Microplásticos en productos infantiles: de la leche materna a las bolsitas de purés de fruta

Un análisis de Greepeace vincula la presencia de microplásticos con el polietileno que recubre el interior de las bolsitas de plástico flexible de los purés de frutas
Por María Huidobro González 10 de junio de 2026
niño comiendo pouch
Los microplásticos y nanoplásticos están por todas partes y cada vez en más cantidad. Por eso, es fácil que los peques entren en contacto con estos diminutos plásticos desde muy pronto. A través de la leche materna, tomando el biberón, manipulando sus juguetes, bebiendo agua embotellada… Un estudio reciente se fija en que también se hallan en alimentos infantiles como los purés de fruta y verduras en bolsitas. Te contamos dónde pueden dar con ellos nuestros niños y niñas, por qué y qué se sabe hasta el momento de su impacto en la salud.

Llevamos más de un siglo usando plásticos, unos 50 años reciclándolos a nivel industrial y desde finales de los 90 tirándolos al contenedor amarillo. Por tanto, nuestro contacto con los microplásticos, esos diminutos trocitos en los que se convierten los plásticos, es habitual y continuo. Los que están en el medio ambiente llegan a nosotros, principalmente, por el aire que respiramos y los alimentos que cultivamos y recogemos del mar. Por supuesto, también se hallan en los productos fabricados con plásticos; nuestro cuerpo absorbe los microplásticos porque se desprenden al usarlos, calentarlos o lavarlos.

Exposición a microplásticos en la infancia

Esta exposición empieza incluso antes del nacimiento. Se han detectado microplásticos en sangre de cordón umbilical, líquido amniótico y placenta. La leche materna no escapa a estas minúsculas sustancias, como tampoco las bolsas en las que se almacena congelada, pues liberan microplásticos al entrar en contacto con la leche.

Los biberones también figuran como fuente importante de exposición infantil. Diversos estudios demuestran que los fabricados con polipropileno liberan altos niveles de microplásticos al usar líquidos calientes durante la preparación de la leche y la esterilización de estos envases.

Y no hay que olvidar que los bebés gatean, tocan todo y prueban con la boca cualquier cosa que alcanzan con sus manos. Así que no resulta complicado que sus juguetes, peluches y mantas de juego fabricadas con plásticos desprendan fibras y fragmentos plásticos que acaben en el polvo y, por ende, en el cuerpo de los menores. A ello se unen las partículas que liberan las pinturas de los bloques de construcción u otros juguetes que los peques pueden inhalar o ingerir.

El contacto de los niños y niñas con los microplásticos no acaba ahí. El aire que respiran dentro y fuera de los colegios, los materiales escolares con los que trabajan, la arena de los parques infantiles… son otras fuentes de exposición.

👉 Alimentos frescos y procesados

La comida y bebida que damos a nuestros hijos supone una vía clave. Según un informe reciente realizado por la investigadora Heather A. Leslie y encargado por la Plastic Soup Foundation en el que se revisan 350 estudios, no faltan microplásticos en productos básicos como el arroz, el azúcar, la sal, la miel, frutas, verduras, carne y pescado, sin contar la leche y el agua, además de los alimentos procesados y ultraprocesados.

Muchos de estos alimentos y bebidas se emplean para elaborar productos infantiles que la industria alimentaria empaqueta en envases plásticos y, a veces, se calientan para su consumo en recipientes también de plástico, lo que puede multiplicar la liberación de microplásticos.

Bolsitas de purés de fruta y verdura y microplásticos

alimentos bebé OMS
Imagen: Photo By: Kaboompics.com

En unos productos infantiles de moda se ha centrado un informe reciente de Greenpeace: las bolsitas de purés de fruta y verdura de dos gigantes de la alimentación. Antes era habitual que este tipo de alimentos se dispensara en tarros de vidrio (potitos), pero desde hace unos años se ha popularizado ofrecerlos en cómodas bolsitas de plástico flexible o pouches.

Gracias a este sistema, los niños y niñas pueden comer ellos solitos, ya que tan solo tienen que apretar y succionar. Sin embargo, no suelen cumplir con los perfiles nutricionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como expusimos en este artículo, a raíz de una investigación liderada por la Universitat Rovira i Virgili (URV). Y ahora, los microplásticos vuelven a ponerlos en la picota.

