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Síntomas del resfriado en un bebé

Estornudos, mucosidades, obstrucciones, malestar y tos son los signos habituales de la infección más frecuente

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 20 octubre de 2011

En los primeros meses, el niño goza aún de las defensas que su madre le transfirió durante el embarazo y no tiene por qué resfriarse más que ella, sobre todo si los que le cuidan tienen presente que la principal vía de contagio de los resfriados y de la mayoría de infecciones no es el aire, sino las manos. Por ello, no basta con evitar respirar y toser encima del niño, sino que cualquier persona resfriada (o que haya limpiado los mocos a un niño acatarrado) debe lavarse bien las manos antes de tocar a un bebé.

Imagen: N8tr0n

Diversas molestias

Los resfriados son, a todas las edades, las infecciones más corrientes. Y aunque sus manifestaciones clínicas son bastante similares, pueden variar la duración, intensidad y localización de las molestias que ocasionan, dependiendo del virus que los produce, y de la propia naturaleza y sensibilidad del niño. Estornudos, mucosidades, obstrucción nasal, malestar, quizá fiebre y tos (primero seca e inútil y luego más húmeda y productiva), componen el conjunto de síntomas de unos procesos que, salvo complicaciones, no requieren más tratamiento que el alivio de sus síntomas.

  • Estornudos. Son el heraldo de los resfriados y el signo más evidente de la actividad de los virus que los causan. Algún estornudo aislado solo es una muestra de la sensibilidad de la mucosa nasal de los bebés.
  • Mucosidades. Inicialmente transparentes, poco a poco se espesan y se vuelven amarillentas. Luego siguen el camino inverso en un plazo de 8 o 10 días. Si persisten amarillas durante más de 10 días consecutivos, podrían indicar una sobreinfección por bacterias.
  • Obstrucción nasal. Junto con la tos, es el síntoma más molesto de los resfriados, especialmente para el bebé, que cuanto más pequeño, menos sabe respirar por la boca. La obstrucción se debe a la mucosidad que llena las fosas nasales, pero también al edema o hinchazón de sus paredes, que no puede resolverse por más suero fisiológico que se emplee.
  • Ronquidos y ruidos nasales. No es raro que a raíz de un resfriado, un bebé se pase semanas respirando ruidosamente, sin que el suero logre el silencio. Unas fosas nasales algo estrechas y quizá el aumento de tamaño de las vegetaciones adenoideas (ocasionado por el catarro) pueden ser los responsables de este problema, que debe ser valorado por el pediatra, pero que en muchas ocasiones sólo requiere tiempo. A veces, solo roncan porque se les ha acumulado moco en la garganta, sin siquiera estar resfriados, con lo que un cambio de posición suele bastar para que cese el ruido.
  • Tos. La más benigna y útil es la tos blanda con la que el bebé se limpia la garganta de mucosidades, pero es normal que la faringe y la tráquea participen más o menos discretamente de los resfriados y su irritación produce una tos seca que puede llegar a ser muy molesta. Siempre que la tos despierte al bebé, es conveniente que el pediatra le ausculte. Como los estornudos, algún golpe de tos aislado carece de significado y muy pronto aprenden a provocárselo para llamar la atención.
  • Respiración ruidosa. Cualquier resfriado puede provocar una bronquitis, que se manifestará por tos, dificultad para respirar y silbidos o ruidos en el pecho. Sin embargo, este último síntoma puede aparecer aunque el catarro se limite a la nariz y la garganta del bebé, porque los ruidos que se originan allí se transmiten a través de los bronquios y pueden oírse y hasta palparse en la pared torácica. Es lo mismo que sucede con la voz, que se origina en la laringe pero que podemos oír y sentir poniendo la mano sobre el pecho. Si, efectivamente, solo se trata de los llamados "ruidos de transmisión de vías altas", se oyen de forma intermitente y desaparecen cuando el bebé cambia la posición del cuello o se lo limpia con un golpe de tos. Con todo, si los ruidos reaparecen insistentemente o existe sospecha de que el niño tenga dificultad para respirar, debe ser visto por el pediatra.
  • Fiebre. Cuanto más intensos sean los signos de congestión de las vías respiratorias altas, los estornudos y la obstrucción nasal, más razonable es que el niño tenga fiebre, incluso alta, pero a menos que los padres tengan ya mucha experiencia, la fiebre en un bebé de meses es siempre motivo de consulta con el pediatra.
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