A diferencia de lo que suele pensarse, los mosquitos no se alimentan principalmente de sangre. Su dieta habitual es el néctar de las plantas, pero, como explica Carles Aranda, responsable del Servei de Control de Mosquits del Consell Comarcal del Baix Llobregat, nos pican por pura necesidad fisiológica: “Necesitan las proteínas de nuestra sangre para madurar los huevos y para hacer con éxito la puesta”.
Y, con los mosquitos, llega también el eterno debate del verano: ¿Por qué algunas personas amanecen cubiertas de picaduras mientras otras parecen salir indemnes? Lo primero que aclaran los expertos es que nadie es completamente inmune. “Lo que sucede muchas veces es que algunas personas no experimentan reacciones. Así que, simplemente, no se dan cuenta, pero les han picado exactamente igual”, aclara Roger Eritja, responsable de Entomología de la plataforma de investigación científica Mosquito Alert.
Los mosquitos identifican a sus víctimas en tres pasos
En efecto, hay personas con más papeletas para acabar llenas de picaduras, pero no por tener una sangre más “dulce” ni porque los mosquitos tengan predilección por ellas. Sus preferencias responden a señales mucho más sutiles: olor corporal, calor, dióxido de carbono, ropa e incluso genética.
Según un estudio publicado en 2015 en la revista científica Current Biology, los mosquitos localizan a sus víctimas combinando tres señales: olfato, vista y sensibilidad al calor.
- Primero detectan el dióxido de carbono (CO2) que expulsamos al respirar, una señal que pueden percibir a decenas de metros de distancia y que les pone en alerta.
- A medida que se acercan utilizan la vista, con una clara preferencia por los colores oscuros, especialmente el negro.
- Por último, cuando ya están cerca, el calor corporal les permite localizar con precisión a la víctima y decidir dónde aterrizar.
“Solo le prestan atención a los estímulos visuales después de haber detectado el olor que indica la proximidad de una posible víctima. Eso garantiza que no desperdician su tiempo investigando blancos inútiles como rocas o vegetación”, comentan los autores del estudio.
Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras

En la práctica, todos estos estímulos actúan de forma combinada, lo que hace muy eficaz la localización de la víctima. Sin embargo, ese mismo sistema no actúa igual sobre todas las personas. Algunos factores hacen que unas resulten más visibles o atractivas para los mosquitos que otras.
🦟 El dióxido de carbono
El primero de ellos es el estímulo que les pone en marcha, el CO2. Cuanto mayor es la cantidad que una persona emite al respirar, más atractiva resulta.
- Eso explica que sea más habitual que los mosquitos piquen a personas de mayor envergadura o a las que realizan ejercicio físico.
- Algunos estudios, añade Carles Aranda, también han observado una mayor incidencia de picaduras en mujeres embarazadas. Una de las posibles explicaciones es que durante el embarazo aumenta el metabolismo basal, lo que eleva ligeramente la temperatura corporal y la cantidad de dióxido de carbono (CO2) que se exhala. Ambos factores hacen que resulten más atractivas para los mosquitos.
🦟 El color de la ropa
El segundo factor tiene que ver con la ropa que vestimos. Una investigación publicada en Nature Communications observó que los mosquitos muestran preferencia por determinados colores, especialmente el rojo, el naranja, el negro y el cian (un color brillante, de tonalidad intermedia entre el azul y el verde).
En cambio, prestan mucha menos atención a tonos como el blanco, el azul, el verde o el morado. Aunque el color de la ropa no determina por sí solo si recibiremos más picaduras, las prendas claras pueden ayudarnos a pasar más desapercibidos para estos insectos.
🦟 El olor corporal
El tercer factor es el olor corporal. Aunque no lo percibamos, nuestra piel libera una compleja mezcla de compuestos químicos que los mosquitos son capaces de detectar.
Un estudio publicado en 2022 en la revista científica Cell observó que las personas especialmente atractivas para estos insectos generan mayores cantidades de ácidos carboxílicos, producidos en el sebo de la piel.
Ese mismo año, otra investigación publicada en BMC Microbiology concluyó que la atracción que ejercemos sobre los mosquitos también está relacionada con la composición de nuestra microbiota cutánea, es decir, con los microorganismos que habitan en la superficie de la piel y que influyen en el olor corporal que emitimos.
🦟 El momento del día
Este patrón varía según el tipo de mosquito. En las especies activas durante el día, la visión tiene un papel más destacado.
En cambio, las que pican por la noche —especialmente en interiores— dependen mucho menos de la vista y se orientan en mayor medida por el rastro de CO2, las pequeñas diferencias de temperatura que genera nuestro cuerpo en el aire que lo rodea y las sustancias químicas que emite la piel, imperceptibles para nosotros pero fácilmente detectables por estos insectos.
🦟 La genética
Pero los mosquitos no solo se guían por el CO2, la ropa o el olor corporal. La genética también parece influir. Un estudio realizado con mosquitos Aedes aegypti encontró que existe un componente hereditario detectable a través del olfato, lo que sugiere que la predisposición a recibir más picaduras podría estar, al menos en parte, determinada por nuestros genes.
🦟 El consumo de alcohol
También se ha investigado el papel del alcohol. Algunos estudios experimentales han observado que el consumo de cerveza puede aumentar de forma significativa la atracción de los mosquitos hacia una persona. Todo parece indicar que el alcohol altera la química corporal, especialmente las señales químicas asociadas a nuestro aroma, aunque no se sabe con precisión qué mecanismos están implicados en este proceso. No obstante, se trata de resultados obtenidos en condiciones experimentales, por lo que su alcance en situaciones reales aún no está del todo claro.


