Mascotas exóticas

Con la adquisición de estos animales se pone en peligro su salud y la de toda la familia
Por Ana Eva Jiménez 4 de agosto de 2003

Una exposición permanente en el Aeropuerto de Barajas (Madrid), realizada por la Agencia Tributaria con la colaboración de AENA, exhibe objetos elaborados con especies protegidas e intervenidas en las Aduanas y recuerda a los ciudadanos que el tráfico de animales exóticos, plantas protegidas y derivados está absolutamente prohibido. Pueden ser confiscados, acarrear complicaciones legales y traer consigo sanciones. Multar por destruir la vida, aunque sea inconscientemente, es una medida necesaria para frenar este tipo de tráfico. Con la naturaleza no se juega.

Los animales exóticos no son mascotas

Lo primero que se consigue con este tipo de adquisición es truncar la vida del animal; lo segundo poner de los nervios al veterinario, y finalmente someter a riesgos innecesarios a la familia. Pero si, además, el ejemplar en cuestión pertenece a una especie protegida, se está cometiendo un delito grave, tal y como indica la campaña Traffic, un programa conjunto delWWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) y de laUICN (Unión Mundial para la Naturaleza), que vigila y controla el comercio de especies silvestres.

La revista Integral recoge el caso de un oso perezoso amazónico abandonado en el interior de una bolsa de basura en la localidad barcelonesa de Esplugues de Llobregat. En resumen, se hace eco de una llamada telefónica a un centro de protección anunciando el hallazgo. Una vez que los efectivos del centro lo recogen, el animal está en tan malas condiciones que deciden pedir ayuda al Zoo de Barcelona donde harán lo posible por salvarle la vida, aunque resulta imposible. Finalmente y tras meses de investigación, se descubre que quien hizo la llamada fue quien abandonó al animal después de haberlo introducido en España de manera ilegal desde Cartagena de Indias (Colombia).

Lo más triste de la historia es que se repite desde hace mucho tiempo y siempre con consecuencias negativas. No es que haya muerto un osos perezoso, es que le siguen tortugas moras, caimanes, monos aulladores, camaleones, loros, etc.

Últimamente parece que tener una gato o un perro como mascota es una vulgaridad y, sin embargo, traerse de manera ilegal un éxotico o comprarlo en la tienda de al lado de casa es mucho más in. La gente se empeña en tener como animal de compañía cocodrilos, monos, serpientes, cacatúas…pero el problema radica en que no lo son, no pueden serlo. No se puede domesticar un animal silvestre, no se le puede enseñar a que haga sus necesidades en una cajita o sacarlo a pasear para que las haga en el jardín. Su condición natural les empuja a no obedecer y obviamente no agradecen los cariños de su amo porque lo único que quieren es estar lejos de él. Ser libres.

Los verdaderos problemas comienzan en este punto, cuando el propietario se da cuenta de que es simplemente eso, el propietario. No alcanza a ser amo, ni amigo. No percibe cariño por parte del animal y no es obedecido de ninguna manera. El problema es encontrarse la cama llena de heces en repetidas ocasiones, orina por toda la casa y muebles, y enseres destrozados. Este es el momento en el que deja de ser un animal “mono” para convertirse en un quebradero de cabeza. Ya no es tan gracioso, los amigos ya lo tienen muy visto y ya no sorprende a nadie. Lo único que hace es comer, ensuciar la casa y romper el equilibrio familiar.

Este es el fatídico momento en que, sin volver a pensar en las consecuencias, se decide, igual que el dueño del caso del oso perezoso, deshacerse del animal en cualquier lugar. Conocido es el caso de las tortugas de florida ,a fuerza de ser puestas en libertad en cualquier rincón de España, están acabando con las especies autóctonas. Más lejana y no menos dramática resulto la moda en Estados Unidos, allá por los 90, de hacerse con un cocodrilo joven. En cuanto empezaban a crecer causaban innumerables problemas que los dueños resolvían arrojando al animal por el inodoro. El hecho es que sobrevivían en las cloacas alimentándose de ratas y desperdicios. Sin embargo, no siempre morían y más de un operario o pocero tuvo que salir huyendo mientras trabajaba al encontrarse con un grupo de cocodrilos con no muy buenas intenciones.

