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Los trastornos sexuales durante el embarazo

En la gestación se debe cuidar la sexualidad, no solo como fuente de placer, sino para reforzar la unión y la comunicación con la pareja

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 2 diciembre de 2011

Quienes se enfrentan por primera vez a la aventura de tener un hijo ven cómo su vida sexual cambia. Los especialistas aseguran que, si no hay riesgo de parto prematuro o de aborto, se pueden mantener relaciones con toda normalidad, pero es frecuente en algunas parejas una disminución en la frecuencia de la actividad sexual. Poca motivación erótica por los cambios en la imagen corporal femenina o miedo a dañar al bebé son algunos de los factores que provocan trastornos durante el embarazo, desde anorgasmia a disfunción eréctil.

Imagen: Bonbon
La sexualidad es una faceta delicada. Por este motivo, no extraña que durante el embarazo la mujer no desee practicar el coito con la misma frecuencia que antes. Las razones son diversas: siente molestias, tiene miedo, percibe poca lubricación vaginal o se siente fatigada. Sin embargo, echa de menos otro tipo de relaciones: la proximidad y el contacto con su pareja. Puede suceder que tales deseos no coincidan con los del hombre, lo que podría acarrear conflictos que afecten a la relación. No obstante, es un problema frecuente entre las parejas que esperan un hijo.

En un embarazo de curso normal, la actividad sexual no tiene efectos nocivos y no necesita modificarse. Ante alguna alteración, los expertos aconsejan pedir información al obstetra o la matrona, que ofrecerán alternativas si fuese necesario. En principio, se pueden mantener relaciones con toda normalidad hasta el octavo mes. En caso de tener antecedentes obstétricos patológicos (amenaza de aborto o parto prematuro), dolores cólicos o sangrado tras el coito, hay que consultar a los especialistas.

Trastornos sexuales: entre el poco deseo y la disfunción eréctil

Los trastornos sexuales más frecuentes en esa época son problemas de deseo (disminución o incluso falta en uno o en ambos miembros de la pareja), anorgasmia o incapacidad para que la mujer alcance el orgasmo a pesar de estar suficientemente excitada. Sin embargo, se dan casos de mujeres que llegan más fácil al orgasmo durante el segundo trimestre del embarazo, dada la importante congestión pelviana propia de esta etapa.

Si el embarazo transcurre con normalidad, sin hemorragias, amenaza de aborto o parto prematuro, no hay por qué evitar el coito

En cuanto al hombre, destacan la disfunción eréctil (incapacidad para obtener y/o mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria) y la eyaculación precoz; es decir, la incapacidad de ejercer un control voluntario sobre la expulsión del semen, que ocurre de manera refleja e incontrolable antes, durante o inmediatamente después de la penetración.

Factores generadores de trastornos sexuales

Los factores que pronostican un posible trastorno sexual durante el embarazo en la pareja son su propia historia sexual (frecuencia, disfrute mutuo en los encuentros eróticos), el nivel de conformidad y satisfacción que cada uno tiene con su propia sexualidad, el sexo previo al embarazo, el nivel de comunicación que mantengan, la afectividad entre ambos y, sobre todo, su nivel de información sobre la normalidad de los cambios que se experimentan durante ese periodo.

El cuerpo de la mujer, durante un embarazo normal, experimenta profundas modificaciones más allá del simple aumento del contorno abdominal. Estos cambios pueden aumentar cuando el embarazo registra problemas. Poco a poco, y según avanza el crecimiento de la barriga, las formas se pierden y se forman varices, hinchazón por retención de líquidos (edemas) y estrías, que aunque son alteraciones normales y pasajeras, en ocasiones, no se reciben bien porque alteran la imagen erótica, algo que perciben los dos miembros de la pareja. Puede que ella no se sienta seductora ni deseada y que él no tenga la misma motivación ante el cuerpo femenino.

Algunas parejas tienen miedo a dañar al feto durante el coito, se muestran cohibidas al notar los movimientos fetales o preocupadas por miedo a provocar un nacimiento prematuro. La desinformación, origen de muchos de estos problemas, es cada día menor. Se conoce la importancia que durante el embarazo y posparto tiene el respetar y cuidar la sexualidad, como fuente de placer y como medio para reforzar la unión y la comunicación de la pareja, sobre todo en esta situación de especial inquietud.

Por ello es importante recordar que la sexualidad no es solo genitalidad y mucho menos durante el embarazo. Cuando una pareja desea compartir sentimientos de intimidad y amor, lo puede hacer sin necesidad de penetración. El contacto mediante masajes, caricias y mimos puede ser una importante fuente de placer sensual y comunicación íntima, tanto durante el embarazo como fuera de él.

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