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Otras utilidades


Los nuevos señores de la guerra

Los robots tienen hoy en día muchas utilidades, una de ellas es sustituir a los soldados en operaciones de guerra de alto riesgo o precisión

El soldado de hierro

Según las estadísticas, la tasa de amputaciones en la guerra de Irak es dos veces la de conflictos anteriores, debido principalmente al avance de la tecnología en dos direcciones: la creciente complejidad de las bombas antipersona y los avances de la medicina, que permiten la existencia de heridos donde antes sólo había muertos.

Este factor ha disparado el interés en repuestos biónicos dentro del complejo militar, un campo en el que Hugh Herr, ingeniero robótico en el MIT, ha estado trabajando con 7,2 millones de dólares del Departamento de Veteranos de Guerra. Pero ahora sus productos son tan efectivos que ha devuelto a los soldados heridos la posiblidad de mantenerse en el frente.

C-Leg, su producto estrella, es un robot cuya función es hacer de puente entre la máquina y el cerebro de su portador. Tiene un chip que lee las señales enviadas por el cerebro y las traduce en órdenes, lo que permite al usuario caminar con normalidad del mismo modo que lo haría con una pierna normal; sin pensar en ello. Pero C-Leg es un producto exclusivo para el entorno militar americano. Su versión comercial, Rheo Knee, es el principal producto de la compañía islandesa Ossur Thearpeutics.

Soldados reciclados

C-Leg y otros productos análogos permiten lo que hasta hoy había sido impensable: los primeros soldados reciclados de la historia. "Su experiencia táctica resulta demasiado valiosa para dejarlos atras", explica Franklin Hagenbeck, teniente general y jefe de personal en la armada americana.

George W. Bush: "Cuando hablamos de retiro forzoso estamos hablando de otra época"

Y hay otra cosa: su mera presencia demuestra que hay vida después de una bomba, una inyección de moral para el resto de la tropa. Hasta George W. Bush llegó a decir en el Hospital Militar de Washington: "Cuando hablamos de retiro forzoso estamos hablando de otra época". Hoy en día, aquellos miembros del servicio que han sido heridos en combate pueden mantener el uniforme y su puesto de trabajo. Según los informes del departamento de amputados de Walter Reed, el 40% de los amputados prefieren permanecer en el frente que volver a casa.

Un paso aún más lejos, Hami Kazerooni de la universidad de Berkeley ha creado un proyecto más ambicioso con dinero del departamento de Defensa: un exoesqueleto que, en lugar de sustituir extremidades ausentes mejora las funciones de las extremidades sanas. El último prototipo permite a los soldados transportar setenta kilos de peso sin esfuerzo. Un procesador de Intel, parecido al que utilizamos en nuestros ordenadores, se encarga de procesar los movimientos del usuario y distribuir el peso de manera apropiada. Para el soldado es como si no llevara nada.

¿El escuadrón mortal?

Según el departamento de Defensa americano no hay planes para crear robots completamente autónomos capaces de disparar armas letales sin ningún tipo de control humano. No es una limitación técnica sino moral: la posibilidad de perder el control de una inteligencia artificial armada está demasiado presente en nuestra psique.

Sin embargo, Peter Danielson, director del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Columbia, piensa que la repulsa durará poco: la necesidad de apartar al humano de la línea de fuego es una presión demasiado grande.

John Pike, director de GlobalSecurity, comparte su preocupación, convencido de que la posiblidad de un escuadrón letal fuera del control humano tiene tanto sentido que su desarrollo es casi inevitable, si no ha tenido ya lugar: "Van a ser cada vez más numerosos en el frente y una vez que empiecen a luchar, no habrá fuerza humana capaz de detenerlos".

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