Quién es quién

No todos los animales pueden convivir con el hombre. Un animal de compañía es aquel cuya vida es difícil de imaginar sin los cuidados y protección de su dueño. Debe poder reproducirse fácilmente en cautividad y para llegar a casa jamás debe de ser capturado, cazado o expulsado de su medio natural.

Se pueden considerar animales de compañía o mascotas a perros, gatos, ciertas aves como canarios y periquitos, hámsters, cobayas y poco más. Parece obvio que una serpiente, un lagarto o una tortuga no son los animales más idóneos para convivir en un hogar, tal y como apuntan Kepa Tamames y Patxi Heras, de la Asociación Adda Euskadi.

La pregunta es, ¿hace falta llegar a este punto para darse cuenta?. Las campañas que se llevan haciendo en contra de este tipo de adquisiciones desde diferentes medios de comunicación y administraciones parece no dar fruto hasta que uno no lo comprueba in situ. Lo malo es que no sólo se condena al animal sino también la salud familiar.

Salud: enfermedades propias y transmisibles

Los veterinarios se vuelven locos ante este tipo de especímenes. Están preparados para lidiar con mascotas pero no con silvestres, con exóticos, y aunque hacen todo lo posible por aplicar sus conocimientos a estos animales, muchas veces son insuficientes. Sirva como ejemplo el caso de un Koala que vino al País Vasco y que ante síntomas de malestar y tras muchas visitas al veterinario falleció. El veterinario no pudo encontrar el origen de la enfermedad. No la había. Murió de frío.

Lo mismo les sucede a los médicos. No solo enferman los animales, sino que además son transmisores de enfermedades. A más exótico el animal, más exótica la enfermedad transmitida y más difícil de detectar por la sanidad española.

Comercio: adquisición, normas y mafias

La adquisición suele llevarse habitualmente por dos medios diferentes. La primera, la más usual y desde luego la más sencilla y menos arriesgada es hacerse con este tipo de animales en tiendas especializadas. Los comerciantes de este tipo de negocios aseguran que los animales exóticos que venden proceden de centros de cría legal. Pero según los datos de la UICN, un tercio de estos animales puestos a la venta en tiendas especializadas viene directamente de su hábitat natural habiendo pasado por las manos de mafias ilegales durante su viaje a España.

En muchas ocasiones los métodos utilizados no son precisamente naturales, así es común recurrir a la hormonización. Las consecuencias son que se producen enfermedades por hacinamiento y por la alta consanguinidad resultante de la reproducción forzada.

Los diferentes tipos de serpientes y aves exóticas son dos de las familias que más se venden de forma ilegal en las tiendas de España. Pero ¿cómo se capturan?. Sirvan de ejemplo los casos expuestos en la revista de la Asociación Adda. Para capturar primates, por ejemplo, se mata a los adultos mediante veneno o armas de fuego y se comercializan las crías. En el caso de las aves, se roban los polluelos del nido o a las madres (de modo que las crías mueren de inanición). El transporte de estas especies también deja mucho que desear, lo hacen apilados, encerrados y enjaulados en espacios mínimos.

En las últimas décadas, la importación de animales exóticos ha alcanzado un volumen muy elevado. Se han intervenido un gran número de especies protegidas, pero la única manera de controlar este negocio, actualmente, se centra en el convenio internacional Cites. El convenio de Washington o CITES (siglas en inglés del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de fauna y Flora Silvestre), tal y como informa Ana Lizundia, de la Asociación de Veterinarios de Bizkaia, “revisa sus listas o apéndices cada dos años y medio. El apéndice I incluye todas las especies en peligro de extinción y prohíbe el comercio de unas 900 especies amenazadas (primates, cetáceos, panda gigante, elefantes, guacamayos, rapaces, cocodrilos…). El apéndice II, recoge las especies que podrían llegar a esta situación y regula, mediante un sistema de permisos, el comercio de 4.000 especies animales y más de 22.000 especies de plantas”.

