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Los consumidores pueden contribuir a la conservación de los bosques al comprar productos que lleven el logo del FSC
La sobreexplotación y la tala ilegal de los recursos madereros mundiales provocan anualmente la desaparición de más de 14 millones de hectáreas de bosques, una superficie equivalente a la cuarta parte de la península Ibérica. Para frenar esta pérdida de biodiversidad en 1993 se creó una organización internacional sin ánimo de lucro: el Consejo de Administración Forestal (FSC en sus siglas inglesas).
A pesar de que hay diversos sistemas nacionales (CSA, SFI, CIFOR, NTCC) o regionales (PEFC), el FSC, con sede en Bonn (Alemania), es el único sistema de certificación que cuenta con el reconocimiento de un gran número de instituciones, empresas y organizaciones ecologistas y solidarias a nivel mundial. El FSC se financia mediante las cuotas de inscripción y acreditación y las donaciones, y no permite el apoyo económico de la industria maderera, para lograr conservar así su independencia.
Los productos madereros que llevan el certificado del FSC han sido extraídos y elaborados con criterios ecológicos, sostenibles y socialmente justos y solidarios
El FSC se basa en un Decálogo de principios para acreditar que los productos madereros que llevan su certificado han sido extraídos y elaborados con criterios ecológicos, sostenibles y socialmente justos y solidarios. Los gestores forestales que deseen obtener este sello de calidad ecológica pueden solicitarlo de manera voluntaria al FSC, de manera que puedan ser evaluados por una entidad certificadora independiente.
Posteriormente, mediante la denominada cadena de la custodia, se garantiza que toda la cadena de producción ha seguido los principios de esta organización. De este modo, las empresas dedicadas a la transformación, fabricación y distribución del producto tienen a su vez el llamado certificado de la cadena de custodia.
Finalmente, al consumidor le llega un producto que cuenta con el logotipo del FSC, un número de registro y la información sobre su procedencia. La base de datos más completa sobre madera certificada en todo el mundo se puede encontrar en la página web del Consejo.
Aunque el precio de la materia prima certificada puede llegar a ser un 18% más cara que la comprada en los circuitos habituales, se trata de un mercado que va en aumento. La mayor concienciación ecológica de los consumidores está incrementando el número de empresas que ofrecen este tipo de productos certificados. Asimismo, cada vez son más las administraciones públicas, tanto municipales como autonómicas, que compran este tipo de productos.
En los últimos diez años, unos 50 millones de hectáreas en más de 60 países han sido certificados de acuerdo a los estándares del FSC, y miles de productos se producen usando madera certificada por esta institución. La mayor parte de los bosques que están avalados por este sello se encuentran en Europa, Canadá y Estados Unidos, por lo que uno de los objetivos es ampliar su campo de acción en los países tropicales, donde se produce la mayor parte de la deforestación.
Según WWF/Adena, España es uno de los principales países de la Unión Europea donde se recibe madera proveniente de talas ilegales, por lo que la certificación FSC es todavía más necesaria. En España, el interés por este certificado surge en 1998 de la mano de WWF/Adena y un grupo de empresas, como Puertas Luvipol o la empresa de carpintería industrial Biofusta S.L. En Internet se puede encontrar una lista de empresas con certificados FSC en España, así como un directorio de tiendas donde se pueden encontrar productos FSC.
Los estándares españoles, además de desarrollar los principios del Decálogo del FSC (salvo el Principio 3 relativo a las poblaciones indígenas), incorporan criterios específicos para el aprovechamiento del corcho y la resina, y productos forestales no maderables de especial interés en el monte mediterráneo.
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