Niños con responsabilidades de adultos

La cifra de afectados por el sida aumenta en países como Burundi, donde muchos menores huérfanos trabajan para mantener a sus familias
Por Azucena García 7 de marzo de 2008
Img ninosburundi

Imagen: Francesca Ansaloni

Hablar de Burundi es hablar de crisis. Sequías e inundaciones han conseguido, a partes iguales, sumir aún más en la pobreza a demasiadas familias. La desnutrición se ha hecho crónica para un 53% de los menores de cinco años -un total de 836.000 son huérfanos- y la tasa de mortalidad infantil está entre las más altas del mundo. Enfermedades como el paludismo, la diarrea o el VIH/sida se ceban con los más débiles. Los datos oficiales revelan que 27.000 niños y niñas menores de 15 años son víctimas de esta pandemia.

Sin embargo, hay otras cifras relacionadas con el sida para las que no existen estadísticas: «Hay un número alarmante de niños y niñas que tienen que hacerse cargo de toda la familia porque alguno de sus padres, o los dos, están enfermos», alerta Cristina González, responsable de los programas de sida de Unicef en Burundi. Algunos menores apenas tienen 6 años cuando adquieren tal responsabilidad y, pese a ello, muchas veces tienen que sacar también adelante a sus hermanos. Cuando esto sucede, lo habitual es que los menores abandonen la escuela. Su única salida es buscar un empleo para mantener a la familia. Si ésta posee una tierra, se dedican a trabajarla. Si no, se organizan para conseguir ingresos de otra manera. La situación es tan crítica que llegan a salir a la calle a mendigar. «Es una realidad muy dura», subraya Cristina.

Menores de 6 años abandonan la escuela para trabajar la tierra familiar

La situación se complica cuando los niños también enferman. Unicef alerta de que la vacunación frente a enfermedades letales ha caído en los últimos años y los medicamentos, a menudo, no llegan a los pequeños. «Es muy difícil poder tener tratamientos pediátricos específicos», constata Cristina González. El precio de los tratamientos infantiles supera al coste de los tratamientos para adultos. Además, escasean los centros sanitarios -algunos menores ni siquiera están registrados y no pueden acceder al servicio de salud- y, al no tener una buena alimentación, los pequeños no siempre soportan las medicinas -demasiado fuertes para su organismo debilitado-.

Prioridades

El proyecto de Unicef en Burundi se centra en evitar la transmisión vertical. Para ello, se ofrece a las mujeres embarazadas la posibilidad de someterse a una prueba de detección temprana, con tratamientos específicos para quienes arrojan un resultado positivo, y se imparte formación en ginecología y pediatría para una buena atención, seguimiento y asistencia en el parto. Por su parte, los menores enfermos reciben tratamiento integral pediátrico, mientras que los adolescentes, un grupo considerado «muy vulnerable», es otro foco de atención primaria.

A veces, el propio personal médico fallece a causa del sida

Quienes conocen África aseguran que este continente tiene algo peculiar. «Es realmente diferente», subraya Cristina. No sólo es importante mantener con vida a las personas enfermas, sino al propio personal médico que les atiende y que, a veces, fallece también a causa del sida. Según datos de Intermón Oxfam, Burundi es uno de los cinco países más pobres del mundo. Los enfrentamientos entre hutus y tutsis provocaron la huida de miles de personas a países limítrofes. Muchas aún no han regresado y las que lo han hecho han tenido que empezar de cero en la mayoría de los casos. «Vuelven a sus comunidades a buscar sus casas, pero muchas han sido quemadas, arrasadas», relata Cristina.

Falsas creencias

La propagación del sida encuentra en África un aliado, a veces, difícil de combatir: las falsas creencias que giran alrededor de esta enfermedad. Las principales víctimas de estos “mitos populares” son, especialmente, las mujeres jóvenes. En algunas zonas, se cree que mantener relaciones sexuales con niñas y mujeres vírgenes previene el contagio o, incluso, cura la enfermedad.

La creencia popular identifica a las personas enfermas con aquellas que carecen de fuerza para labrar el campo

En el caso de Burundi, la creencia más extendida identifica a las personas enfermas con aquellas que carecen de fuerza para labrar el campo. “Sin realizar pruebas médicas, se señala como infectados a quienes, por alguna razón, no pueden trabajar la tierra. Son falsas creencias que tenemos que pelear cada día”, destaca Cristina González.

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