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Incineración de cadáveres

Aproximadamente el 25% de las personas que fallecen son incineradas, una opción más económica que la inhumación

  • Autor: Por AZUCENA GARCÍA
  • Fecha de publicación: 28 de septiembre de 2006

Cremación de animales domésticos

La cremación de animales domésticos es una práctica aún poco conocida, pero que, desde su implantación, ha recibido una buena acogida. Cada año, un crematorio de este tipo puede llegar a incinerar unos 7.000 animales, con un coste medio de 150 euros que varía según el peso del animal y el transporte. Debido a que todavía no existen demasiadas empresas dedicadas a este servicio, las que funcionan suelen recoger a mascotas de cualquier parte de la península, con un sobrecoste por el desplazamiento. Tras la muerte de un animal doméstico, el dueño puede dejar la gestión en manos del veterinario, que tramita el traslado de la mascota a una fosa común o a un centro donde es incinerado, o puede acudir personalmente a una empresa de incineración de animales domésticos. Isabel Alcaide, de Hadescan, el único crematorio de animales domésticos que existe en la Comunidad de Madrid, asegura que "la gente no está acostumbrada a este tipo de servicios y que la mayoría los desconoce", aunque confirma que cada vez hay más demanda. "Quienes no llevan a su mascota al crematorio, la entierran en algún huerto o terreno de su propiedad, por lo que servicios que ofertamos permiten un servicio más higiénico", subraya.

El procedimiento es similar al de los restos humanos. Tras llevar el cadáver del animal a la incineradora (también se puede llamar para que acudan a recogerlo), se deposita en una cámara frigorífica y se lleva al crematorio transcurridas, al menos, 24 horas. Este tipo de empresas permiten dos tipos de incineración: individual y colectiva. En el primer caso, el servicio es algo más caro, pero el dueño se puede llevar las cenizas de su mascota. Si no acude a recogerlas, la propia empresa se encarga de enviárselas a casa a los tres o cuatro días, en una urna. Si lo desea, el propietario puede asistir a la cremación y llevarse las cenizas una vez concluido el proceso. En las incineraciones colectivas, según explica Sergio Larrea, gerente de Duin, crematorio ubicado en Navarra, "se introducen en el horno varios animales y no hay posibilidad de recuperar las cenizas, que se trasladan a una empresa especializada que suele emplearlas como abonos".

Aunque lo habitual es que se incineren mascotas como perros, gatos o hámsters, Isabel Alcaide de Hadescan confirma que también se recurre a estos servicios en el caso de "loros, periquitos, tortugas o conejos". Algunos de ellos, incluso, son incinerados con su manta o su juguete preferidos. "El objetivo es que no se tenga que esconder el sentimiento por una mascota, a la que se trata de dar un final digno porque es una parte de la familia. En este sentido, se trata de un trabajo muy agradecido porque las personas lo valoran y nos escriben para darnos las gracias", añade Larrea . De hecho, las cenizas de las mascotas son entregadas en urnas sencillas de madera, si la intención es esparcirlas en algún lugar significativo para el animal; en urnas biodegradables, si se quieren enterrar, o en urnas de cristal, en las que se puede colocar una foto de la mascota. No obstante, Sergio Larrea advierte de que no todas las empresas que ofertan este servicio cuentan con licencia para esta actividad y asegura que algunas se dedican "a cocer al animal y separar la materia grasa de la materia no grasa". Asimismo, lamenta que la normativa sea bastante difusa y que los perros, por ejemplo, sean considerados en la mayoría de las comunidades autónomas un residuo.

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