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El sofá, el rey del salón

Precio y estética son importantes a la hora de decidirse cuando se compra un sofá, pero no lo son menos su tamaño, ergonomía y resistencia

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 3 marzo de 2009
Img sofa Imagen: grongar

Para toda la vida

/imgs/2009/02/sofa.art.jpgUna vivienda no se convierte realmente en hogar hasta que el sofá ocupa su lugar en el salón. Pueden estar instalados los electrodomésticos en la cocina, ultimados los baños y decorados los dormitorios, pero si se llega al salón y no hay dónde sentarse cómodamente y sentirse en plenitud, algo falla. El sofá tiene ese poder simbólico, no sólo aporta confort, su función es evidentemente práctica y estética, pero hay más, juega un papel emocional. De hecho, es quizá el mueble en el que más nos fijamos cuando vamos de visita, quizá porque nos suscita curiosidad saber cómo, con qué grado de calidad, descansan los demás. Las preocupaciones, el estrés en el trabajo, las discusiones familiares, el cansancio físico… todo parece remitir y hacerse más soportable cuando nos dejamos caer en nuestro sofá favorito. En la mayoría de las familias, el conjunto de sofás ubicado en el salón es el eje sobre el que gira el ocio hogareño. Por eso, su adquisición deviene importante, y justo es que nos dejemos de prisas, le habilitemos el tiempo necesario al asunto y nos hagamos con la información suficiente para que acertemos en la compra y nos sintamos satisfechos de ella al comprobar, con el paso de los meses y años, que el sofá se ajusta perfectamente a lo que deseábamos o que, incluso, supera nuestras expectativas.

El mercado ofrece infinidad de modelos aptos para muchos bolsillos, e incluso por menos de 75 euros se puede comprar un sofá monoplaza que se convierte en cama, pero el precio no debe ser el único elemento, ni siquiera el fundamental, que se ha de tener en cuenta. Es un producto de uso continuo, muy vinculado a nuestro bienestar cotidiano y en el que ciertos ahorros no son sino crasos errores.

Los especialistas de CONSUMER EROSKI recomiendan, sin despreciarlos, relegar a un segundo plano no sólo el precio sino incluso la estética y la apariencia del sofá. Porque no siempre gastar lo mínimo posible es lo acertado y porque lo primero que entra por los ojos acostumbra no cumplir con las necesidades reales o a largo plazo; por ello, para quedarnos satisfechos con nuestra compra del sofá conviene pensar un poco sobre nuestras necesidades y preferencias e informarnos a conciencia sobre lo que ofrece el mercado. O, al menos, seguir unas sencillas pautas. Éstas que siguen pueden servir.

Un sofá para cada salón

Ni catálogos, ni folletos, ni páginas web. No hay mejor forma de elegir un sofá que verlo, tocarlo y probarlo uno mismo. De entrada, conviene al comprador olvidarse de los colores y estampados de las tapicerías: son elementos que pueden variar e, incluso, son modificables en un mismo modelo; las fundas de los cojines pueden ser reversibles, o las podemos elegir en el muestrario. Lo primero que debe atraer la atención del usuario son los componentes fijos del mueble, es decir, tamaño y forma. La amplitud de las tiendas y espacios de exposición hace que los sofás parezcan más pequeños de lo que realmente son. Comprar a tientas y sin saber con seguridad si el mueble quedará instalado correctamente en el salón puede salir caro. Procede, y mucho, llevar escritas en el momento de la compra las medidas exactas del espacio disponible para la ubicación del sofá. Y, claro está, tener en cuenta tanto la longitud como la anchura máxima que admite nuestro salón. Otra forma de acertar con las medidas es colocar papel de periódico en el suelo del salón para hacerse una idea de cuánto espacio ocupará el sofá. Se puede acudir a la tienda con un plano a escala de la sala de estar y solicitar al empleado asesoría sobre las medidas máximas que admite nuestro salón.

