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Discos duros externos SSD

El tamaño reducido, su ahorro energético y la velocidad de lectura de datos son sus principales características

  • Autor: Por JORDI SABATÉ MARTÍ
  • Fecha de publicación: 4 de octubre de 2010
Imagen: Samsung

Las memorias en estado sólido, o SSD, se diferencian de los discos magnéticos en que carecen de componentes móviles, lo que comporta una serie de ventajas, aunque también algunas limitaciones. Se hicieron populares a raíz de la aparición del modelo de ordenador ultraligero MacBook Air de Apple, ya que enseguida se especuló sobre sus posibilidades de incorporación a dispositivos como reproductores multimedia, teléfonos móviles e incluso ordenadores portátiles. Ahora se consolidan en el mercado las unidades de almacenamiento externo, discos duros externos, basados en esta tecnología. Sus principales ventajas son su tamaño, el ahorro energético y la velocidad en la transferencia de datos. Sus limitaciones vienen por la capacidad y el precio.

Las memorias en estado sólido -llamadas así para distinguirlas de las magnéticas, montadas sobre componentes móviles- están basadas en las memorias flash no volátiles, pero con capacidades muy superiores. Así, mientras un "pincho" USB puede llegar entre los cuatro y los ocho gigabytes, los discos duros SSD que se venden en la actualidad alcanzan los 250 gigabytes.

Una memoria escasa si se comprara esta capacidad con la de los discos magnéticos, que pueden llegar hoy en día a un terabyte -1.000 gigabytes- y que se sitúan de media en los 500 gigabytes. Pero no es en razón de su almacenamiento por lo que se les considera interesantes, sino por su reducido tamaño. El usuario busca cada vez más discos portables, que le quepan en el bolsillo sin apenas notarlos, y con un peso reducido.

El usuario busca cada vez más discos portables, que le quepan en el bolsillo sin apenas notarlos

Los discos duros magnéticos tienen un límite de tamaño en relación a la capacidad de almacenamiento, de modo que aunque existen modelos del tamaño de una cajetilla de cigarrillos, su capacidad no supera los 80 gigabytes y su precio es muy elevado. Además, al estar compuestos por partes móviles, el rozamiento de los componentes al moverse genera excesivo calor. Como el espacio interior es muy reducido no se produce una ventilación eficaz y se da un excesivo consumo extra de energía. Por otro lado, los discos magnéticos son más susceptibles a golpes y posibles movimientos bruscos, por lo que se desaconseja usarlos como periféricos portátiles.

Pequeños, silenciosos... y caros

Todas estas desventajas se solucionan en los discos duros externos SSD, que se adaptan muy bien a los tamaños reducidos y no tienen un sobrecalentamiento excesivo. Al ser aparatos compactos, formados por un solo componente que no se mueve al trabajar, tienen menor riesgo de desajustes y pueden alcanzar tamaños mínimos con mayor capacidad de almacenamiento.

Su principal limitación es que por el momento no existen modelos que superen los 260 gigabytes de capacidad de memoria

Los modelos actuales se mueven en el entorno de las dos pulgadas y media, lo que equivale a cinco centímetros de diagonal, un tamaño menor que el de un iPhone. Su peso puede variar de un modelo a otro y según la capacidad de almacenamiento, pero se sitúa en torno a los cien gramos, y en ocasiones menos. Estas características les hacen ideales para la portabilidad, ya que caben en cualquier bolsillo.

Sin embargo, su principal limitación es que por el momento no existen modelos que superen los 260 gigabytes de capacidad de memoria, por lo que se antojan limitados para determinados usos. Así, no resultan adecuados para realizar copias de seguridad de ordenadores, o redes de ordenadores, con discos duros grandes, y tampoco como almacén de excesivos contenidos multimedia, sobre todo de vídeo.

Los modelos que hay en el mercado por lo general se presentan en tres versiones de más a menos capacidad: la primera oscila entre los cincuenta y los ochenta gigabytes; la siguiente alcanza los 130 gigabytes, y la más potente llega a los 256 gigabytes. El problema es que sus precios son comparativamente mucho más elevados que en los discos magnéticos. Un modelo de la versión más baja cuesta casi 200 euros, mientras que la más elevada puede alcanzar los 700 euros. Un disco duro magnético externo de 300 gigabytes no alcanza hoy los 150 euros, aunque sí es cierto que su tamaño y su peso son muy superiores.

Alta velocidad de transferencia

Otra característica por la que destacan los discos SSD es su alta velocidad de lectura de datos, que permite enviarlos a un ordenador mucho más rápido que los discos magnéticos. Las velocidades actuales se mueven en torno a los 250 megabits por segundo, mientras que en los discos magnéticos son hasta diez veces inferiores, si bien depende del tipo de archivo a leer.

Los discos SSD no sólo son rápidos, sino que mantienen la velocidad de transferencia de datos de una manera sostenida

No se alcanzan las mismas velocidades en la escritura de datos en el disco, por problemas intrínsecos de las memorias flash, pero las mejoras en este aspecto han sido notables en los últimos años y los modelos más recientes alcanzan los 200 megabits de datos copiados por segundo, al menos a nivel teórico. También este parámetro es sensiblemente inferior en los discos magnéticos. Además hay que tener en cuenta que los discos SSD no sólo son rápidos, sino que mantienen la velocidad de transferencia de datos de una manera sostenida, mientras que en los discos magnéticos esta oscila con altos y bajos.

Para mejorar la transferencia de datos, algunos de estos dispositivos incorporan el nuevo puerto USB 3.0, mucho más potente que su antecesor USB 2.0 en la circulación de información. El problema es que este estándar todavía no se ha consolidado en el mercado y hay pocos ordenadores compatibles con él, por lo que el usuario deberá comprarse, además del disco SSD, un adaptador al estándar anterior, que es el que rige en la mayoría de aparatos.

Algunos modelos actuales

Imagen: OCZ

La marca OCZ oferta diversos modelos de discos externos SSD de dos pulgadas dentro de su serie Enyo. El OCZ Enyo destaca por incorporar puerto USB 3 y tiene tres versiones de 64, 128 y 256 gigabytes, con precios de 179, 285 y 685 dólares respectivamente. La velocidad de lectura es de 250 Mbps y la de escritura de 200 Mbps.

El fabricante PQI tiene en el mercado el modelo S533-E, con características similares al de Enyo, pero con una velocidad de escritura inferior.

Samsung presenta el modelo Samsung 470, de 2,5 pulgadas de diagonal, con capacidades de 64, 128 y 256 gigabytes, y velocidades de lectura de 250 Mbps y 220 Mbps para la escritura. Aunque no tiene puerto USB 3, presenta un chip interno de procesado de datos conocido como SandForce SF-1200 gracias al cual mantiene altas velocidades de transferencia. Los precios se sitúan en 200, 400 y 700 dólares, siempre según la capacidad de cada versión.

Aviator-2 es el modelo que Active Media Products prometió lanzar a principios de 2010, aunque todavía no se sabe de su incorporación en el mercado español. Su principal característica sobre el resto es que alcanza velocidades de lectura de datos de hasta cuatro gigabits por segundo siempre que la transferencia se dé entre dos puertos USB 3.




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