Entrevista

«¡Cuánta gente con la etiqueta de ‘coach’ o de experto en nutrición y dietética está fomentando relaciones insanas con el cuerpo!»

Fátima Pérez, directora de la Asociación Bulimia y Anorexia de A Coruña (ABAC)
Por Francisco Cañizares de Baya 6 de febrero de 2026
Fátima Pérez directora de ABAC
Imagen: Fátima Pérez
Somos eternos aprendices. Desde niños aprendemos a socializar, gestionar las emociones, resolver problemas o llevar a cabo actividades cotidianas tan básicas como comer. Por muy instintivas que nos parezcan algunas de estas actividades, hay circunstancias en la vida que invitan a volver sobre el camino andado y revisar lo que se ha aprendido. Esa es la función del comedor terapéutico que desde 1996 gestiona la Asociación Bulimia y Anorexia de A Coruña (ABAC) al que acuden personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Su directora, Fátima Pérez, explica la trascendencia terapéutica que para ellas tiene deshacerse de hábitos y enfrentarse a emociones que asocian a la comida y perjudican su salud.
¿Por qué una persona con un trastorno de la conducta alimentaria necesita aprender de nuevo a comer?

Porque ha perdido esa capacidad y el propio trastorno hace que tenga una distorsión en su relación saludable con la comida. El trastorno tiene un impacto emocional que genera miedo y ansiedad con la comida, y eso hay que reconducirlo de forma que la persona se sienta bien emocionalmente a la hora de comer. 

¿Qué se entiende exactamente por «reaprender»?

Se trata de sensibilizar, de quitar esos miedos que le bloquean. La persona con un trastorno de la conducta alimentaria ha perdido las sensaciones con el cuerpo y con los alimentos, y es necesario que se conecte de nuevo con sensaciones fisiológicas de hambre o del control de los alimentos. Por ejemplo, la sensación de tener hambre que todos experimentamos, en estas personas está sesgada o incluso es inexistente. 

¿Qué características reúne el comedor terapéutico para facilitar ese aprendizaje? ¿De qué herramientas disponen?

La clave del éxito del comedor terapéutico es el personal que acompaña constantemente a los pacientes durante las ingestas. Este personal siempre es uno de los psicólogos que tenemos en la asociación y la dietista-nutricionista. Durante toda la ingesta, incluso antes, se prepara al paciente para reducirle un poquito los niveles de ansiedad y corregirle ciertas conductas que tiene en la mesa, como desmigar el pan o cortar en trocitos muy pequeños la comida. Además de corregir esos hábitos, se trata de darles el apoyo y el sostén que necesitan para enfrentarse a sus miedos, que es la comida que tienen delante del plato. 

¿Qué alimentos son especialmente problemáticos para alguien con un trastorno de este tipo?

Los carbohidratos, los azúcares, las grasas, todo lo que ellos identifiquen como algo que les va a aumentar su corporalidad o que les va a hacer engordar. En estas personas es muy característica la inflexibilidad mental, la rigidez que les lleva a tener ideas preconcebidas de cuáles son los alimentos prohibidos que no deben incluir en la ingesta. 

Al margen de las personas que tienen, por ejemplo, diabetes o algún tipo de alergia, ¿todas comen lo mismo? 

A las personas que están en infrapeso se les refuerza un poquito el menú y también se han contemplado las alergias alimentarias, pero excepto los casos que médicamente lo necesiten, todo el mundo come lo mismo.

¿Pueden usar móviles u otros dispositivos electrónicos durante la comida? 

No. Una vez que entran al comedor terapéutico hay una cajita donde todos los pacientes depositan sus móviles para que no haya distracciones. El objetivo es que hagan una alimentación consciente, no anden chateando y haciendo un uso indebido del móvil.

¿Disponen de un tiempo limitado para comer? 

El tiempo establecido es de una hora. Se trata de que puedan comer con tranquilidad, enfrentándose a sus miedos. La comida en invierno empieza a las dos y media y a las tres y media tiene que haber finalizado. 

comedor ABAC
Imagen: Fátima Pérez / ABAC
¿Cuál es el resultado de ese reaprendizaje?

En el comedor terapéutico reconectan con la buena relación que debemos tener todos con la alimentación. Los resultados que hemos alcanzado están dentro de los estándares de éxito clínico con la patología de salud mental en general. 

¿Hay recaídas? 

En algunos casos sí, hay recidivas, como en cualquier otra enfermedad de salud mental.

¿Un trastorno de la conducta alimentaria es crónico, se convive con él durante toda la vida?

No, ese es uno de los sesgos y estigmas que tiene esta enfermedad. En el imaginario colectivo se ha perpetuado la idea de que lo único que puede hacerse es aprender a convivir con el trastorno, en el mejor de los casos. Esto no es cierto. Hay gente que supera un trastorno de la conducta alimentaria y nunca más en la vida vuelve a tenerlo. El problema es que en salud mental es muy fácil que se precipiten las altas terapéuticas, porque a veces son procesos muy largos y el paciente se cansa, por decirlo de alguna manera, y precipita su alta cuando a criterio de los terapeutas no debería tenerla. 

¿En esos casos es más fácil la recaída?

