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No he cotizado nunca, ¿qué futuro me espera?

No haber cotizado nunca a la Seguridad Social impide acceder a numerosas prestaciones públicas, aunque hay pensiones no contributivas por invalidez y jubilación que aseguran numerosas ayudas

No he cotizado, aunque trabajo

Amas de casa, inmigrantes, opositores, estudiantes, doctores, trabajadores sin papeles, personas con discapacidad o herederos que se dedican a invertir el patrimonio familiar pueden formar parte de un mismo grupo. Un grupo tan amplio como heterogéneo: el de las personas que nunca han cotizado a la Seguridad Social. Es difícil determinar el número de residentes en España que se encuentran en esta situación, porque este hecho no siempre significa que no hayan trabajado. En general, se trata de personas que no se han dado de alta y han formado parte de la llamada "economía sumergida" o que han desempeñado profesiones en las que no era necesario este requisito. Por un lado, hay un gran número de personas en riesgo de exclusión, con carencias sociales, familiares y educativas que no reúnen las condiciones mínimas requeridas para trabajar. Y en el otro extremo, becarios e investigadores que pueden haber alcanzado el máximo nivel académico, el de doctor, y haber encadenado una beca tras otra sin haber cotizado nunca.

La cotización a la Seguridad Social es una obligación que nace en el momento en que se inicia la actividad laboral y se mantiene durante el tiempo en que el trabajador la desarrolle. La obligación se extingue con el cese en el trabajo siempre que la baja se comunique en tiempo y forma establecidos. Un determinado número de días cotizados a la Seguridad Social permiten la opción de acceder a prestaciones por desempleo, incapacidad permanente, permiso de paternidad o pensiones de jubilación.

Becarios e investigadores

Son muchos los licenciados españoles que reciben su salario a través de una beca. Se trata principalmente de trabajadores que se dedican a la investigación, a la tecnología o que desempeñan su labor en otras áreas. La diferencia con el resto de los empleados es que, aunque se dediquen al proyecto a tiempo completo, no cotizan a la Seguridad Social. Las becas no suelen establecer una relación laboral entre quienes las reciben y el organismo para el que presta sus servicios y tampoco está incluido en el Estatuto de los Trabajadores.

A esto se suma que numerosos investigadores no tienen cobertura sanitaria pública equiparable a la de los trabajadores -aunque algunas becas están dotadas de seguro de accidentes o médico privado-, no cotizan al sistema de pensiones y carecen de permiso de maternidad o paternidad, de baja por enfermedad o prestación por invalidez, incapacidad permanente o muerte. El becario, una vez terminado su trabajo, carece también de derecho a prestación por desempleo. A pesar de que el Estatuto del Personal Investigador en Formación, aprobado en 2006, supuso un pequeño paso para dignificar el sector, muchos de los integrantes de este colectivo se han quedado fuera. Además de los licenciados que tienen la beca y, por tanto, reciben a fin de mes una cantidad fija, se da una situación más anómala: la de becas a cargo de proyectos en las que los investigadores reciben el salario-beca hasta fin de proyecto. Forman parte del equipo, desarrollan el trabajo e investigan, pero no están amparados por un contrato.

El licenciado que quiere acceder al doctorado y dedicarse a la investigación se ve obligado, en la mayoría de los casos, a encadenar becas incluso hasta los 40 años. El sueldo suele ser de 1.000 euros de media. Las vacaciones no tienen por qué estar remuneradas, y si ha sufrido un accidente en el lugar en el que desempeña su labor no tendrá una prestación, como tampoco podrá pedir una reducción en el horario de trabajo para cuidar a un familiar. Llegado a los 35 ó 40 años el becario puede ser contratado y entrar a formar parte de la Seguridad Social, pero habrá perdido entre 10 y 15 años de cotización. Si desea trabajar en el sector público, sus años de investigación no le sirven como antigüedad. ¿Y qué entidad financiera le habría concedido una hipoteca?

Muchos investigadores reciben su salario a través de becas que no les permiten tener los derechos básicos que disfrutan otros trabajadores

En este sentido la Ley de 4 de diciembre de 2007 de Medidas en Materia de Seguridad Social puede lanzar algo de luz sobre el futuro de los investigadores, pues encomienda a la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación, y a la Secretaría de Estado de la Seguridad Social que realicen una evaluación relativa a la incorporación al régimen de protección social del personal becario. Por lo tanto, habrá que analizar los nuevos "contratos" de los investigadores durante los próximos meses.

También forman parte del grupo de jóvenes que no han cotizado nunca los estudiantes u opositores que, habiendo trabajado, lo han hecho sin darse de alta en la Seguridad Social. El futuro que les espera a estos jóvenes, como a muchas otras personas en su situación, es cotizar -por cuenta propia o ajena-, lo antes posible a la Seguridad Social y durante un mínimo de 30 años para que se jubilen con una pensión digna -equivalente a un sueldo- o menor, según cada caso y de acuerdo a la ley actual. Si una persona tiene más de 30 años sin que nunca haya cotizado es muy probable que su vida laboral se extienda hasta pasados los 60 años, salvo que, según los diferentes convenios laborales, opte por un contrato de prejubilación.

En todo caso, hay pensiones no contributivas por invalidez y jubilación a las que pueden acceder personas que no han cotizado nunca. No obstante, el Estado garantiza a las personas que, bien realicen una actividad profesional contributiva o que cumplan los requisitos exigidos en la modalidad no contributiva, la protección adecuada frente a las contingencias y en las situaciones que se contemplan en la Ley General de la Seguridad Social". La pensión no contributiva de invalidez asegura a todos los ciudadanos en esta situación y en estado de necesidad una prestación económica, asistencia médico-farmacéutica gratuita y servicios sociales complementarios, aunque no se haya cotizado o se haya hecho de forma insuficiente para tener derecho a una pensión contributiva, al igual que ocurre en el caso de la jubilación.

Discapacitados afiliados a la Seguridad Social

Cada vez son más los discapacitados físicos, psíquicos y sensoriales que realizan trabajos con afiliación a la Seguridad Social. En los últimos años el esfuerzo de este grupo de personas para acceder al mundo laboral se ha visto correspondido por las políticas sociales de inserción de empleo, ya que estos colectivos se han encontrado tradicionalmente marginados y avocados a la dependencia familiar.

Aunque todavía queda mucho por hacer, hay planes de empleo con apoyo para que los discapacitados psíquicos accedan a puestos de trabajo adaptados a sus habilidades y ha aumentado el cupo reservado para que las personas con discapacidad puedan acceder a un empleo en la Administración Pública.

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