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La vuelta al cole y los mocos, el pack indivisible de todos los años

Los niños sufren entre 7 y 10 catarros al año, con una duración media de 10 días cada uno, donde los mocos, si no son excesivos, funcionan como herramientas de protección

Imagen: naama

«¿Por qué mi hijo siempre está con mocos? Hemos estado todo el verano estupendos y, ahora que ha empezado el cole, tiene mocos otra vez». Esta es una de las dudas más habituales que plantean los padres y las madres por estas fechas en la consulta del médico o de los fisioterapeutas respiratorios. Pero hay muchas preguntas más, como por qué le dan ataques de tos y siente asco o por qué los mocos no le dejan dormir y vomita. En el siguiente artículo damos las respuestas. Pero, primero, una aclaración: los mocos son nuestros «amigos», una herramienta muy útil para proteger nuestro sistema respiratorio.

Nuestros amigos los mocos

El aire se acondiciona en la nariz, donde adquiere la humedad y la temperatura óptima para ingresar en nuestro organismo. En su interior tenemos una serie de barreras que atrapan las partículas inhaladas con el aire en la respiración y que no deben penetrar a los pulmones; por ejemplo, los gérmenes. Los encargados de retener estas partículas son los mocos. Por eso, "tener mocos" significa que nuestro sistema de protección está funcionando de modo correcto.

Ahora bien, cuando los mocos son más abundantes de lo normal, interfieren en el descanso y en la correcta alimentación del niño o están presentes en periodos de tiempo prolongados (aumentando el riesgo de infección), pueden llegar a convertirse en unos "amigos" muy latosos con los que no queremos estar.

Por qué el cole y los mocos van de la mano

Pero ¿por qué los menores tienen más mocos en la época escolar que en verano? La explicación es muy sencilla. En el caso de los más pequeños, su sistema inmunitario está en pleno desarrollo y en el colegio están rodeados de otros niños que podríamos definir como "bichitos andantes" (de los virus que portan encima). Por otra parte, en la época otoñal e invernal, la circulación de virus es mayor y los escolares están concentrados durante varias horas al día en un mismo espacio cerrado. Por último, los más peques se llevan todo a la boca, con lo que la transmisión entre ellos es más fácil.

Es importante saber que los niños suelen pasar entre 7 y 10 procesos catarrales al año y que pueden durar hasta 10 días, concentrados sobre todo en el periodo de otoño e invierno. Si hacemos cuentas, veremos que es bastante normal que los pequeños encadenen un catarro tras otro y que, durante un tiempo, los mocos se conviertan en parte de ellos.

Cómo podemos librarnos de los mocos

Imagen: Pezibear

Una forma de ayudar a nuestros hijos es recurrir a la fisioterapia respiratoria, una rama de la fisioterapia que, mediante un conjunto de técnicas, previene, estabiliza o cura las enfermedades pulmonares y contribuye a expulsar con mayor facilidad el aumento de mucosidad. Esta herramienta sirve para mejorar la salud, pero en ningún momento sustituye el tratamiento prescrito por un médico. Con ella ayudamos a disminuir la necesidad (o la cantidad) de medicación y acelerar la recuperación, además de aportar calidad de vida, restaurando o manteniendo una función respiratoria óptima. No se utilizan maniobras o técnicas dolorosas, a pesar de que es normal que los más pequeños puedan llorar en una sesión de fisioterapia respiratoria. Con estas técnicas, a través de cambios en la cantidad y velocidad de aire que respiramos, movilizamos las secreciones situadas en las vías aéreas.

En pediatría, los objetivos serán tres:

  • Reducir la obstrucción creada por el moco. El calibre de los conductos por los cuales pasa el aire es mucho más estrecho que en el caso de los adultos y, por consiguiente, tienen mayor riesgo a ser obstruidos.
  • Disminuir los posibles efectos secundarios.
  • Intentar evitar las consecuencias de este daño estructural repetitivo (posibles asmáticos y pulmonares obstructivos crónicos en el futuro).

Otra herramienta muy útil es la técnica de los lavados nasales, que son especialmente importantes en los bebés menores de seis meses, ya que a esa edad solo respiran por la nariz. Esta maniobra por completo segura y sin contraindicaciones, se lleva a cabo de acuerdo a la edad del pequeño. Por eso siempre es bueno acudir a un profesional que nos explique las opciones y nos enseñe la maniobra de modo correcto.

Y no menos importante resulta la prevención. Se puede hacer evitando el contacto con personas con síntomas catarrales y realizando un lavado de manos frecuente, sobre todo si se ha estado con ellas. En el caso de los menores de dos meses, es de vital importancia estos aspectos, así como no estar, en la medida de lo posible, en espacios cerrados y con gran concentración de gente.

Si tienes cualquier duda o consulta sobre este y otros temas relacionados con los problemas respiratorios, puedes contactar con la Fundación Lovexair a través del correo cuentanos@lovexair.com

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