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Parejas de hecho, ¿qué pasa cuando rompen?

Para dar por finalizada una unión de hecho, basta con separarse o darse de baja en el registro, pero si hay hijos, bienes comunes o reclamaciones, la ruptura se complica

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 18 abril de 2014

Cuando se acaba el amor o la convivencia se hace insoportable, lo mejor es separarse. En el caso de los matrimonios, lo habitual es encontrar por delante un camino legal más o menos largo. En el de las parejas de hecho, las cosas son muy parecidas. Lejos de lo que podría suponerse, debido a la ausencia de «papeles», cuando hay hijos, si se tienen bienes en común o uno de los miembros reclama derechos al otro, la ruptura es casi igual a la de un matrimonio. A continuación se explica qué sucede cuando se rompe una unión de hecho y cómo actuar.

Imagen: John Althouse Cohen
Como todas las parejas, las uniones de hecho también se rompen. Y aunque la idea generalizada es que no habrá que realizar ningún trámite para separarse, no siempre es tan sencillo. Muchas parejas descubren lo "casadas que están" en el momento de decirse adiós. Por ello, conviene saber qué sucede en caso de tener hijos en común o bienes compartidos, ya que la separación puede complicarse, en especial si uno de los miembros de la pareja se siente agraviado por el otro.

¿Qué pasa con los hijos?

Cuando una pareja de hecho rompe, si uno de los miembros queda en peor situación económica, para equilibrarla se puede pactar una "pensión reparadora"

Cuando una pareja de hecho tiene niños, con independencia del tiempo que lleve conviviendo y de si está o no inscrita en el registro de parejas de hecho, debería siempre poner en orden todas las cuestiones relativas a los menores. De esta manera, si llega una ruptura, todo estaría arreglado y se evitarían problemas posteriores.

En muchos casos, si una pareja de hecho se deshace, lo habitual es llegar a un acuerdo verbal y dejar decidido quién cuidará a los pequeños, las visitas del otro miembro de la pareja y cómo repartirán los gastos de los hijos. Pero esta clase de acuerdos solo es posible si hay buen entendimiento entre los padres, y conviene tener muy en cuenta que no tienen ningún valor legal.

Por ello, es mejor pactar y llevar a cabo un procedimiento legal para dejar establecido a quién le corresponde la custodia, las visitas de la otra parte y la pensión alimenticia para los hijos. Si no se llega a un acuerdo, los menores nunca quedan desprotegidos, porque quien quede con su custodia puede reclamar que un juez fije la pensión. De este modo, con una sentencia, si hay incumplimientos se pueden tomar medidas.

La vivienda

La vivienda, que es uno de los temas más peliagudos en cualquier separación, en el caso de una pareja de hecho se puede complicar aún más:

  • Si hay hijos comunes, el piso lo disfrutarán ellos y el padre que quede a su cargo, aunque no sea el propietario.

  • Si la casa se compró entre los dos, cada miembro es dueño de la mitad del inmueble. Si no hay acuerdo, se puede pedir que un juez divida el patrimonio, y será también él quien decida quién debe quedarse en la vivienda.

Si la casa donde convivía la pareja de hecho es alquilada, hay varias opciones:

  • Que los dos sean titulares del contrato de alquiler. Se hará lo que acuerden los dos miembros de la pareja, pero si no, lo que disponga el juez. Si hay hijos, siempre se tomará la decisión que más los proteja.

  • Solo uno figura como titular. Cuando termina la convivencia, la ley contempla la posibilidad de subrogarse en el contrato de arrendamiento a la persona con quien conviva el titular, en las mismas condiciones y derechos, siempre que la relación haya durado al menos dos años o se tengan hijos comunes.

El reparto de bienes

  • Si se rompe la pareja de común acuerdo, se pueden repartir los bienes de forma verbal o a través de un documento privado, si no hay bienes inmuebles comunes.

    Si compartían bienes inmuebles o si pactaron ante notario un régimen económico, se haría el reparto mediante una escritura pública.

  • Si la pareja no llega a un acuerdo para el reparto de su patrimonio y tiene bienes comunes, deberá acudir ante el juez. Ante este, ambos tienen que acreditar que la unión de hecho ha existido y que durante el tiempo que duró se rigió por un determinado sistema económico. También deben demostrar que la unión ya ha terminado y que se tiene que dar por finalizado su régimen económico para proceder a la atribución de bienes a cada miembro de la pareja.

Indemnizaciones por convivencia

Las indemnizaciones por convivencia son lo más complicado de solucionar en las rupturas de las parejas de hecho sin hijos. Al vivir juntos, los dos miembros deben contribuir al sostenimiento de las cargas consustanciales a la convivencia: pago de agua, luz, teléfono, alimentos... Cuando la pareja rompe, como en un matrimonio, uno de ellos puede quedar en peor situación económica, y para equilibrarla, se puede pactar (de antemano o en el momento de la ruptura) una "pensión reparadora".

También se puede recurrir a un juez para que la otorgue en caso de que no haya acuerdo. Para obtener la indemnización se deberá reconocer judicialmente la existencia de la unión de hecho y, además, la parte que solicita el establecimiento de esta pensión tiene que haberse dedicado -y continuar haciéndolo- al cuidado de la familia o de la actividad familiar.

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