Sí, porque el paciente cree que ha mejorado mucho, siente que ya está curado, pero no lo está. Muchas de las recaídas son por no cerrar bien el tratamiento terapéutico, aquí y en todos los dispositivos para abordar estos problemas. En ese sentido, aprender a comer o estar en el comedor terapéutico es un elemento más del tratamiento.

¿Ese aprendizaje implica de alguna manera a las familias?

Sí. Nosotros contemplamos desde el inicio del tratamiento la implicación de la familia o la pareja, es decir, el núcleo de sostén de ese paciente. Hay que tener en cuenta que este es un dispositivo que, en el caso más intensivo, está disponible de lunes a viernes. Los fines de semana y festivos los pacientes siempre conviven con la familia. En la estructura normal de una consulta entra el paciente y habla con el terapeuta, y cuando acaba entra la familia, y luego ya todos en común. No se trata de contrastar opiniones, sino más bien de dar pautas a la familia para que ayude. Todos tenemos que remar en el mismo sentido.

¿Se les proporciona formación?

Con las familias se hacen talleres de nutrición, porque todos tenemos ideas equivocadas sobre qué es saludable y qué no, sobre las cantidades de la ingesta o la relación con la comida. También se les da indicaciones como que, en la medida de lo posible, hay que comer todos juntos. Además, se les indica que es bueno que desarrollen el sentido crítico con los hijos, porque al final no puedes exponerlos al mundo general sin ciertas herramientas para que estén protegidos. Tampoco es bueno que estén completamente aislados en una burbuja, pero es bueno que estén siempre bajo el amparo familiar. 

¿Por qué su local tiene, además de un comedor, un espacio de descanso?

Porque es bueno para rebajar en los pacientes un poco el nivel de ansiedad que se genera durante la ingesta. Por otra parte, conviene estar en reposo por una cuestión fisiológica: necesitan reposar la comida y no hacer actividad física inmediata. El espacio se aprovecha también para actividades complementarias que lleva nuestra educadora social; hace un poco una labor de terapia grupal para enfrentarse a los miedos. Son características del tratamiento, no solo es comer y ya está.

¿Qué otras actividades hacen?

Actividades un poquito más lúdicas para que ellas (la mayoría son mujeres) no identifiquen el momento de la comida como algo dramático o negativo, sino que socializan, lo pasan bien. Ese espacio es muy importante porque después de comer muchas veces tienes sentimientos de culpa, de ansiedad. Más allá de una conducta problemática con la comida, son seres humanos que sufren, que están enfrentándose a miedos y es muy importante que, igual que se interviene en la conducta puramente alimentaria, se haga en toda la esfera emocional.

En una sociedad que ha normalizado conductas poco sanas con la alimentación (comida basura, comer con el móvil, etc.), ¿nos vendría bien a todos un reaprendizaje? 

La alimentación consciente es una recomendación general. A veces es bueno detenerse y pensar qué estamos haciendo. La alimentación es un pilar de nuestra salud y conviene dejar aparcadas las dietas, la alimentación de moda que se dé en ese momento, y ser un poco más conscientes de qué es nutrirse adecuadamente. Además de no hacer caso a los extremistas de las redes sociales que te bombardean con ideas que no son del todo adecuadas ni saludables. 

¿Por qué es tan importante la comida consciente para cualquier persona?

Porque tiene que ver con el pensamiento crítico sobre la comida. Las redes sociales nos bombardean con muchísima información y tenemos un estilo de vida donde estamos sobreocupados y sobreestimulados, con una sensación de estar constantemente que no podemos llegar a la hora. Ese pensamiento crítico con la comida es calidad de vida, más allá de que pueda entrar dentro de una patología o no.

¿Los trastornos de la conducta alimentaria afectan, sobre todo, a adolescentes y jóvenes? 

Lo más común es que debute en la adolescencia porque es un momento donde son más vulnerables, pero no tiene por qué. Es una creencia generalizada de que esto es una cuestión de niñas y jovencitas, pero hay pacientes de todas las edades, pacientes de 50 o 60 años, personas que llevan arrastrando un trastorno desde jovencitas y no le han puesto antes solución. 

¿Cómo debuta en la edad adulta? 

Es muy típico que lo haga con una crisis en la vida como un divorcio o una muerte. Puede estar latente y debutar con un momento de la vida estresante. 

¿Cómo influyen las redes sociales en los trastornos de la conducta alimentaria?

¡Cuánta gente que se pone la etiqueta de coach y de experto en nutrición y dietética lo único que está fomentando son relaciones insanas con el cuerpo! Se están fomentando pensamientos y comportamientos muy rígidos en los que se transmite la idea de que no hay puntos intermedios, todo es bueno o malo. Y ese tipo de mensajes en las redes sociales están muy presentes, y en una población vulnerable como los adolescentes son muy dañinos.

¿En las redes sociales sigue fomentándose un modelo de belleza único?

Es un ideal de belleza totalmente ficticio, y uno de los factores precipitantes de acabar sufriendo un trastorno de la conducta alimentaria puede ser algo tan común en nuestra sociedad como ponerse a dieta.

¿Ese modelo nos lleva a todos a hacer comentarios fuera de lugar sobre la apariencia física?

¿Quién de nosotros no ha dicho: “Fulanita, fíjate cómo ha engordado o cómo ha adelgazado, qué guapa está o qué fea está”. Deberíamos  acostumbrarnos a no hacer comentarios de la corporalidad de nadie.

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