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Cómo calcular la cantidad de luz apropiada para una habitación

La buena iluminación de una habitación supone una cantidad de luz óptima, sin escasez ni excesos que generen fatiga visual y afecten el medio ambiente y el bolsillo

Imagen: JAGwired

A menudo cuando se habla de buena iluminación se tiende a creer que a mayor cantidad de luz, mejores son los resultados. Pero no es así: el exceso puede ser tan malo para la visión como la escasez, además de aumentar el consumo de energía. Este artículo explica la importancia de que los espacios estén bien iluminados, y detalla la cantidad de luz recomendada para las estancias de la casa y los factores a considerar en la elección de las bombillas.

Espacios bien iluminados

Para mejorar la confortabilidad de las distintas estancias de una casa, todas ellas deben estar bien iluminadas. Y es importante saber que "bien iluminadas" significa que cada espacio debe tener la iluminación adecuada: ni más ni menos que la necesaria. Si la cantidad de luz es insuficiente, los ojos se ven obligados a trabajar en exceso, y esto deriva en fatiga visual, la cual a su vez ocasiona síntomas como jaquecas, irritación y escozor ocular, pesadez en los párpados, etc.

La fatiga visual se puede generar tanto por una falta como por un exceso en la cantidad de luz

Por su parte, un exceso en la iluminación artificial de una estancia deriva en el deslumbramiento, es decir, la sensación de molestia que se produce cuando la luz de un objeto es mucho mayor que la de su entorno. El deslumbramiento puede ser de dos clases: perturbador, cuando una fuente de luz demasiado intensa provoca visión poco clara, sin contrastes (como cuando en un lugar oscuro una linterna o una lámpara enfoca directamente a los ojos), o molesto, que se produce cuando los ojos reciben un exceso de luz (el efecto no es tan marcado como en el primer caso, pero con el correr de los minutos aparece la fatiga visual).

Y esto por no hablar, por supuesto, del gasto extra que supone tener más iluminación que la adecuada, gasto que repercute de forma negativa en el medio ambiente (ya que la producción de energía eléctrica se basa en gran parte en la quema de combustibles fósiles, la cual emite gases que provocan el efecto invernadero) y en los bolsillos, sobre todo en tiempos de subidas en las facturas de electricidad.

Por tales motivos, es fundamental que cada estancia posea la cantidad de luz apropiada. ¿Cuál es esa cantidad? Depende de varios factores, que se detallan a continuación.

Iluminación recomendada para las estancias de la casa

El nivel de iluminación se mide en una unidad llamada lux, cuyo símbolo es lx. Esta unidad se deriva de otra, llamada lumen, que mide el flujo luminoso. Una cantidad de iluminación de 1 lux equivale a 1 lumen por metro cuadrado. Es decir, si una sala está iluminada por una bombilla de 1.000 lumen, y la superficie de la sala es de 10 metros cuadrados, el nivel de iluminación será de 100 lx.

No es posible convertir la potencia de una bombilla (medida en vatios) directamente en flujo de luz (medido en lúmenes) ya que intervienen también otros factores

A partir de esa unidad, existen cifras recomendadas para el nivel de iluminación en el ámbito hogareño, en función de las necesidades de cada espacio de la casa:

  • Cocina: la recomendación para la iluminación general está entre los 200 y 300 lx, aunque para el área específica de trabajo (donde se cortan y preparan los alimentos) se eleva hasta los 500 lx.

  • Dormitorios: en los de los adultos, se aconsejan niveles no muy altos para la iluminación general, entre 50 y 150 lx. Pero en las cabeceras de las camas, sobre todo para leer allí, se recomiendan luces focalizadas con hasta 500 lx. En los cuartos de los niños se recomienda un poco más de iluminación general (150 lx) y unos 300 lx si hay una zona de actividades y juegos.

  • Salón: la iluminación general puede variar entre unos 100 y 300 lx, aunque para ver la televisión se recomienda que baje a unos 50 lx y para leer, al igual que en el dormitorio, una iluminación focalizada de 500 lx.

  • Baño: no hace falta demasiada iluminación, unos 100 lx son suficientes, excepto en la zona del espejo, para afeitarse, maquillarse o peinarse: allí se recomiendan también unos 500 lx.

  • Escaleras, pasillos y otras zonas de paso o poco uso: lo idóneo es una iluminación general de 100 lx.

Factores a considerar para la elección de las bombillas

Hay que tener en cuenta que los valores con los que se comercializan las bombillas en el mercado no miden el flujo luminoso (en lúmenes) sino su potencia (en vatios o watts). Y no existe una manera de convertir de forma directa un valor en otro, ya que el flujo luminoso no depende solo de la potencia sino también de varios otros factores, a saber:

  • El tipo de bombillas: si son halógenas, fluorescentes, incandescentes, etc.

  • La temperatura de color de las bombillas: el tipo de luz que generan puede ser más frío o más cálido.

  • El sistema de alumbrado: puede ser directo, si las bombillas apuntan hacia el lugar que deben iluminar, indirecto, si están dirigidas a paredes y techos y la iluminación se produce a partir de su reflejo, o difuso, si hay una mezcla de los dos sistemas anteriores. La luz directa es la que aprovecha mejor la capacidad de las lámparas y, por lo tanto, permite ahorrar energía, aunque también puede resultar la más molesta para los ojos y producir mayor fatiga visual. Cuanto más indirecta sea, el efecto se invierte: requiere un mayor consumo de energía, pero el cansancio visual que ocasiona es menor.

  • El método de alumbrado: depende de la ubicación de las fuentes de luz. El alumbrado es general cuando pretende abarcar toda la estancia, y localizado cuando se concentra en un punto para tareas específicas, como leer o cocinar.

En cualquier caso, lo importante es conocer el flujo luminoso de una bombilla y elegir la más apropiada según el tamaño de la estancia y el sistema y el método de alumbrado dispuestos en ella. Esto permite un máximo rendimiento del sistema de iluminación y, por ende, de la energía, sin consumos excesivos ni derroches.


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