Préstamos para bodas y comuniones

Bodas y comuniones se han transformado en costosas celebraciones que ponen en aprietos económicos a muchas familias españolas
Por Laura Caorsi, José Ignacio Recio 12 de mayo de 2008
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Una celebración de veinte sueldos

Las bodas y las comuniones son ceremonias que en España se han convertido en esperados acontecimientos sociales: verdaderas fiestas con banquete y vestimenta de gala que suponen para las familias un desembolso económico importante. De media, celebrar una primera comunión equivale a gastar unos 3.000 euros por hijo, mientras que en el caso de las bodas la cifra ronda los cinco dígitos: de 10.000 euros en adelante, dependiendo de las opciones elegidas y de la provincia donde se celebre el festejo. Si se toma como referencia el salario mínimo interprofesional, fijado en 600 euros, puede decirse que unas pocas horas de reunión con los parientes y los amigos cuestan entre seis y 20 sueldos enteros. Y eso sólo en promedio, porque las hay más caras todavía.

A grandes rasgos, en una primera comunión es necesario pensar en el vestido y los complementos de los pequeños, que van de los 300 a los 800 euros, según se trate de un niño o una niña (los trajes para ellas son más caros). Pero, además, hay que contar la ropa de la familia, los gastos de peluquería, la contratación de un fotógrafo, los recordatorios del evento y, por supuesto, la comida. En este último apartado, un convite para unas 50 personas no baja de 2.200 euros. Los costes se multiplican cuando se trata de una boda, donde sólo el traje de novia puede valer entre 900 y 6.000 euros. El banquete también es más caro, ya que no hay tantos menús infantiles como en el caso de una comunión, y los precios oscilan entre los 80 y los 120 euros de media por comensal. Si sumamos la ropa del novio, los complementos para ambos, los gastos de peluquería, transporte y música, es muy fácil llegar a los 10.000 euros que cuesta, como mínimo, celebrar el enlace matrimonial.

Un convite para 50 personas no baja de 2.200 euros en una comunión; coste que se multiplica por tres en el caso de una boda

Estas cifras sobrepasan el poder adquisitivo de muchas familias españolas, incluso de las que ahorran para el evento porque lo prevén con antelación. En ese contexto, los créditos personales proliferan en el mercado y las empresas de préstamos hallan un terreno fértil para desarrollar su actividad. La Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (ASNEF) no cuenta con datos cuantificados al respecto ya que -como aseguran- no hay modo de saber el destino final de un préstamo personal con tanto detalle. No obstante, existen firmas crediticias que, además de facilitar dinero para los sectores “estrella” (la compra de un coche, la realización de un viaje o la acometida de reformas en la vivienda), ofrecen paquetes específicos para la celebración de una primera comunión o una boda.

Es el caso, por ejemplo, del crédito “Imagine”, del ABN Amro Bank, que presta 18.000 euros para los gastos del enlace, con la posibilidad de pagarlo en un plazo de hasta seis años. En este supuesto, el solicitante paga 72 cuotas de 334 euros, más una comisión de apertura de 525 euros y un seguro obligatorio que asciende a los 1.278 euros. El total financiado suma casi 20.000 euros. La Caja de Ahorros de la Inmaculada oferta el llamado “Préstamo Familiar”, diseñado expresamente para sufragar los gastos derivados de estos eventos familiares, y su gran novedad es que facilita mejores condiciones económicas a los miembros de las familias numerosas, a quienes se aplica un tipo de interés fijo preferente. El importe máximo de este préstamo alcanza los 18.000 euros que se pueden devolver en un plazo máximo de ocho años. Entre los alicientes para contratarlo destacan la exención de comisiones de amortización y cancelación anticipada. De similares características es el “Préstamo Gastos Familiares”, confeccionado por Ibercaja, que permite a su titular la opción de pagarlo a través de cuotas fijas o variables durante toda la vida del préstamo con la posibilidad de hacerlo con cuotas mensuales, trimestrales o semestrales. Otro préstamo es el “Crédito Celebraciones” de Caja Segovia, de disponibilidad inmediata y con un período de amortización de hasta seis años.

Soluciones a plazos

También las empresas de créditos rápidos ofertan este tipo de producto; en general, 6.000 euros que se pueden pagar en cuatro años. Como resultado, se acaba devolviendo la cantidad prestada más 2.200 euros. En cualquiera de estos casos, es importante prestar atención a las condiciones del préstamo, en especial a la Tasa Anual Equivalente, más conocida como T.A.E., pues varía mucho de una firma a otra; tanto que, mientras en unas ronda el 10%, en otras supera el 24%. Como siempre, antes de recurrir a un crédito rápido, es imprescindible leer bien la letra pequeña y, lógicamente, hacer cuentas. Muchas familias ya afrontan otras cuotas mensuales para pagar el coche o la hipoteca, y añadir 200 ó 300 euros al gasto fijo puede desembocar en un aprieto económico serio. Ahora bien, al margen de la prudencia, que es recomendable en todos los casos, hay que tener en cuenta una cuestión en lo relativo a estos créditos: la mayor parte del dinero que se solicita no va destinado al acto religioso en sí, sino a las celebraciones que lo rodean y, en algunos casos, a cubrir gastos “accesorios” o posteriores, como aprovechar el préstamo para renovar el coche, o cubrir los costes de un viaje, ya sea para novios o para el niño que recibe su primera comunión.

