Saltar el menú de navegación e ir al contenido
Con la ayuda de trampas, un gato o roedenticidas desparecerán estos incómodos visitantes
Los topos son algunos de los animales asiduos a los jardines, unos simpáticos animalillos que benefician tanto como perjudican y que se convierten, en ocasiones, en verdaderas pesadillas para sus anfitriones.
Los efectos negativos de la presencia de un topo en un jardín son sobradamente conocidos, ya que suelen dejar en el césped su impronta personal, realizando pequeños montoncillos de tierra que quedan a la vista. No hay que confundir los topos con los topillos, que son roedores que, además de a lo anterior, se dedican a acabar con los bulbos que se plantan en cualquier jardín. Pero, por otro lado, estos animales también colaboran removiendo la tierra y acabando con lombrices y algún que otro gusano que puede dañar el jardín.
Sin embargo, en la balanza, los efectos negativos pesan más que los positivos. Para acabar con la presencia de topos y topillos en el jardín se pueden poner en práctica varias posibilidades:
-Se puede acabar con los topillos colocando en el trayecto de los túneles bolsitas específicas para combatir a los pequeños roedores, que tengan en su composición bromadiolona, clorofacinona o brodifacoum. Este tipo de bolsas se pueden encontrar en cualquier centro dedicado a la jardinería.
-Otra forma más natural de hacer desaparecer a los topillos consiste en dejar que un gato se pasee, sobre todo por las noches, por el área de actuación de estos roedores.
-Es más raro que el furibundo visitante sea un verdadero topo, pero si es así se puede atrapar colocando una jaula-trampa especial para topos en una de las galerías que permanezcan activas.
Además, conviene saber que los topos suelen crear de 10 a 15 metros de galería por hora, con lo que causan daños considerables tanto en el césped de los jardines como en las huertas, realizando pequeños montoncillos de tierra que quedan a la vista y horadando el subsuelo de las plantaciones.
Gracias a su sensacional olfato, son capaces de seguir a sus presas a través de la tierra, horadando ésta en su persecución y produciendo grandes estragos en los jardines. Los topos consumen en un día su propio peso en alimento y son incapaces de sobrevivir en ayunas más de 24 horas, por lo que están todo el día cavando galerías a través de las que cazar más fácilmente e incluso, si en su zona de caza no hay alimento, son capaces de recorrer grandes distancias para obtenerlo.
Los topos, en función de las estaciones, se entierran más o menos profundamente en el suelo para atacar. En periodos húmedos el topo se alimenta en la superficie, de ahí la aparición de las galerías y las toperas en primavera y otoño. En periodos de sequía o frío el alimento suele escasear en la superficie, por lo que el topo se entierra más en busca de presas y no suele crear problemas en huertas y jardines.
Resulta conveniente recurrir a un repelente de topos para tratar todas las toperas que vayan apareciendo hasta que desaparezcan totalmente. Asimismo es importante que después apreciar que no se producen nuevas toperas se introduzca tres dosis de repelente en las tres o cuatro últimas toperas en aparecer para evitar el retorno de los topos. Por último, hay que tener en cuenta los días de eficacia de las dosis de repelente y poner más si durante su periodo de eficacia no se ha conseguido que dejen de aparecer nuevas toperas.
En CONSUMER EROSKI nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI