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5 acciones que pueden salvar una vida

Saber cómo actuar ante un accidente o emergencia como un atragantamiento o un infarto puede ayudar a salvar la vida de la víctima

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Fecha de publicación: 2 de septiembre de 2016
Imagen: lisafx

Los primeros auxilios son la atención más inmediata que se le puede dar a una persona hasta que llegan los servicios de emergencias o le atienden los profesionales sanitarios. El tiempo que transcurre desde que se produce el evento hasta que alguien practica los primeros auxilios es de vital importancia para la supervivencia de las víctimas. Por este motivo, reconocer cuando hay algo que no anda bien, es fundamental para actuar sin perder tiempo. A continuación se describen cinco acciones que pueden ayudar a salvar una vida.

Los primeros auxilios son todas las acciones orientadas a favorecer la supervivencia de una víctima. Forman parte de la cadena de supervivencia, que incide en la importancia de todos sus eslabones: llamar al 112, aplicar primeros auxilios, realizar las maniobras de recuperación cardiopulmonar y uso de desfibrilador semiautomático o automático y la atención sanitaria profesional.

La falta o el retraso de alguno de ellos hacen disminuir las probabilidades de supervivencia. Por este motivo, es de vital importancia conocer las señales y síntomas que indican que algo no va bien y recordar que, ante una emergencia, no todo vale, hay que saber cómo actuar: lo primero es mantener la calma; luego, protegerse uno mismo y después a la víctima; solicitar ayuda o llamar al 112; y, por último, socorrer a la persona.

1. Cómo detener hemorragias externas

Nunca hay que utilizar el torniquete, a no ser que la persona haya sufrido una amputación traumática

Siempre con las mayores medidas de higiene -la sangre es un vehículo para la transmisión de enfermedades- hay que proceder a lavar la herida, con agua y jabón si está muy sucia. Si sangra mucho, se deben aplicar gasas, pañuelos o el textil más limpio disponible y hacer presión. Si la herida está en la pierna o el brazo, y no presenta ninguna fractura, se puede elevar por encima de la cabeza, lo que hará que disminuya el flujo. Si a pesar de la presión el sangrado continúa, sin quitar la gasa en contacto directo con la herida, se sobrepondrán otras, que se irán cambiando a la par que queden empapadas.

La primera gasa o textil en contacto con la herida no se retira para no eliminar el coágulo que se empieza a formar. No utilizar algodón ni alcohol, ya que interfieren en la curación de la herida. No extraer objetos clavados si los hubiera, porque pueden estar taponando algún vaso sanguíneo y evitar un sangrado mayor. Tampoco utilizar el torniquete, a no ser que la víctima haya sufrido producido una amputación traumática de alguna extremidad.

2. Reconocer los síntomas de un infarto

Desde la Fundación Española del Corazón advierten de que, ante un infarto agudo de miocardio, es fundamental reaccionar con rapidez, ya que el diagnóstico y el tratamiento precoz son clave para un buen pronóstico. Por ello, es básico reconocer los síntomas.

Como norma, un infarto cursa con un dolor o presión intensos en el pecho, que no se modifica ni con el movimiento ni con la respiración y que se suele irradiar a la mandíbula, cuello y espalda, al brazo izquierdo y, a veces, incluso al derecho.

Otras veces el dolor se centra en la parte alta del abdomen y se acompaña con dificultad al respirar, náuseas y/o vómitos, como si se tratara de una indigestión. También se asocia a sudoración fría y profusa, mareo e, incluso, pérdida de consciencia.

En mujeres, los síntomas pueden varían ligeramente. Es más habitual que ellas presenten mareo, vértigo repentino o breve pérdida de conciencia, indigestión o presión abdominal que puede acompañarse de náuseas y vómitos, debilidad sin motivo aparente, dolor en la articulación del hombro o en el tórax y sensación de muerte inminente.

