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Reducir el gasto de las facturas

A nada que se esté dispuesto a cambiar ciertas costumbres, es posible reducir en muchos euros el gasto en electricidad, agua y teléfono

  • Última actualización: 2 de abril de 2009

  
- Imagen: Angel Norris -
Hábitos tan comunes como poco aconsejables hacen que el consumo medio diario de agua de una familia de tres miembros supere los 120 litros. Lo que traducido en dinero representa una factura bimestral, en concepto sólo de agua (dejando fuera las tasas de basuras y alcantarillado) de unos 36 euros. El susto es considerable cuando llega el recibo de la luz y el gas, más en invierno y, particularmente, si se trata de uno tan crudo como el que hemos sufrido este año. Pero no nos resignemos, también es posible salir airosos ante las bajas temperaturas sin derrochar energía.

Muchos pocos hacen mucho

Son las ocho de la mañana y, un día más, suena la alarma del radiodespertador. Casi por instinto, encendemos la luz de la habitación, sin pensar siquiera en que quizá si subimos las persianas podría entrar la luz del sol y hacer innecesaria la de las bombillas. Aún somnolientos, caminamos hasta el baño. Abrimos el grifo a la máxima presión para que el agua se caliente cuanto antes, y nos damos una generosa ducha sin reparar en la cantidad de agua consumida ni en la energía necesaria para calentarla; al salir, subimos la temperatura del radiador para que el vaho del espejo desaparezca y podamos continuar con la restauración. El afeitado será rápido, pero el grifo continuará abierto: para qué cerrarlo si enseguida tendremos que limpiar la cuchilla y refrescarnos la cara. Apenas llevamos 20 minutos en pie, pero han sido suficientes para que el consumo de agua y luz se encuentre ya por encima de lo razonable, más en un contexto como el actual, marcado a fuego por la grave crisis económica y por el cambio climático y otros problemas medioambientales relacionados con el consumo excesivo de energía.

El menoscabo al sentido común que en demasiadas ocasiones se confunde con la despreocupación, por un lado, y la pereza que siempre da cambiar costumbres tan ineficientes como arraigadas, por otro, explican que, por ejemplo, el consumo de energía eléctrica de muchos hogares sea un despropósito, en la medida en que es muy poco eficiente: para conseguir un propósito, utiliza demasiados recursos. Es entonces cuando surge lo de "la factura tiene que estar mal", "si apenas ponemos los radiadores", "pero si en esta casa no se gasta tanta agua"... Son las reacciones más habituales después de leer el importe total de algunos recibos. Lo que está claro es que cuanta más electricidad se consume, cuanto más se habla por teléfono o más se despilfarra el agua, mayores serán los importes que habrá que pagar. Hay algunos hábitos que ayudan a reducir las facturas de estos suministros tan vinculados a un hogar cómodo y agradable. El equipo de economía doméstica de CONSUMER EROSKI propone una serie de pautas sencillas de seguir por todos los miembros de la familia. El objetivo: ahorrar un poco sin perder en confort.

Viva la luz natural

La iluminación de una casa representa entre la cuarta y la quinta parte del recibo de la luz. Pero si la vivienda tiene orientación interior o, pese a ser exterior, se encuentra en zona sombría la iluminación puede suponer hasta la mitad de la factura de electricidad. Una buena forma de reducir ese gasto es recurrir a la iluminación natural. Mantener abiertas persianas y cortinas mientras haya claridad en el exterior ayuda a aprovechar la luz solar. Parece sencillo, pero es un hábito que cuesta interiorizar. Acostumbrarse a encender las luces sólo cuando sean estrictamente necesarias y apagarlas cuando no haya nadie en las habitaciones o zonas de la casa supone reducir la factura del mes siguiente.

Las bombillas eficientes duran ocho veces más que las convencionales y ahorran hasta un 80% de energía

Igual de importante es la elección de colores claros para la pintura de techos y paredes, ya que la sensación de luminosidad es mayor y permanece por más tiempo en fondos blancos, cremas o de tonos pastel. Para sacar mayor partido a la luz natural, las cortinas son importantes: normalmente, se eligen de tejidos tupidos para asegurar la privacidad de las habitaciones, pero debe tenerse en cuenta que sean capaces de absorber la luz exterior y filtrarla. Linos translúcidos y lonetas ligeras son la mejor alternativa.

Adiós a las bombillas tradicionales

Las bombillas tradicionales, incandescentes, han de ser sustituidas por las eficientes, que proporcionan la misma luz, duran ocho veces más que las convencionales y ahorran hasta un 80% de energía. Cierto es que son más caras que las bombillas tradicionales, pero ese sobrecoste se amortiza en ocho meses, está estudiado. Una eficiente de entre 11 ó 15 W puede ahorrar a lo largo de su vida 68 euros de gasto en electricidad y evitar la emisión de casi media tonelada de CO2. Bastará con cambiar las tres bombillas de mayor consumo de toda la casa para que se reduzca a la mitad el gasto en iluminación. Es así de sencillo. Otra recomendación es instalar tubos fluorescentes en los espacios en que se necesite mucha luz y donde ésta permanezca encendida por mucho tiempo: baños, cocina, trastero... Son ahorradores de energía porque su duración es diez veces mayor respecto a las lámparas incandescentes y consumen cuatro veces menos energía. Sin embargo, hay que evitar encenderlas y apagarlas continuamente: si se van a mantener apagadas un tiempo inferior a 20 minutos conviene dejarlas encendidas. Por otro lado, con independencia del tipo de bombilla o de lámpara, se debe cuidar su limpieza: quitar el polvo de las tulipas y de las bombillas evita que la suciedad bloquee la luz que emiten.

Y… ¿cuándo se cocina?

Ser constante en la aplicación de estas sencillas pautas puede ayudar a reducir un 30% el consumo energético realizado cuando se cocina:

  • Cocinar con recipientes de fondo igual o mayor que las dimensiones del fogón.
  • Tapar las cacerolas y utilizar, siempre que la receta lo permita, la olla exprés.
  • Aprovechar para terminar el cocinado el calor residual emitido por la placa, el que queda al apagarla.
  • Abrir la puerta del horno sólo cuando sea imprescindible.

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