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Lavarse las manos para prevenir el coronavirus

El correcto lavado de manos es una de las maneras más eficaces para evitar la propagación de los virus y las bacterias, y protegernos de muchas enfermedades infecciosas

La piel es la primera línea de defensa contra los microorganismos. En las manos, nuestras principales herramientas de trabajo, se alojan y transmiten infinidad de gérmenes que pueden provocar procesos infecciosos. La higiene de las manos no solo es una poderosa arma contra la propagación de infecciones comunes como el resfriado y la gripe, sino que también actúa contra otros virus y elementos patógenos, desde las enterobacterias hasta el nuevo coronavirus. Esta es la razón por la que todas las entidades sanitarias de referencia aconsejan lavarse siempre las manos con agua y jabón (y con frecuencia); una recomendación que se redobla en un escenario de epidemia.

¿Cómo lavarse las manos correctamente?

Lavarse las manos es la mejor manera de mantener a raya las bacterias y los virus. Este acto tan sencillo y cotidiano es, de hecho, la mejor barrera que podemos poner ante múltiples infecciones y enfermedades, incluidas las ocasionadas por el coronavirus. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), "las manos limpias protegen de las infecciones", pero… ¿sabemos cómo higienizarlas bien? Para averiguarlo, esta institución nos da unas pautas muy sencillas: el lavado debe durar entre 40 y 60 segundos, hay que hacerlo con frecuencia (antes de manipular alimentos, después de ir al baño, al volver de la calle, etc.) y es muy importante utilizar agua y jabón.

lavar manos correctamente 

¿Cuándo hay que lavarse las manos?

Es recomendable mantener siempre la higiene de nuestras manos, aunque existen algunos momentos críticos a los que debemos prestar especial atención.

En la cocina:

  • Antes de comer y cocinar.
  • Entre la manipulación de diferentes tipos de alimentos o alimentos crudos y cocinados.
  • Después de limpiar o tocar productos de limpieza o químicos.
  • Después de tocar la basura.

Otras situaciones:

  • Después de ir al baño y, preferiblemente, también antes.
  • Después de tocar animales y mascotas.
  • Después de visitar o cuidar a personas enfermas.
  • Antes y después de curar una herida.
  • Después de acudir al centro de salud.
  • Después de sonarse la nariz, toser o estornudar o limpiar los mocos a un niño.
  • Después de cambiar un pañal o ayudar a un niño a limpiarse tras acudir al baño.
  • Después de estar en el jardín jugando o haciendo jardinería.
  • Después de utilizar un transporte colectivo (metro, tren, autobús) o acudir a un espacio de uso público (cine, centro comercial).
  • Cuando se hayan tocado manillas de puertas o barandillas de escaleras que pueden estar contaminadas.
  • Después de manejar dinero.

Alternativas al lavado clásico

En ocasiones, después de haber estado en contacto con distintas superficies de higiene dudosa, no volvemos enseguida a casa o no contamos con un lavabo donde lavar nuestras manos. En estas situaciones, el uso de líquidos desinfectantes (como el alcohol en gel) que no precisan aclarado constituye una práctica alternativa al lavado clásico con agua y jabón.

Los desinfectantes a base de alcohol, de uso personal, son muy útiles en estos casos. Los podemos llevar en la mochila o el bolso, y tardan alrededor de un minuto en hacer efecto. La concentración de alcohol debe situarse entre el 60 % y el 95 %.

Sin embargo, hay que tener presente que estos geles son complementos. Nuestra primera opción —en la medida de lo posible— ha de ser el agua y el jabón; sobre todo, si las manos están visiblemente sucias, ya que, como señala la organización Global Handwashing Partnership, los desinfectantes no eliminan la suciedad.

Además de los desinfectantes personales (que tanto protagonismo han alcanzado a raíz de la epidemia de coronavirus), en el mercado se ofertan varios dispositivos que aseguran una perfecta higiene y desinfección de las manos como alternativa a la limpieza con agua y jabón. Estos sistemas son especialmente interesantes cuando no hay posibilidad de lavarse las manos o cuando el lavado tradicional puede convertirse en una tarea tediosa. Se basan en la utilización de líquido desinfectante que se nebuliza sobre la piel sin necesidad de aclarado o bien en la acción del ozono y que tienen gran poder desinfectante.

La ventaja de estos equipos radica, además de en su gran eficacia, en su rapidez (unos pocos segundos); dos factores que los convierten en un sistema apropiado para comedores y hostelería. Un detalle importante desde el punto de vista de la seguridad es el hecho de que el proceso se realiza sin tocar nada (frente al clásico lavado en el que se tocan grifos, jabones o dispensadores o toallas, entre otros): simplemente colocando las manos bajo el aparato que se activa de manera automática, de tal manera que se evitan contaminaciones cruzadas.

Lavar o desinfectar las superficies

Los coronavirus pueden sobrevivir fuera del cuerpo humano durante varios días. Así lo detalla un reciente artículo publicado en el Journal of Hospital Infection. Según el documento que analiza 22 estudios, los coronavirus humanos, como el coronavirus del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), el coronavirus del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS) o los coronavirus humanos endémicos (HCoV), "pueden persistir en superficies inanimadas como metal, vidrio o plástico hasta nueve días, pero se pueden inactivar de manera eficiente mediante procedimientos de desinfección de superficie con etanol al 62–71 %, peróxido de hidrógeno al 0,5 % o hipoclorito de sodio al 0,1 % en un minuto".

Mantener limpias las superficies de nuestro entorno, ya sea en casa o en el trabajo, es también muy importante para prevenir contagios e infecciones. Zonas como la cocina y el baño son especialmente delicadas; sobre todo, cuando existe población de riesgo (como niños, ancianos, personas con patologías previas o inmunosuprimidas). En estos ámbitos es recomendable utilizar jabones con cierto poder desinfectante.

¡Importante! Lavar las manos de los niños

Convertir en una rutina el acto de lavarse las manos antes de comer o de manipular alimentos y, por supuesto, después de acudir al servicio, es la mejor manera de inculcar a los niños un hábito de higiene que les protegerá durante toda su vida. El modo más conveniente de enseñarles a lavarse correctamente las manos es realizar esta acción junto a un adulto, siguiendo las siguientes pautas:

  • Mojar las manos. Utilizar preferiblemente agua templada.
  • Frotar con energía las manos con jabón (en pastilla o líquido) durante unos 15 segundos. Excepto en casos particulares, no hace falta usar jabón antibacteriano ya que cualquier jabón normal resulta apropiado.
  • Asegurarnos de la limpieza entre los dedos, muñecas y, muy importante, bajo las uñas, ayudándonos de un cepillito.
  • Aclarar de modo correcto las manos bajo el chorro de agua, retirando por completo los restos de jabón.
  • Secar las manos, bien con una toalla limpia y seca, toallitas de papel de un solo uso o secador de aire.

Es importante recordar que los microbios, que pueden contagiarse de formas distintas, son especialmente comunes en niños, que tocan otras manos sucias, superficies, objetos e incluso alimentos contaminados, juegan con tierra o simplemente se frotan una herida. Además de la contaminación microbiológica, las manos pueden entrar en contacto con posibles sustancias tóxicas (restos de productos de limpieza, insecticidas o productos químicos), nocivas para la salud. Los niños no son conscientes de este potencial peligro, tanto es así que incluso llegan a ingerir de manera directa esta posible contaminación si se chupan manos y dedos.

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