3. ¡Peligro! Descarga eléctrica

Las lesiones más graves que puede sufrir una persona que se ha electrocutado son internas, por lo que no son observables a primera vista. En este caso hay que actuar de la siguiente manera:

  • No tocar a la persona mientras la corriente eléctrica esté conectada.
  • Desconectar el interruptor general.
  • Pedir ayuda o llamar al 112.
  • Retirar al afectado de la corriente con un objeto aislante (de madera o plástico).
  • Valorar a la víctima. Si está inconsciente y respira, colocarla en posición lateral y abrigarla. Si no respira, iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar.

4. Obstrucción completa de la vía aérea ¡no hay tiempo que perder!

Una de las causas más frecuentes de atragantamiento son los alimentos mal masticados, sobre todo trozos de carne, o por tragarse sin querer alguna pieza pequeña que se sostenía con los labios, como tornillos o las pequeñas pilas de los audífonos.

Una obstrucción total de la vía aérea impide el paso del aire y es reconocible porque, aunque la víctima hace el intento, es incapaz de toser ni hablar. En esta situación, el tiempo es oro y hay que actuar de inmediato, para evitar la muerte por asfixia. Para ello, se debe proceder de la siguiente manera:

  • 1. Notificar al afectado -que no puede respirar y estará muy asustado- que se le practicarán unos golpes en la espalda. Colocarse detrás, a un lado de la espalda, pasar un brazo por debajo de su axila sosteniéndole el tórax con la mano y manteniéndola inclinada. En esta posición, con la otra mano se dan cinco golpes intraescapulares con energía, de arriba abajo.
  • 2. Si después de cinco golpes no ha expulsado el cuerpo extraño, hay que realizar la maniobra de Heimlich. Para ello hay que ponerse detrás de la víctima y rodearla con los brazos a la altura de la cintura; colocar un puño por el lado del pulgar por encima del ombligo o por debajo del esternón. Si la víctima es una mujer embarazada o una persona obesa, el puño se pone en el tercio inferior del esternón (donde se hace el masaje cardíaco). Después, hay que sujetar el puño con la otra mano y practicar cinco compresiones rápidas y hacia arriba y hacia adentro.

Si la maniobra no ha sido efectiva, hay que realizar de nuevo cinco golpes en la espalda y, alternativamente, cinco maniobras de Heimlich, hasta que expulse el cuerpo extraño o pierda la consciencia. Si el afectado queda inconsciente, hay que colocarle con mucho cuidado en el suelo boca arriba y valorar si respira. Si no lo hace, solicitar ayuda o llamar al teléfono de emergencias 112 y empezar con las maniobras de reanimación cardiopulmonar sin perder tiempo.

5. ¿Cuáles son las señales de un ictus?

Los síntomas y signos del ictus aparecen de forma brusca y es vital actuar con rapidez. En este caso, igual que sucede en el infarto de miocardio, las posibilidades de recuperarse sin secuelas depende, en gran medida, del tiempo que transcurre desde que se manifiestan las primeras señales hasta el diagnóstico y el tratamiento definitivo. Desde la Sociedad Española de Neurología apuntan que hay una alta probabilidad de estar ante un ictus, si el cuadro se inició de manera brusca, en unos minutos, aunque puede prosperar y oscilar a lo largo de horas, y si la persona muestra al menos uno de estos síntomas:

  • Alteración del habla: palabras o sílabas cambiadas, lenguaje incoherente o confuso o problemas de comprensión.
  • Pérdida de fuerza de un lado del cuerpo, con o sin afectación de la cara. En ocasiones, hay desviación de la comisura bucal, que es fácilmente detectable si se le hace sonreír a la persona. Con pedirle que levante ambos brazos, se puede comprobar si hay pérdida de fuerza o sensibilidad en alguna extremidad superior.
  • Pérdida de visión parcial o total de uno o ambos ojos.
  • Pérdida del equilibrio, imposibilidad para mantenerse en pie y caminar.
  • En ocasiones, dolor de cabeza intenso y de aparición brusca.

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