugares, los acuíferos subterráneos, los caudales de los ríos y los humedales han perdido tanta capacidad que ya no es realista esperar que vuelvan a los niveles del pasado. Por eso, a diferencia de una simple “crisis del agua” o “estrés hídrico”, que sugieren episodios temporales, la “bancarrota global del agua” apunta a algo mucho más grave.

¿Por qué estamos en «bancarrota global de agua»?
El agua es un engranaje clave de la economía global. Los grandes sistemas hídricos del planeta no funcionan de manera aislada: están conectados a través del comercio internacional de alimentos y materias primas, los flujos migratorios, el clima y la estabilidad política.
Cuando una zona agrícola importante sufre falta de agua, no solo se vacían embalses y acuíferos: también suben los precios de los productos, se alteran las cadenas de suministro, aumentan los desplazamientos de población y se intensifican tensiones sociales y conflictos en otros países.
A esto se suma el cambio climático, que actúa como un multiplicador del problema. Altera los patrones de lluvia, hace más frecuentes e intensas las sequías y las inundaciones y pone bajo presión incluso a cuencas que hasta hace poco se consideraban “seguras”. El resultado es un sistema hídrico mundial cada vez más frágil.
Un problema que afecta a todo el planeta
El informe de la ONU destaca que no todas las cuencas del planeta están en bancarrota hídrica, pero sí un número suficiente y estratégico como para poner en riesgo el equilibrio del sistema global. Los datos son preocupantes:
- La mitad de los grandes lagos del mundo —de los que depende directamente una de cada cuatro personas— ha perdido volumen desde principios de la década de 1990.
- Aproximadamente el 50 % del agua doméstica procede de aguas subterráneas.
- Más del 40 % del agua de riego se extrae de acuíferos que se están agotando.
- El 70 % de los grandes acuíferos muestra un declive sostenido a largo plazo.
- 410 millones de hectáreas de humedales naturales (una superficie casi equivalente a toda la Unión Europea) han desaparecido en los últimos cincuenta años.
- Más del 30 % de la masa glaciar se ha perdido en varias regiones desde 1970, y muchas cordilleras de latitudes medias y bajas podrían quedarse sin glaciares funcionales en las próximas décadas.
- Decenas de grandes ríos ya no llegan al mar durante parte del año.
- Numerosas cuencas y acuíferos llevan más de medio siglo extrayendo más agua de la que reciben.
- 170 millones de hectáreas de regadío están sometidas a un estrés hídrico alto o muy alto, una superficie equivalente a la de Francia, España, Alemania e Italia juntas.
- Unos 100 millones de hectáreas de tierras agrícolas están degradadas únicamente por salinización asociada al riego.
- La desaparición de humedales ha supuesto la pérdida de 5,1 billones de dólares anuales en servicios ecosistémicos, como regulación de inundaciones, depuración natural o protección de costas.

Impacto humano de la bancarrota hídrica
La “bancarrota global del agua” no es solo un problema ambiental: afecta de manera directa y a la vida de miles de millones de personas. Estas son algunas de las consecuencias que se recogen en el informe de la Organización de Naciones Unidas:
- El 75 % de la humanidad vive en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
- 2.000 millones de personas habitan en terrenos que se están hundiendo por la sobreexplotación de los acuíferos.
- En algunas grandes ciudades, el suelo desciende hasta 25 centímetros al año, dañando edificios, carreteras y redes de agua.
- 4.000 millones de personas sufren escasez hídrica severa al menos un mes cada año.
- 3.000 millones de personas viven en regiones donde el almacenamiento total de agua está disminuyendo o es inestable, zonas en las que se produce más de la mitad de los alimentos del mundo.
- 1.800 millones de personas han sufrido episodios de sequía entre 2022 y 2023.
- 2.200 millones de personas carecen de acceso seguro y regular a agua potable.
Estrategias para evitar el colapso hídrico
El informe de la ONU lanza un mensaje claro: no podremos garantizar agua para el futuro si seguimos destruyendo los sistemas naturales que la producen. Mejorar tuberías, presas o depuradoras sirve de poco si, al mismo tiempo, se degradan ríos, acuíferos, humedales y el clima que los sostiene. La buena noticia: según los expertos, aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo.
Lo primero es entender que el agua nos conecta a todos; no entiende de fronteras ni de ideologías. Precisamente por eso puede convertirse en un espacio común para reconstruir confianza y reducir tensiones, tanto entre países como dentro de ellos. En un mundo cada vez más polarizado, el agua puede ser un punto de encuentro.
El informe también sostiene que invertir en agua es invertir en resiliencia. Recuperar ríos, acuíferos y humedales no solo garantiza suministro, ayuda a frenar el cambio climático, proteger la biodiversidad y contener la desertificación. El agua deja así de ser un sector “afectado” por otras crisis para convertirse en una pieza fundamental de su solución.
Por último, Naciones Unidas advierte que un nuevo impulso global en torno al agua podría desbloquear negociaciones internacionales estancadas y reactivar procesos paralizados. Un enfoque práctico, basado en cooperación y gestión compartida, permitiría conectar las necesidades urgentes de las comunidades con los grandes objetivos ambientales y de desarrollo del planeta.


