El TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes de la infancia y sus síntomas incluyen desde dificultades de atención (inatención) e hiperactividad hasta impulsividad. Estos síntomas pueden repercutir en distintos ámbitos, como el aprendizaje, la convivencia y las relaciones sociales.
Pantallas, alimentación y TDAH
¿Hasta qué punto se relacionan la alimentación y la exposición a las pantallas con la salud neuroconductual de los pequeños? El estudio ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia’, elaborado por el grupo de investigación de la Universidad de Navarra y la Fundación Mapfre, intenta dilucidarlo.
El objetivo principal de esta investigación, cuyos resultados se acaban de publicar, es analizar cómo influyen hábitos cotidianos y modificables —como la alimentación y el uso de pantallas— en la aparición de indicadores de salud psicoemocional y síntomas asociados al trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Este trabajo ha hecho un seguimiento de 568 niños y niñas durante casi dos años. Y pone de relieve que el uso excesivo de pantallas, especialmente a partir de las dos horas diarias, y una dieta rica en alimentos ultraprocesados duplican el riesgo de presentar síntomas asociados al TDAH, como los problemas de atención y la hiperactividad.
Principales hallazgos del estudio

📺 El efecto de las pantallas
En el estudio, casi 4 de cada 10 niños (un 39 %) pasaban una hora o más al día frente a pantallas. Sin embargo, los peques que pasaban dos horas o más diarias con dispositivos duplicaban la probabilidad de cumplir criterios de posible TDAH en las pruebas de detección, comparados con quienes no llegaban a una hora.
En este sentido, los resultados han puesto de manifiesto que un 10,9 % de los participantes cumplieron los criterios de un «posible TDHA», según la escala DuPaul. Esto no significa que tengan este trastorno, sino que presentan más síntomas y que, por tanto, podrían requerir una valoración clínica más completa.
🌭 El efecto de los ultraprocesados
De media, el 37 % de las calorías diarias de los peques procedía de alimentos ultraprocesados. Cuanto mayor era el consumo de estos productos, peor era el desempeño en áreas como la atención, la hiperactividad, las relaciones con sus compañeros y la conducta prosocial (es decir, la disposición a ayudar o cooperar con otros).
«Estos resultados muestran la importancia de incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil, sin culpabilizar a las familias», señala la doctora Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría, investigadora del Instituto de Nutrición y Salud de la Universidad de Navarra y profesora del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la misma universidad.
Hay una relación, pero ¿es causal?

¿Se puede afirmar que el consumo frecuente de ultraprocesados y el uso excesivo de pantallas causan TDAH? No. Hasta ahora, una parte importante de la evidencia disponible procede de estudios transversales, donde los hábitos y los síntomas se evalúan a la vez. Esto dificulta conocer qué ocurre primero y, por tanto, estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional.
¿Y con este estudio, se puede establecer la relación de causa-efecto? Tampoco. Al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten establecer una relación causal. Sin embargo, tal y como indica Martín Calvo, contar con estudios prospectivos como este «permite avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación y observar estos hábitos antes de evaluar posteriormente los síntomas».
La principal particularidad de este trabajo es ese diseño prospectivo. En este análisis, los hábitos relacionados con la alimentación y las pantallas se registraron unos dos años antes de la evaluación final de los indicadores de conducta y síntomas de TDAH. De este modo, los investigadores pueden estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional y valorar si determinadas exposiciones preceden en el tiempo a las diferencias observadas posteriormente. Pero, aun así, no permite establecer que esos hábitos sean la causa de los síntomas ni del TDAH.
¿Qué se puede hacer para reducir el riesgo?

A diferencia de otros condicionantes, la alimentación y la exposición a las pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil.
Así, si sabemos que superar las dos horas de pantalla al día duplica las probabilidades de que un peque presente síntomas de TDAH, o que los ultraprocesados (bollería, refrescos, comida rápida) hacen que se vuelva más inquieto y tenga más dificultades para relacionarse con otros niños, la recomendación de los expertos es apostar en la dirección contraria:
- Reducir el uso de tabletas y móviles ayudará directamente a mejorar la atención.
- Priorizar las frutas, verduras y productos frescos contribuirá a que su cerebro funcione mejor.


