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Estas puertas deslizantes, más cómodas que las tradicionales, ayudan a ganar espacio sin necesidad de hacer grandes obras
- Imagen: Perry Chan -
En el mercado se puede encontrar una amplia gama de puertas correderas disponibles. De exterior o de interior, macizas o huecas, blindadas, de fuelle... Todas ellas tienen la ventaja de no ocupar espacio, de manera que puede disponerse libremente de la zona que ocuparía el giro de apertura de la hoja.
Si bien casi todos los modelos han sido pensados casi en exclusiva para interiores, su facilidad de deslizamiento y la posibilidad de hacerlas a la medida y necesidades de casi cualquier lugar han hecho de estas puertas una solución efectiva para ganar metros. Se pueden instalar por tanto en garajes y comercios y, por supuesto, en el interior y exterior de las viviendas.
Apartamentos poco espaciosos, estudios, dormitorios, baños, cocinas, armarios y trasteros pequeños son estancias en las que este tipo de puertas dan más juego. Hay que tener en cuenta que una puerta corredera gana espacio en cada habitación, posibilita unir o independizar dos cuartos contiguos sin restar amplitud, con su apertura o cierre se deja paso a la luz y se gana intimidad según las necesidades de cada momento. Se puede aprovechar incluso un metro cuadrado más por estancia con la colocación de puertas deslizantes. Además, su instalación no es complicada, y puede ayudar a resolver arquitectónicamente el cierre y la apertura de tabiques curvos.
Diversos tipos
Cualquier entrada puede franquearse mediante una puerta corredera. En este momento se comercializan puertas con diversos mecanismos de arrastre, cada vez más eficientes, fáciles de manejar y silenciosos. La gama de automatismos disponible para esta clase de puertas es muy diversa y ofrece múltiples posibilidades de programación gracias al acoplamiento de accesorios como fotocélulas, mecanismos antiaplastamiento, etc.
Pero el mecanismo más habitual y más sencillo sólo precisa una guía externa. Esta solución es muy apropiada para comunicar espacios como el salón y el comedor, por ejemplo. El inconveniente de este sistema es que en el lado de la pared por el que discurre la puerta no se pueden colocar muebles ni otros elementos.
El inconveniente de este sistema es que en el lado de la pared por el que discurre la puerta no se pueden colocar muebles ni otros elementos
Evidentemente, todo el espacio que se pueda ganar será de gran utilidad. Empotrar la hojas o las dos hojas dentro de la pared es la mejor manera de aprovechar áreas pequeñas. De esta forma, la puerta queda embutida entre dos tabiques. Pero previamente hay que practicar el hueco, enyesar y disponer las guías. Una pequeña desventaja se pone de manifiesto si se llega a estropear el raíl, ya que en ese caso a veces es imprescindible tirar parte del tabique. Otra, es que no se puede taladrar en la pared para colgar cuadros o estanterías, por ejemplo. De todas formas, las guías de acero no se estropean fácilmente.
También se pueden encontrar puertas empotradas dentro de un armazón metálico en lugar del tabique. No obstante, este armazón también se recubre de yeso tras su colocación. Una modalidad que se caracteriza porque tienen un cerco doble que incorpora elementos separadores y la guía está dispuesta sobre un soporte rígido que garantiza su correcto funcionamiento.
Las puertas correderas en general precisan la instalación de carriles de suspensión superiores, que deben fijarse a los tabiques. Los dispositivos de deslizamiento pueden ser centrales o laterales. Lo más importante es que han de garantizar que los elementos de cuelgue no se salgan de sus guías. Inicialmente los profesionales de la venta y la colocación de este tipo de puertas han de prever su mantenimiento, por ejemplo algo tan sencillo como contemplar la posibilidad de que durante la vida útil de la puerta sea necesario sustituir los rodamientos. Si esto llegara a suceder, lo ideal es que sea posible su recolocación sin precisar obras o reparaciones externas.
Las llamadas puertas de fuelle permiten su propio plegado. Están conformadas por una serie de lamas verticales unidas por bisagras que se disponen alternativamente en la cara interior o exterior. Así, la puerta puede abrirse con un desplazamiento lineal, aunque tiene el inconveniente de reducir el espacio libre de paso porque se queda plegada en uno de los lados.
La elección de una puerta corredera debe obedecer a las condiciones específicas y a las necesidades de cada espacio. En cualquier caso no hay que perder de vista detalles como los siguientes:
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