Síndrome de Ulises

Un nuevo trastorno mental que afecta a los inmigrantes ilegales
Por Benyi Arregocés Carrere 26 de noviembre de 2003

Debido a las desigualdades del mundo en que vivimos cada vez más personas intentan entrar por todos los medios en los países más ricos en busca de un futuro mejor. España, por su cercanía con África, es testigo de cómo miles de personas se lanzan al mar en pateras para alcanzar sus costas. Joseba Achótegui, psiquiatra y profesor titular de la Universidad de Barcelona, ha descubierto un trastorno común a los inmigrantes ilegales: El síndrome de Ulises.

Una nueva patología

El síndrome de Ulises es un problema del siglo XXI. A grandes rasgos, sus potenciales afectados son todos los inmigrantes ilegales o los que corren el riesgo de pasar a serlo. Según diversas estimaciones, alrededor del 2% de la población se encuentra en este estado en España, es decir, casi un millón de personas.

El descubridor de esta enfermedad, Joseba Achótegi, psiquiatra y profesor titular de la Universidad de Barcelona, le da un sentido restringido al síndrome de Ulises porque para él sólo están afectados los casos más extremos, no todos los inmigrantes. El experto, que se ha reunido en el Parlamento Europeo con profesionales de otros siete países para debatir este problema, ha recibido luz verde de la cámara de representantes europea para dirigir un proyecto que establezca protocolos, ayude a los médicos a diagnosticar y marque las líneas de investigación de esta nueva enfermedad.

Una nueva patología

Para conocer bien esta patología, debemos situarnos, según Achótegi, en la vida de cualquier extranjero que llega a un país que no es el suyo sin la regulación pertinente.

Los expertos aseguran que se pueden distinguir dos tipos de inmigrantes ilegales:

  • Los que entran de forma clandestina en un estado, sobre todo a través de redes de tráfico de personas. A cambio de realizar el “viaje deseado” deben pagar una importante cantidad de dinero. La mayoría no está en posesión de todo el dinero en el momento mismo de emprender el viaje, por eso, una vez en el país elegido, se ven obligados a desembolsar lo que costó el viaje más intereses. El fenómeno de las pateras que llegan desde África al estrecho de Gibraltar y a las Islas Canarias ha subido un 23% desde 2002, según datos de la Cruz Roja.
  • La otra clase de inmigrantes ilegales la componen los que viven legalmente en un país, pero que se convierten en ilegales al permanecer en él cuando se les acaba el permiso de residencia o el visado. Con frecuencia no pueden renovar este permiso porque carecen de un contrato de trabajo en regla o porque el que tenían se les acabó.

Síntomas

Los síntomas que padecen los afectados por el Síndrome de Ulises son peculiares. Por un lado, no es un trastorno depresivo estándar, “porque aunque sienten mucha tristeza, más que estar deprimidos, se encuentran apesadumbrados”, indica Achótegui. Y la apatía clásica de la depresión, en este caso, se transforma en ganas de luchar. Tampoco les rondan por sus cabezas ideas de muerte, al contrario, tienen ganas de vivir.

Presentan frecuentemente síntomas de ansiedad: “nerviosismo, tensión, viven obsesionados con sus preocupaciones”, detalla Achótegui. Esto les causa insomnio. Además, se encuentran solos porque no tienen ninguna red de apoyo social, con lo que están muy asustados. “Piensan que nadie les va a ayudar y no tienen ninguna confianza en las instituciones porque no tienen papeles”, añade.

La reacción más común es la constante desorientación en la que se encuentran los imnigrantes

. Tienden a interpretar lo que les sucede desde su cultura, lo que provoca que muchas veces “atribuyan todo lo negativo que les sucede al mal de ojo o a las supersticiones”, dice Achótegui. En los niños, este trastorno les hace mostrarse más agresivos.

Soluciones

El Síndrome de Ulises es una patología del nuevo siglo, igual que el acoso laboral o el sentirse “quemado” en el trabajo, según su descubridor, que ha advertido que estas personas sienten que no pueden mejorar su situación, lo que les causa sentimientos de impotencia y frustración. Por si fuera poco, además de todos estos padecimientos, el inmigrante debe hacer frente a las consecuencias que tiene el traslado de un país a otro: cambios de idioma, de costumbres, de cultura, de paisaje, etc.

Ante este nuevo trastorno, Achótegui opina que la globalización es la causa de este problema y propugna una solución que implique a todos los que puedan aportar algo. “Es un problema social, nosotros planteamos que haya un debate social, con las personas que quieran debatir el tema, formarse y contribuir”.

El consejo más adecuado para quienes padezcan este síndrome es que se dirijan a un profesional, ya sean médicos, servicios sociales u ONG

El consejo más adecuado para quienes padezcan este síndrome es que se dirijan a un profesional, ya sean médicos, servicios sociales u ONG

. “Tenemos unos protocolos y una serie de planteamientos dirigidos a ayudar a estas personas”, indica el profesor. “Es importante no desmoralizarles. Les entrevistamos y les ayudamos a que clarifiquen su situación, porque a veces cometen más errores que empeoran sus condiciones de vida”, añade.

Además de asesorarles, en ocasiones es necesario prescribirles fármacos. Pero cuenta este experto que estos inmigrantes son personas fuertes y capaces. “Hay que ser así para animarse a emprender estas odiseas. Y cuando reciben ayuda, lo notan mucho y lo agradecen”, explica.