Los préstamos se utilizan para pagar los convites y viajes posteriores, de novios, o a Eurodisney y Terra Mítica en el caso de las comuniones

El presidente de la Federación de Asociaciones de Agencias de Viajes explica que la “luna de miel” está tan arraigada en la cultura española que los especialistas ya tienen detectadas las épocas del año con mayor actividad y promocionan paquetes y paquetes concretas. Mayo y octubre son, en este sentido, los meses más fuertes. En cuanto a las comuniones, empieza a ser frecuente celebrar el acto con un viaje a Eurodisney y Terra Mítica como destinos estrella. Por otro lado, hay que advertir de que la contratación del banquete se paga en metálico, aunque se pueden dar casos de familias que pagan con su tarjeta de crédito cuando el límite de la misma permite cubrir el monto.

Un ritual marcado por el cumplimiento de pautas sociales

Un ritual marcado por el cumplimiento de pautas sociales

Ya sea para contratar un viaje u ofrecer un banquete, los expertos insisten en que se eviten, en la medida de los posible, las deudas. Son muchas las ocasiones en que se gasta más de lo que se tiene, o se aprovecha el crédito para renovar el coche y aparentar ante los demás una situación de bienestar económica ficticia. Hay que tener en cuenta que casarse, en realidad, no cuesta más de 100 euros. De base, los trámites documentales para contraer matrimonio tienen en Madrid, por ejemplo, un precio fijo establecido en 50 euros. Por lo demás, no existe una tasa o arancel concreto que se haya de pagar por una boda en la iglesia. Así, los párrocos son libres a la hora de determinar lo que piden a los novios por la celebración; un dinero que suele depender de los gastos que ésta ocasione (como las luces o la música), pero que en algunas parroquias puede ser gratuito o quedar a la voluntad de los contrayentes. En otras, la tasa se puede elevar, sobre todo si la boda se realiza “en una iglesia muy céntrica, muy solicitada o muy bonita artísticamente”.

En el caso de las comuniones, el planteamiento es similar, de modo que ambas cuestiones conducen a la misma pregunta: ¿por qué gastar 6.000, 10.000 ó 18.000 euros en un evento que podría celebrarse con 100? Y, más que eso, ¿por qué endeudarse y pedir un crédito para gastar más de lo que se tiene? Según Gerardo Meil, miembro de la Federación Española de Sociología (FES) y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), las familias necesitan “ritualizar” determinado tipo de actos, como las primeras comuniones o las bodas, y dotarlos de un significado especial para que puedan ser rememorados en el tiempo como algo singular. El problema, señala, es que lograr esa singularidad resulta cada vez más difícil en la sociedad del consumo, donde todo funciona a ritmo de vértigo y las cosas -incluso los eventos- vienen acompañadas de la enseña “usar y tirar”.

La presión social hace que se gaste una media de 18.000 euros en un acto que, en esencia, no supera los 100 euros

Organizar estas celebraciones como un gran acto social que se prepara durante meses y que es costoso, tanto en tiempo como en dinero, es lo que dota al acontecimiento de una relevancia que de otro modo no tendría, explica este profesional especializado en la sociología de la familia. El hecho de invitar a los parientes y a los amigos se sitúa en la misma línea de validación social y, por ello, todo gasto parece escaso a la hora de realizar el festejo. El objetivo, por un lado, es lograr que ese día se salga de lo normal o lo corriente, y que no esté marcado por un “consumo acumulativo” como todos los demás. De ahí que una parte fundamental de los gastos tenga que ver con el reportaje fotográfico o la realización de un vídeo que atesore el momento a lo largo de los años. La importancia que se le da a este tema se ve reflejada en las cantidades de dinero que se destina a la contratación de estos servicios. Ambos -fotos y vídeo-, cuestan de media unos 400 euros.

Sin embargo, mientras se busca que el evento sea excepcional en el sentido más estricto del término, las familias españolas se desviven por celebrar la comunión o la boda “como es debido”, así, entre comillas, porque lo “debido” ha cambiado mucho en el curso de los últimos años. Para Gerardo Meil existen una serie de pautas sociales que, en cierta forma, obligan a las personas a cumplir con ellas, y eso resulta evidente en el caso de las primeras comuniones, que en la actualidad se festejan como si fueran bodas, con toda una parafernalia que dista mucho de aquellas chocolatadas o meriendas en la sala de casa. Como indica el sociólogo, con estos eventos se genera una voluntad por demostrar éxito económico y un nivel de bienestar que actúa como un bumerán para aquellas familias que, en realidad, no lo tienen.