El calabacín lo tiene todo para ocupar un lugar destacado en la mesa: es un alimento poco calórico y de fácil digestión, tiene efecto diurético y su aporte de fibra nos ayuda a sentirnos saciados. Además, es muy versátil y rinde un montón, porque del calabacín se aprovecha todo: si se lava bien, no hay necesidad de quitarle la piel, y hasta se puede comer crudo. ¿Cómo prepararlo? Aquí van algunas ideas.
Maneras de preparar calabacín
Por un par de euros, o menos, podemos comprar un kilo de calabacines, mejorar unas cuantas recetas y preparar deliciosos platos, desde los más sencillos hasta los más elaborados.
🔸 En frío, perfecto para el verano
Cuando suben las temperaturas, el calabacín también encuentra su lugar en recetas frescas y ligeras. Una crema fría de calabacín con manzana es una alternativa suave y refrescante, mientras que una ensalada con tomate, aceite de oliva y hierbas aromáticas resulta ideal como entrante. También puede rallarse para preparar una salsa de yogur o servirse crudo, cortado en bastones, acompañado de hummus, guacamole o una crema de queso para un aperitivo saludable.
🔸 A la plancha o salteado
Es, probablemente, una de las formas más rápidas y saludables de cocinarlo. Cortado en rodajas, medias lunas o dados, basta con saltearlo unos minutos con aceite de oliva, ajo y pimienta para obtener una guarnición perfecta para carnes, pescados o incluso platos de arroz y pasta.

🔸 En tortilla
El calabacín también puede convertirse en el ingrediente estrella de una tortilla ligera y muy jugosa. Solo hay que cocinarlo previamente para eliminar parte de su agua antes de mezclarlo con huevo batido. La receta admite además cebolla, queso o hierbas aromáticas para potenciar el sabor.
🔸 Al horno
Las preparaciones al horno permiten conservar toda su jugosidad. Puede cocinarse en rodajas con un toque de aceite de oliva y especias, gratinado con queso o relleno de carne, pescado, arroz, quinoa o verduras, convirtiéndose en un plato completo y equilibrado.
🔸 Frito y rebozado
Para quienes buscan una opción más crujiente, el calabacín rebozado sigue siendo un clásico. Antes de freírlo conviene dejar reposar las rodajas unos minutos para que pierdan parte de su humedad. Así absorberán menos aceite durante la fritura. Una vez cocinado, basta con colocarlo sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa y conseguir un resultado más ligero.
🔸 En cremas
Más allá de las versiones frías, el calabacín es uno de los ingredientes habituales en las cremas de verduras. Combinado con puerro, cebolla o patata, da lugar a platos suaves, reconfortantes y de textura muy cremosa.

🔸 Imprescindible en el pisto
Hablar de calabacín es hablar también de pisto. Esta hortaliza aporta jugosidad y equilibrio a una de las recetas más tradicionales de la gastronomía española. El pisto puede servirse como plato principal, acompañar carnes y pescados o utilizarse como base para pizzas caseras, empanadas o platos de pasta.
🔸 Mucho más que una guarnición
La versatilidad del calabacín va mucho más allá de las recetas clásicas. Puede cortarse en finas láminas para preparar un carpaccio, transformarse en espaguetis vegetales como alternativa a la pasta, incorporarse a brochetas de verduras para la parrilla o formar parte de arroces, risottos y lasañas. Incluso encuentra su sitio en recetas de repostería, como bizcochos o muffins, donde aporta jugosidad sin alterar apenas el sabor.