En resumen, alrededor de 5.000 especies de animales y 25.000 especies de plantas están amparadas por laCITES. El abanico de especies silvestres incluidas en los apéndices va desde las sanguijuelas a los leones y de los pinos a las plantas jarro. Aunque criaturas como los osos y las ballenas son los ejemplos más conocidos de especies Cites, también se pueden encontrar animales y plantas mucho menos conocidas como las plantas aloe, los corales, los mejillones y las ranas.

En estos momentos, más de 150 países forman parte de este acuerdo y aunque cada uno de ellos tiene la obligación de tomar medidas internas encaminadas a erradicar el tráfico de especies protegidas, sólo 1 de cada 5 países se ha tomado la molestia de legislar en mayor o menos medida esta materia. España es uno de ellos.

Según datos facilitados por la Asociación de Veterinarios de Bizkaia, en estos momentos el comercio de animales, plantas silvestres y derivados o partes de ambas alcanzan un volumen de negocio que supera los 5.000 millones de dólares. Este tipo de tráfico internacional e ilegal sólo es comprable, debido a los ingresos que reporta, al de drogas o armas. De hecho, la mayoría de las veces utiliza las mismas redes de distribución.

El comercio por paises

Está dividido en tres grupos:

  • Países productores-exportadores: América Central, América del Sur, África y Asia.
  • Países importadores-consumidores: América del Norte, Europa Occidental y Extremo Oriente
  • Productores-exportadores e importadores: Canadá y Australia

Por especies quedaría de la siguiente manera: Los pájaros exóticos vienen de zonas tropicales como Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, Guayana y Surinam. Los mamíferos y primates de Senegal, Gambia, Guinea Ecuatorial, Nigeria, México y Brasil. Y a la hora de conseguir reptiles Tailandia, Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur, China y Hong Kong, se llevan la palma, tal y como señala la Asociación para la Defensa de los Derechos de los Animales, Adda.

El convenio Cites establece que los estados firmantes deben adoptar medidas legales para evitar el comercio y posesión de las especies contempladas en los anexos. Se establecen sanciones y medidas confiscadoras con posibilidad de devolución al país de origen. Estas medidas se llevan a cabo en España por aplicación de dos normas promulgadas: La Ley Orgánica 10/95 del Código Penal y la Ley Orgánica 12/95 de Represión del Contrabando.

Aún y así, los datos que la Agencia Tributaria está facilitando a la prensa son escalofriantes. Durante 2002, la Agencia Tributaria incautó más de 350 animales de especies protegidas en las Aduanas españolas: más de veinte monos, dos panteras tigris, tres cachorros de león, un lince, seis serpientes pitón, una boa constrictor, dos águilas, tres halcones, siete cocodrilos, varios caimanes y 166 tortugas, procedentes en su mayoría de países exóticos fueron decomisados por las autoridades de aduanas.

En cuanto a los productos realizados con especies protegidas, las cifras tampoco se quedan atrás. Se intervinieron más de 15.000 kilos de coral, 95 piezas de marfil, nueve colmillos y dos patas de elefante, 57 productos de piel (de serpiente, puma, cocodrilo y cebra) y seis caparazones de tortuga, entre otros.

Conclusión

Las sanciones que se imponen a cazadores, traficantes y comerciantes no exime al consumidor de culpa, ya que al comprar estas especies exóticas estimula la continuidad de este tipo de mercado. Parar el tráfico y expolio de animales depende de quien lo fomenta, de los deseos antinaturales, lujos y posesiones de quien desconoce el daño que está causando o quien, a sabiendas, es lo suficientemente egoísta para no cesar en su empeño de tener el animal más vistoso del vecindario. Pero más aún, la culpa también recae en quien adquiere un bolso de yacaré (caimán), lagarto o serpiente, gafas con montura de carey, abrigos de piel, consumo de ancas de rana o sopa de tortuga… .

Lo primero que ha de hacerse, obviamente, es no adquirir ningún animal exótico, ni derivados del mismo, pero en caso de cometer el error y si existe intención de enmendar la acción, hay asociaciones que ofrecen una pequeña alternativa al desastre. La Asociación para la Defensa de los Derechos de los Animales Adda ha venido realizando campañas de concienciación. En 1990, por ejemplo, consiguieron reunir tortugas y galápagos autóctonos que enviaron al Parque Nacional de Doñana para su puesta en libertad.