El estudio de la ecologista, realizado en 2025 por el laboratorio SINTEF Ocean en Noruega, analizó un puré de yogur de la marca Gerber (Nestlé) y un puré de frutas de Happy Baby Organics (Danone). Los test confirmaron la presencia de microplásticos: en un gramo de comida (como una uva pasa), el primer producto contenía una media de hasta 54 partículas de microplásticos, mientras que en el del segundo llegaban hasta las 99. Según sus cálculos, un bebé podría estar ingiriendo más de 5.000 partículas en una sola bolsita y más de 11.000 en la otra. El análisis vincula la presencia de microplásticos con el polietileno que recubre el interior de estos pouches.

Además, el laboratorio detectó otras sustancias químicas en el envase y la comida, incluyendo en el producto lácteo 2,4-DTBP, un conocido disruptor endocrino. En este sentido, otro estudio realizado por químicos de la Universidad de La Laguna (ULL) ya alertó en 2024 de la presencia de al menos cinco ftalatos (plastificantes considerados disruptores endocrinos) en muestras de purés y compotas infantiles.

✔️ Productos seguros y controles estrictos

La respuesta de los fabricantes no se ha hecho esperar. “Entendemos las preocupaciones planteadas en este informe y las tomamos en serio. Queremos asegurar a todos los consumidores que nuestros productos son seguros para consumir. Aplicamos estrictos controles en toda nuestra fabricación, incluida la selección y gestión rigurosa de materiales de embalaje”, sostienen en la página ask-Nestle. Por su parte, Danone asegura en FoodNavigator que sus pouches están diseñados y fabricados siguiendo estrictos estándares de seguridad alimentaria, si bien consideran que el análisis presenta “numerosos fallos en su metodología”.

Por su parte, la Asociación Española de Industriales de Plásticos (ANAIP) apunta que los envases plásticos se diseñan adaptándose al marco regulatorio que les afecta y superan exhaustivos ensayos y controles de calidad que están ligados al tipo de uso y de alimento, para acercar el ensayo al uso real y aumentar la seguridad. “En estos ensayos los envases se prueban a diferentes temperaturas de acuerdo con los parámetros establecidos en la normativa que simulan el uso real para el que ha sido concebido el envase”, detallan en un comunicado.

“En la fabricación de envases plásticos para contacto con alimentos, solo se utilizan las sustancias permitidas por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y se realizan estrictos ensayos de migración de sustancias del envase al alimento”, explica Isabel Goyena, directora general de ANAIP. Además, sobre los disruptores endocrinos también aclara que están sometidos a una vigilancia muy estricta: “Los usuarios pueden estar tranquilos porque en Europa en las dos últimas décadas no se fabrican productos que incluyan este tipo de sustancias y menos en concentraciones que se puedan considerar peligrosas”.

Microplásticos y la salud

ANAIP recuerda que los últimos análisis de la EFSA determinan que gran parte de los estudios realizados sobre microplásticos en alimentos han sobreestimado las cantidades detectadas.

Precisamente, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria tiene previsto emitir a finales de 2027 un dictamen científico sobre los posibles riesgos para la salud que entraña su presencia en los alimentos, agua y aire. Para ello, avanza aquí que sus expertos revisarán las pruebas más recientes en cuanto al “modo en que entran e interactúan con el cuerpo humano, cómo se transfieren a los alimentos y los métodos que se usan para evaluar los riesgos relacionados”. Además, sostienen que también actualizarán las estimaciones de la exposición alimentaria sobre la base de nuevos datos de la literatura científica.

Y es que aún se desconoce el alcance real de los microplásticos en la salud. Una investigación reciente los llegó a ver en órganos vitales como el hígado, los riñones y el cerebro, lo que sugiere que el cuerpo no elimina estas partículas tan rápido como los absorbe, sino que tiende a acumularlos.

También se sabe que favorecen la inflamación crónica y el estrés oxidativo cerebral, se asocian a mayor riesgo de ictus y alteraciones hormonales o digestivas. Pero aún queda mucho por investigar.

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