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El papel de las grasas durante el embarazo

Los ácidos grasos esenciales son fundamentales para un adecuado desarrollo del feto durante la gestación.

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 11 abril de 2003

El embarazo es un proceso que requiere de un aporte extra de energía, debido al crecimiento y mantenimiento de las estructuras de la placenta y del feto, los cambios del organismo de la madre para adaptarse a la nueva situación y al aumento del metabolismo basal (energía necesaria para las funciones vitales en condiciones de reposo). Las estimaciones del gasto energético total de la mujer embarazada no siempre son iguales, si bien en general se recomienda un aporte extra de 250 a 300 calorías a partir de la segunda mitad de la gestación. La dieta ha de ser equilibrada en cantidad y tipo alimentos a consumir. Así mismo, se debe tener en cuenta su distribución a lo largo del día, desde el desayuno hasta la cena.
En lo que se refiere al consumo diario de grasas (de los alimentos y de aliño), estas deben suponer un 30%, o bien un 35% del gasto energético total siempre y cuando ese aumento sea a expensas de un mayor consumo de aceite de oliva. Deben predominar las grasas insaturadas (monoinsaturadas y en menor proporción poliinsaturadas), sobre las saturadas y se ha se asegurar un adecuado suministro de ácidos grasos esenciales, aquellos que el organismo por si solo no puede producir y que por tanto debe sustraer de la alimentación diaria.


No todas las grasas son iguales...

Además de ser una fuente de combustible energético para nuestro organismo, la grasa desempeña otras funciones fundamentales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo: constituye una reserva muy importante de energía (tejido adiposo o graso), colabora en la regulación de la temperatura corporal (grasa subcutánea), envuelve y protege órganos vitales como el corazón y riñones, es el vehículo de transporte de las vitaminas liposolubles (A, D, E, K) facilitando así su absorción, resulta imprescindible para la formación de determinadas hormonas, suministra ácidos grasos esenciales (linoleico y linolénico) para nuestro organismo e interviene en la buena palatabilidad de los alimentos (sensación agradable que producen los alimentos en la boca).
Grasas saturadas:
Son aquellas que, consumidas en exceso, elevan el nivel de colesterol en sangre. A pesar de ello, las grasas saturadas deben estar presente en nuestra dieta diaria, eso sí en las cantidades adecuadas; sin exceso ni defecto. Deben suponer el 10% o menos de las calorías totales de la alimentación diaria.
Fuentes alimenticias: grasas lácteas (mantequilla, nata o crema de leche), manteca, tocino, sebos, grasa de la carne y sus derivados (embutidos y vísceras o depojos) y aceites vegetales de coco y de palma hidrogenados que se emplean en productos de repostería industrial envasada y en la elaboración de algunos snacks.
Grasas insaturadas:
Son aquellas que protegen nuestros vasos sanguineos y corazón, por lo que en ocasiones se las denomina "cardiosaludables".
Las hay de dos tipos: monoinsaturadas (ácido oleico) y poliinsaturadas. Estas últimas incluyen las grasas de tipo omega-6 y omega-3.
* Omega-6: ácido linoleico, esencial.
* Omega-3: grasa del pescado azul -EPA y DHA (ácido eicosapentanoico y docosahexanoico)- y ácido linolénico, esencial y a partir del cual en nuestro organismo se sintetizan los ácidos grasos EPA y DHA.
Las grasas monoinsaturadas deben suponer un 15-20% y las poliinsaturadas, aproximadamente el 7% de las calorías de la dieta diaria.
Fuentes alimenticias de grasa monoinsaturada: aceite de oliva, aguacate y olivas.
Fuentes alimenticias de grasa poliinsaturada y ácidos grasos esenciales: aceites de semillas (girasol, maíz, soja), margarinas 100% vegetales, frutos secos grasos y aceite de hígado de bacalao.


Necesidades de ácido grasos esenciales
en la gestación

Una mujer embarazada adquiere a lo largo de la gestación unos 600 g de ácidos grasos esenciales (en torno a 2,2 gramos/día). Durante el primer trimestre de gestación, el desarrollo embrionario requiere una cantidad pequeña de ácidos grasos esenciales adicionales, pero la acumulación materna normal de grasas y el crecimiento uterino, así como la preparación del desarrollo de las glándulas mamarias, representan una demanda considerable. En el segundo y, sobre todo, en el tercer trimestre, la expansión del volumen sanguíneo y el crecimiento de la placenta y del feto incrementan esas necesidades.

Estudios recientes sugieren que durante el embarazo se produce una relativa carencia de ácidos grasos poliinsaturados y se está investigando la posibilidad de que el DHA, esté relacionado con la prevención de nacimientos prematuros y de la hipertensión relacionada con el embarazo. Por ello, resulta conveniente fomentar, tal y como recogen las recomendaciones de dieta equilibrada, el consumo de pescado (mínimo cuatro raciones semanales) en detrimento del de carne, así como el de aceites de oliva y semillas (girasol, soja....) y de frutos secos, entre los que destacan la nuez y la almendra, dada su abundancia en ácido linolénico.

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