Comprar a tientas y sin saber con seguridad si el mueble quedará instalado correctamente en el salón puede salir caro

Los sofás de cuatro plazas sólo son aconsejables en salones amplios y luminosos; si no es el caso, mejor optar por dos modelos pequeños y colocarlos en forma de “ele”. Para plantas alargadas y estrechas lo ideal es una estructura rinconera que aproveche el espacio: ofrece un buen número de asientos sin restar metros útiles ya que emplea de la forma más rentable el ángulo de la estancia, y deja libre un gran espacio central. Si el salón de estar no fuera lo suficientemente grande como para admitir más de un sofá, la mejor alternativa la ofrecen los modelos que incorporan un módulo “chaise longue”. Hace las veces de diván en el que poder estar recostado o semitumbado, y en caso de necesidad puede convertirse en asiento extra para dos personas.

¿Compacto o modular?

Una vez conocidas las medidas del sofá, se debe elegir su forma. El mercado ofrece hoy tres grandes familias de sofás: compacto, modular y antiestrés. El primero es el más tradicional y, aún, el más frecuente en los hogares españoles. Está realizado en una sola pieza, es un “todo en uno” del que forman parte reposabrazos, patas y respaldo, pero permite, por razones de limpieza, desmontar los almohadones o cojines que sirven de asiento. Se pueden encontrar sofás compactos de una plaza y hasta de cuatro. El precio de un modelo de este tipo depende de muchos condicionantes: si se decide tapizar con una tela diferente a la del modelo expuesto, si se pretende un acabado en piel de vaca o sintética, si admite cambio de patas de metal a madera… De todos modos, el precio de un sofá compacto de tres plazas de gama media puede ser de entre 600 y 1.300 euros. A diferencia de los modulares, son menos adaptables y las posibilidades de ubicación se reducen.

El precio de un sofá compacto de tres plazas de gama media puede ser de entre 600 y 1.300 euros

Los sofás modulares tienen a su favor la ventaja de permitir la posibilidad de varias combinaciones distintas. Y ésa es su principal ventaja frente a los compactos y tradicionales. Como si de un puzzle se tratara, este tipo de sofá permite combinar los distintos módulos que lo componen. Se puede elegir desde el número de plazas, el de “chaise longue”, su orientación o el número de reposabrazos. Todos sus componentes son móviles y encajables, y permiten variar tanto la forma como el tamaño finales. Las combinaciones son muchas, pero a pesar de que resultan elegantes y cómodos, imponen una estética más contemporánea y menos convencional que puede no ser del agrado de algunos usuarios. Además, su precio es superior al de los sofás compactos, si bien, al igual que ocurría con estos, el coste dependerá del número de módulos, del acabado y de otros detalles. Pero, a modo orientativo, puede decirse que un sofá modular de tres plazas de gama media que incorpora una “chaise longue” y dos reposabrazos costará entre 800 y 2.000 euros.

Los antiestrés: más caros pero más confortables

Los sofás antiestrés no constituyen una categoría en sí, ya que se trata de un mecanismo que se puede encontrar tanto en los modelos compactos como en los modulares. Disponibles en formatos de una sola plaza, de dos, tres y hasta cuatro, sus prestaciones los hacen muy cómodos y proporcionan una mayor holgura. La mayoría de modelos incorpora una palanca situada en los laterales, que al ser accionada eleva el reposapiés. De esta manera, las piernas descansan más al situarse a una altura mayor que la del suelo.

Además, algunos ofrecen la posibilidad de que el respaldo se recline y los reposacabezas se ajusten. Incluso los hay con movimiento independiente y, lo más, funciones de masaje. Este tipo de prestaciones condicionan el precio. Un sofá de tres plazas de gama media en el que una de ellas sea antiestrés, básica y con sólamente reposapiés elevable cuesta unos 1.000 euros. Si se ha dejado seducir por las indudables ventajas de los sofás antiestrés, deberá tener en cuenta que al ofrecer la posibilidad de manipular la orientación de sus componentes deben contar con un margen de espacio suficiente para poner en marcha los diversos mecanismos de que constan. Por otro lado, no es aconsejable condenar el sofá a la pared, ni por la parte trasera ni por la lateral, ya que no se podrá acceder a la palanca que acciona las prestaciones ni se podrán girar los reposacabezas.

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