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¿Qué beneficios tiene andar descalzo en los niños?
Caminar sin zapatos no es lo mismo que usar calzado barefoot, pero se asemeja. En los bebés, ir descalzo tiene numerosas ventajas para su desarrollo físico y emocional. De esta forma, les ayuda a formar el arco plantar, por lo que les previene de malformaciones como los pies planos, además de que contribuye a fortalecer las articulaciones y músculos del pie, así que estará más protegido frente a las típicas lesiones del deporte infantil. Y, por otro lado, también fomenta la maduración de su sistema nervioso y, por tanto, su desarrollo cognitivo.
Por supuesto, andar descalzo mejora la postura y el equilibrio, como también facilita la circulación sanguínea de niños y adultos. Además, ayuda a reducir dolores de espalda, cuello y piernas y liberar el estrés. Y es que no solo proporciona sensación de libertad: si tu hijo pisa descalzo la arena o el césped, la conexión con la naturaleza del niño es mayor y, en consecuencia, más beneficiosa.
Peligros para los pies sin calzado en playas y espacios verdes
A pesar de todas estas ventajas, andar descalzo también tiene sus inconvenientes. Y no es que los peques tengan mayor riesgo de resfriarse, porque no, ni en invierno ni en verano el frío en los pies provoca catarros ni neumonías, como se piensa.
En verano, ir sin calzado por la arena o el césped conlleva ciertos riesgos de los que los menores no son ajenos.
- Los rayos del sol pueden ocasionar quemaduras en los pies.
- Caminar descalzo por zonas húmedas de piscinas o baños públicos puede causar contagios por hongos o virus como el papiloma humano (VPH).
- Las picaduras de insectos también suponen un riesgo para los peques, pero tanto con calzado como sin él.
- Y, además, pueden producirse heridas en los pies por tener incrustado un objeto de pequeño tamaño o restos punzantes superficiales.

👉 ‘Cuerpos extraños’ en pies
Pero hay un problema común en playas marinas, playas fluviales y espacios verdes a los que los niños y niñas sin calzado pueden tener que enfrentarse: padecer ‘cuerpos extraños’ en la piel de los pies.
¿Y qué son ‘cuerpos extraños’? Son objetos punzantes, como astillas, púas vegetales o animales (como las de la oruga procesionaria del pino o de un erizo de mar), espinas o pinchos (de cactus o pino), cristales o pelos de animal, que se quedan clavados en la piel, generalmente en las plantas de los pies. “Muchas veces no se ven porque tienen un tamaño muy pequeño o son muy finos, pero generan dolor y dificultad para caminar”, explica en una nota Jorge Escoto, podólogo y miembro de la junta directiva del Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunidad Valenciana (ICOPCV).
Y es que precisamente esta sociedad médica alerta de que este año en las playas valencianas podría haber más de estos ‘cuerpos extraños’ por la dana del pasado octubre, y por tanto más problemas en los pies, debido a que la corriente los ha ido arrastrando hasta los arenales.
Cómo saber si mi hijo tiene un ‘cuerpo extraño’ clavado en el pie
Los podólogos señalan que el síntoma más destacable de tener un ‘cuerpo extraño’ en el pie es sentir que sufrimos un dolor punzante al tacto: se nota que hay algo al presionar la zona, aunque no pueda verse. Los peques quizás nos digan “mamá/papá, tengo algo clavado en el pie” o “tengo un pincho en el dedo” o, si son bebés, puede que estén más nerviosos o eviten apoyar bien el pie al andar. Por eso, es aconsejable observar sus pies en sus baños diarios tras las jornadas de playa.
Además, dependiendo del tamaño y la naturaleza del objeto, puede haber enrojecimiento local, infección o, incluso, sangrado.
Qué hacer cuando un niño se clava algo en el pie
Cuando tu hijo sufra una herida en el pie por tener incrustado un objeto de pequeño tamaño o presenta restos punzantes superficiales y de extracción sencilla, puedes quitarlos con unas pinzas bien limpias. A continuación, habría que lavar la herida con agua y jabón y después desinfectarla con clorhexidina.

Pero si tu hijo tiene un ‘cuerpo extraño’ o síntomas como los descritos anteriormente, los expertos recomiendan no apoyar el pie y acudir al podólogo. ¿Por qué? Es el profesional con los conocimientos y el instrumental necesario para poder extraer correctamente ese ’cuerpo extraño’, sin dañar el resto de tejidos.
De hecho, en su consulta muchas veces es preciso apoyar la exploración con una ecografía de la zona o una radiografía convencional, y puede que hasta paute algún tratamiento o control. Además, en el caso de menores diabéticos, el problema puede ser mayor. “Presentan muchas dificultades para cicatrizar y pueden generar úlceras”, aclara Escoto.
Aun así, es conveniente lavar y desinfectar bien la zona antes de ir al podólogo. De este modo, evitaremos una posible infección por bacterias u hongos que podrían portar los objetos naturales que se han incrustado en el pie. Son comunes las infecciones por Staphylococcus aureus (con síntomas como dolor, enrojecimiento, hinchazón y pus) o por Clostridium tetani (el conocido como tétanos, con síntomas como rigidez muscular, espasmos dolorosos, dificultad para respirar y tragar y convulsiones).
Qué no hacer ante un posible ‘cuerpo extraño’
Sin embargo, muchos padres y madres creen que las astillas salen solas o que ellos mismos pueden quitar el pincho del pie de su hijo con la ayuda de una pinza o una simple pomada, por ejemplo. Pero los especialistas lo desaconsejan, ya que se corre el riesgo de agravar el problema con posibles infecciones, heridas o úlceras.
De hecho, estos son los errores más comunes que se suelen cometer al querer sacar del pie algo que se ha clavado:
- Presionar la zona, ya que el ‘cuerpo extraño’ podría penetrar más en la piel.
- Intentar extraer la astilla con las uñas; lo más probable es que se dañe la zona.
- Sacar el ‘cuerpo extraño’ con unas pinzas de depilación. Es fácil que apriete demasiado y, entonces, se parta, lo que complicará aún más su extracción.
Cómo prevenir la entrada de ‘cuerpos extraños’ en los pies de los menores
Llevar calzado protege el pie infantil de todos estos inconvenientes. Pero ¿cuál elegir para playas y piscinas?
Los expertos no aconsejan los zuecos de resina o plástico en los niños, pues no sujetan el pie, sino que favorecen la garra en los dedos y los pies no tienen estabilidad, además de que con este tipo de zapatos el pie no transpira. Por supuesto, tampoco conviene usar chanclas todo el rato por la misma razón: la falta de sujeción del talón origina una posición en garra involuntaria de los dedos.
“Mi consejo es acudir a playa o piscina con el calzado de piel habitual y allí cambiar a las chanclas o cangrejeras”, afirma en otra nota Jairo Casal, podólogo de la Unidad de Podoactiva del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre. Y en el caso de las playas valencianas, extremar las precauciones, como apuntan el ICOPCV: evitar caminar descalzos por la arena de la playa y utilizar escarpines para el baño.


