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CO2 para limpiar piscinas

Su uso ayudaría a combatir el cambio climático y a reducir la contaminación de las aguas y los peligros del cloro para la salud

Imagen: UAB

Aprovechar el dióxido de carbono (CO2) emitido en la industria para tener a punto las piscinas y reducir de paso su impacto en el cambio climático. Ésta es la propuesta de una investigación pionera de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Pero ahí no acabarían las ventajas de este nuevo sistema: gracias al CO2 se reduciría la necesidad de utilizar cloro y, con ello, sus consecuencias negativas para el medio ambiente y la salud.

CO2 en piscinas: beneficios para el medio ambiente y la salud

La investigación, publicada en la revista Chemosphere, demuestra de manera pionera las ventajas de sustituir el ácido clorhídrico (salfumant) por CO2 para controlar la acidez (pH) en las piscinas, en combinación con el desinfectante (hipoclorito sódico). Sería bueno para el medio ambiente y la salud.

Las piscinas funcionarían como sistemas de captura y almacenamiento de CO2 para combatir el cambio climático. Este gas es un subproducto de la industria que si se embotellara para su uso en las piscinas no llegaría a la atmósfera. Según uno de los responsables del artículo, Anton Gomà, del Servicio de Actividad Física de la UAB, la cantidad sería pequeña, unas cuatro toneladas de ese gas en un año (similar a las emisiones de un coche), pero si todas las piscinas, SPA o balnearios lo utilizaran, su contribución sería interesante.

El agua tratada con CO2 sería también menos contaminante. La utilización de ácido clorhídrico cambia la conductividad eléctrica del agua. Este fenómeno afecta a los organismos vivos cuando el agua de la piscina se desecha al alcantarillado. Con el CO2 no se origina este fenómeno. Al aumentar la calidad del agua, la piscina no tiene que sustituir tan a menudo este líquido, cada vez más apreciado, y su huella ecológica se reduce.

Las piscinas funcionarían como sistemas de captura y almacenamiento de CO2 para combatir el cambio climático

La salud también sale beneficiada. El consumo de cloro desciende en un 25% y, por ello, sus impactos negativos, como la formación de los contaminantes trihalometanos y cloraminas. Estas sustancias nocivas se generan en la reacción del hipoclorito sódico con los restos orgánicos del agua y causan el característico "olor a cloro" en las piscinas o irritación de las mucosas.

Al eliminar el ácido clorhídrico se evita la posibilidad de mezclarlo de manera accidental con el hipoclorito sódico. Esta combinación libera una gran cantidad de gas tóxico que puede causar edema pulmonar e incluso la muerte. Es un accidente típico en piscinas donde se repite como un goteo con mayores o menores consecuencias (desalojo, hospitalización preventiva, etc.).

Piscinas, ¿un riesgo para la salud?

Imagen: UAB

En fechas recientes se han destacado los posibles efectos negativos del cloro de las piscinas. Según Gomà, no está determinado que influya a más largo plazo, como genotoxicidad, cáncer, alteración del sistema inmunológico, etc., o al menos no se ha confirmado que esta causa tenga más importancia que otras actividades habituales. Sin embargo, este experto recuerda los efectos inmediatos demostrados y experimentados por muchas personas: la bronco constricción. El sistema respiratorio, en especial de personas expuestas de manera habitual a oxidantes en el ambiente, detecta este tipo de agresión y cierra los alvéolos para protegerse. El efecto es una sensación de ahogo, falta de aire o episodios de asma.

La posición oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que el balance final entre hacer deporte en una piscina y las posibles contaminaciones químicas o bacteriológicas se decantan en favor de lo primero. Ahora bien, el investigador de la UAB explica que, a excepción de las piscinas cubiertas de las cuales tiene constancia de su buen mantenimiento, procura evitarlas y, todavía más, los SPA que recurren al agua del grifo.

Costes y funcionamiento del sistema

El uso del CO2 supone un coste unas diez veces superior al del convencional ácido clorhídrico

La cuestión económica es uno de los principales inconvenientes de este sistema: su uso supone un coste unas diez veces superior al del convencional ácido clorhídrico (4.000 euros frente a 350 euros anuales para unas piscinas de 1.000 m3). En total, el coste de implantación del sistema es de unos 6.000 euros por vaso de piscina, unos 5.500 euros más caro que utilizar salfumant. No obstante, sus defensores aseguran que supone un porcentaje muy bajo del presupuesto de explotación de una instalación deportiva con zona de agua.

El desconocimiento del sistema, a pesar de que hace décadas que se comercializa para piscinas, juega también en su contra. En cualquier caso, su instalación no reviste una excesiva complejidad: se necesita un espacio exterior donde almacenar el CO2 y un método de difusión del gas en el interior del agua de recirculación de los filtros. Para el control, vale el mismo sistema que gobierna la bomba de dosificación de ácido clorhídrico.

Los expertos de la UAB llevaron a cabo la investigación experimental durante cuatro años en dos piscinas de esta universidad y en otra del Consell Català de l'Esport, en Barcelona. El agua de las piscinas se trataba con CO2 y con ácido clorhídrico en períodos alternativos, y los científicos examinaban la composición del agua y del aire más cercano a la superficie (el mismo que respiran los bañistas). Según Gomà, nadie se había fijado antes en los efectos comprobados en este estudio: el hecho de implantar el sistema en una universidad, al principio por motivos de seguridad, permitió las sinergias necesarias para arrancar la investigación.

Además de Anton Gomà, en el trabajo han tomado parte Albert Guisasola, Carlota Tayà, Juan A. Baeza, Albert Bartrolí y Javier Lafuente, del Departamento de Ingeniería Química de la UAB, así como Mireia Baeza y Jordi Bartrolí, del Departamento de Química de la UAB.




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