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El patrón genético de la adicción al tabaco y al alcohol

El impulso de encender un cigarrillo, asociado al consumo de una bebida alcohólica, podría obedecer a un mismo gen encargado de modular la adicción a ambas sustancias

Imagen: Mightymightymatze/Flickr

Investigadores del Centro de Adicciones y Salud Mental de la Universidad de Toronto (Canadá), bajo la financiación del Instituto Nacional sobre Abuso de Alcohol y Alcoholismo (NIAAA) del mismo país, han estado desarrollando en los últimos meses un estudio en ratas de laboratorio genéticamente manipuladas para hallar placer en el alcohol (P) y para aborrecer esta sustancia (NP). Estas ratas, además, fueron entrenadas para autoinyectarse dosis de nicotina a demanda. El objetivo del trabajo era comprobar si existía alguna coincidencia entre ambas adicciones. La respuesta ha sido positiva.

Los investigadores canadienses analizaron el comportamiento de los roedores y hallaron que las ratas P consumían el doble de nicotina que las NP. Tras publicar las conclusiones de su estudio en el Journal of Neuroscience, los investigadores canadienses dieron por sentado que la afinidad por el alcohol y la nicotina obedece a un mismo patrón genético. «Sabemos que la gente que fuma es más propensa a consumir alcohol que la que no fuma, pero hasta hoy desconocíamos por qué», explica el coordinador del estudio, A.D. Lê.

De modo similar, el tabaquismo es tres veces más prevalente en la población alcohólica que en la no alcohólica, por lo que tal vez no estemos ante dos abusos de sustancias distintos, sino de un «coabuso con base común», según los investigadores.

Lê confirmó también que las ratas P fueron más proclives a las recaídas adictivas. Curiosamente, las ratas tuvieron la oportunidad de administrarse también otras drogas adictivas, pero su afinidad no se correspondió con el patrón P ni el NP de manera específica.

Ya en clínica humana, un estudio llevado a cabo por el San Francisco Veterans Administration Medical Center concluye que fumar interfiere en la recuperación de los pacientes alcohólicos. Tras un mes de abstinencia, los pacientes en fase de recuperación que le daban al pitillo experimentaron una mejora sensiblemente inferior a la de los no fumadores.

Bases biológicas de la adicción

La dependencia a drogas, aunque se manifieste con comportamientos diferentes, podría tener mecanismos comunes que interaccionan con el circuito cerebral de recompensa

No ha sido hasta hace bien poco que la medicina ha rehuido el estigma vicioso o delincuente aplicado a los drogadictos, bajo el convencimiento de que todas las sustancias adictivas, desde el tabaco a la heroína, pasando por la cocaína, el alcohol, la marihuana y las anfetaminas, activan en realidad los mismos circuitos cerebrales. Se piensa que la dependencia a las distintas drogas, aunque se manifieste con comportamientos diferentes, tiene mecanismos biológicos comunes que interaccionan con los circuitos cognitivos y de recompensa.

La identificación de las bases neuronales de la adicción fue en su día la puerta de entrada a una nueva interpretación de las adicciones como entidades clínicas diagnosticables y tratables.

Lamentablemente, reiterados ingresos de adictos a sustancias en las unidades hospitalarias permitieron a los médicos percibir cómo el uso continuado de drogas causa cambios adaptativos en el cerebro que explican los fenómenos de tolerancia (necesidad de dosis cada vez mayores para conseguir el mismo efecto), dependencia física, consumo compulsivo, activación de los mecanismos cerebrales de recompensa y síndrome de abstinencia.

Dopamina, genes y cigarrillos

Todas las sustancias capaces de generar adicción, ya sean euforizantes, sedantes, estimulantes, relajantes, energizantes, desinhibidoras o apaciguadoras, tanto naturales como de diseño, tienen en común una cierta capacidad para estimular la liberación de dopamina en el núcleo accumbens cerebral.

Es el área de la recompensa y del placer, donde desembocan los efectos del sexo, la comida, la bebida y también del consumo de drogas adictivas. En todos los casos se potencia una liberación de dopamina por parte de las neuronas del área ventral tegmental, que penetran en el núcleo accumbens provocando euforia y un refuerzo de la conducta que ha desencadenado el estímulo.

¿Existe algún gen que relacione los centros de recompensa con la adicción al tabaco y al alcohol? En lo que refiere a la adicción tabáquica, un equipo de investigadores de la Universidad de Keio (Tokio) han dado con el gen CYP2A6, implicado en la degradación de la nicotina. Los expertos japoneses analizaron el ADN de 203 fumadores y ex fumadores sospechosos de presentar EPOC, junto con el de 123 no fumadores. Los primeros fueron interrogados acerca de su hábito tabáquico (número de cigarrillos consumidos cada día, duración del hábito, etc.), mientras que a los fumadores se les preguntó desde cuándo no fumaban.

Los resultados obtenidos demostraron que los fumadores con la variante genética CYP2A6 eran más propensos a la adicción y experimentaban una mayor dificultad para dejar de fumar. El hallazgo podría abrir la puerta a ensayos terapéuticos que ayudaran a modular la adicción. Y si como parece coincide con el patrón genético del alcoholismo, tal vez pudieran tratarse ambas adicciones, cuando se dan en la misma persona, de forma paralela.

MÁS INVESTIGACIONES

Imagen: Dean Jenkins/Morguefile

Siempre bajo un mismo rasero, cada vez son más los médicos que investigan los efectos conjuntos del hábito tabáquico y el abuso de alcohol sobre la salud, a un lado y otro del Atlántico. En la Universidad de Darmouth (Lebanon, New Hampshire), un grupo de expertos capitaneado por John A. Baron asegura que fumar cigarrillos y beber alcohol al mismo tiempo revierte los efectos beneficiosos de un precursor de la vitamina A, el beta-caroteno. Dicho precursor, que en condiciones fisiológicas disminuye el riesgo de recurrencia de adenomas colorrectales, se ve anulado. «Hemos comprobado cómo el consumo indiscriminado de alcohol y tabaco modifica los efectos del beta-caroteno en la recurrencia del adenoma de colon», detalla Baron.

Se examinaron en este trabajo los datos de 864 personas que habían participado en un estudio preventivo a gran escala y que habían sido asignados a terapia con placebo, beta-caroteno, vitamina C y vitamina E. Entre quienes no bebían ni fumaban, el suplemento de beta-caroteno se asoció a una disminución del 44% del riesgo de recurrencia de adenoma de colon. Sin embargo, entre los pacientes que fumaban y consumían alcohol, los suplementos de beta-caroteno no evitaron que el riesgo de recurrencia de adenoma fuera el doble.

Por su parte, investigadores del Departamento de Biología Celular y Patología de la Universidad de Salamanca se encuentran investigando en nuestro país una vacuna contra el tabaquismo. La investigación parte de la identificación de los circuitos neuronales responsables de la adicción a la nicotina y las moléculas que interactúan en tales circuitos.




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