Un plato de brócoli intacto mientras las patatas fritas desaparecen en segundos: conseguir que niños y adolescentes coman verduras es una batalla habitual en muchos hogares. Un estudio internacional ha puesto cifras a ese tira y afloja en la mesa; confirma que el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas entre los menores de 19 años es insuficiente en buena parte del mundo.
La investigación, realizada por el Food is Medicine Institute de la Universidad Tufts (EE. UU.), ha analizado la ingesta de estos alimentos por menores de 19 años de 185 países. Los resultados dejan poco margen para el optimismo: el consumo está muy lejos de las recomendaciones de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sitúa en cinco las raciones diarias que deben tomarse de frutas y verduras. España no sale especialmente bien parada en esta foto global: se encuentra en el grupo de cola, junto a Pakistán y Reino Unido.
🌍 Radiografía global del consumo de frutas y verduras
El estudio, publicado en la revista BMJ Global Health y liderado por el Food is Medicine Institute de la Universidad Tufts (Massachusetts, EE. UU.), es el primero que examina el consumo de alimentos vegetales en el tramo de edad de 0 a 19 años a escala mundial.
El equipo, encabezado por la investigadora Sydney Yearley y el cardiólogo Dariush Mozaffarian, se apoyó en la Base de Datos Dietética Global (Global Dietary Database), un compendio de más de 1.200 encuestas alimentarias realizadas en 185 países que cubre aproximadamente el 99 % de la población mundial.
Concretamente, los investigadores rastrearon el consumo de cinco grupos de alimentos: fruta, verdura sin almidón, verdura con almidón (excluyendo la patata), legumbres y frutos secos o semillas, entre 1990 y 2018. El trabajo se planteó tres objetivos:
- Examinar el consumo de estos alimentos a nivel global, regional y nacional.
- Analizar las diferencias según la edad, el sexo, el nivel educativo del hogar y el grado de urbanización.
- Evaluar cómo ha evolucionado esa ingesta a lo largo de casi tres décadas.

🥦 Los niños y adolescentes comen pocas frutas y verduras
El estudio revela que, a escala mundial, el consumo de frutas, verduras, legumbres y frutos secos es bajo en prácticamente todos los tramos de edad.
Aunque la ingesta aumenta conforme los menores crecen, el avance es insuficiente: los bebés menores de un año apenas alcanzan 1,19 raciones diarias, y los adolescentes de 15 a 19 años llegan a 3,55 raciones, todavía muy lejos de las cinco raciones que recomiendan la OMS y las principales autoridades sanitarias.
El estudio detecta además grandes diferencias geográficas:
- Sur de Asia. Concentra los niveles más bajos en todos los grupos de edad.
- Este y sudeste asiático. Destacan por cifras más altas, impulsadas por una tradición culinaria rica en verduras sin almidón.
- América Latina y el Caribe. Predominan los vegetales con almidón, que elevan la ingesta total pero no siempre aportan la misma densidad nutricional.
- Oriente Medio, norte de África y países de la antigua URSS. Se sitúan también entre los registros más bajos.
Este mapa global muestra que el déficit de alimentos vegetales saludables es un fenómeno extendido, pero con intensidades muy distintas según región, cultura alimentaria y disponibilidad de productos frescos.
⛔ España, una posición preocupante en la clasificación mundial
En este contexto, la posición de España resulta especialmente llamativa. El país se sitúa entre las tres últimas naciones del ranking, junto con Pakistán y Reino Unido, en consumo de alimentos vegetales saludables entre menores de 19 años.
La media española es de 1,35 raciones diarias (intervalo de incertidumbre: 1,10–1,75), una cifra que no solo queda lejos de las recomendaciones internacionales, sino que contrasta con los países que lideran la clasificación.
Los mejores resultados del estudio corresponden a México, con 5,18 raciones diarias; República Democrática del Congo, con 4,38; y Vietnam, con 4,28. Son cifras que, según los autores del estudio, reflejan patrones culturales, disponibilidad de alimentos frescos y estructuras familiares donde la cocina casera sigue siendo predominante.
Es toda una paradoja, ya que España, un país históricamente asociado a la dieta mediterránea, esté entre los que menos alimentos vegetales saludables ofrecen a sus jóvenes.

👧 Un patrón que se invierte en los países con más recursos
El hallazgo quizá más revelador del estudio es cómo la edad altera la calidad de la dieta en los países con mayor renta. En buena parte del mundo, a medida que los niños crecen, su consumo de alimentos vegetales mejora, aunque sin alcanzar los niveles recomendados. Pero en España y en otras economías desarrolladas ocurre justo lo contrario: la adolescencia marca un punto de inflexión y la dieta empeora de forma notable.
El caso de Estados Unidos es el ejemplo más claro. Según los investigadores, los menores estadounidenses pasan de situarse entre los que más frutas y verduras consumen en la primera infancia a caer, ya en la adolescencia, a las posiciones más bajas del mundo.
La explicación es directa: cuando aumenta la autonomía, la dieta se resiente. En los primeros años, los padres controlan lo que comen los niños y suelen seguir pautas nutricionales. Pero al llegar la adolescencia, los jóvenes empiezan a decidir por sí mismos y quedan expuestos a comida rápida, ultraprocesados, publicidad agresiva y hábitos sociales que favorecen comer fuera de casa o recurrir a tentempiés poco saludables.
🥗 Las desigualdades también se comen
El estudio revela que dentro de cada país también hay brechas claras: los menores que viven en zonas rurales, los que pertenecen a hogares con menor nivel educativo y los varones consumen, de media, menos alimentos vegetales saludables que sus pares urbanos, de familias con más formación o las niñas.
Estas diferencias responden a determinantes sociales ya conocidos (nivel educativo de los padres, situación económica, lugar de residencia o acceso a productos frescos) que condicionan de forma directa lo que acaba en el plato de un menor.
Por ello, los investigadores insisten en que las estrategias para revertir esta tendencia deben adaptarse a cada país y tener en cuenta estas desigualdades, en lugar de limitarse a campañas genéricas que animen a “comer más fruta y verdura”.
Reclaman políticas públicas más decididas: mejorar la disponibilidad de alimentos frescos y asequibles, reforzar la educación nutricional desde edades tempranas y reducir las brechas sociales que hacen que unos niños coman mucho mejor que otros solo por dónde han nacido o cuánto ganan sus padres.


