10 consejos para ahorrar con las tarjetas

Si se aplican estrategias de ahorro en las tarjetas, los beneficios pueden superar a los obtenidos a través de otras operaciones en la economía doméstica
Por José Ignacio Recio 15 de mayo de 2014
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La estrategia del ahorro se traslada a todos los ámbitos del consumo, y es raro el hogar que no se decante por alguna actuación para reducir los gastos de sus cuentas personales: desde las facturas de los principales recibos domésticos hasta las compras realizadas en los establecimientos comerciales, sin dejar de lado las que afectan a las relaciones con los bancos, aseguradoras y otras entidades de crédito. Tampoco están exentas las tarjetas que todos los ciudadanos tienen en su cartera. Porque también está contemplado el ahorro en este medio de pago. Pero ¿cómo hacerlo y de dónde ahorrar dinero con la tarjeta? En este artículo se exponen las claves de este ahorro.

¿De dónde puede ahorrarse dinero en los plásticos?

Hay que intentar que la tarjeta esté vinculada con alguna marca comercial que permita obtener rebajas, ofertas y promociones

Para ahorrar con la tarjeta no es preciso limitar su uso, sino emplear ciertos instrumentos para que su mantenimiento sea menos exigente, y lograr así una utilización más racional y efectiva. El resultado final puede ser sorprendente, sobre todo si las recomendaciones se aplican con una severa disciplina, de forma que todos los años puedan contenerse los gastos.

Tanto si se dispone de una como de varias tarjetas, puede generarse un importante ahorro, siempre a través de diferentes actuaciones. Sobre todo, provendrían de los siguientes diez casos, que deberían considerarse para que los gastos no se disparen en su mantenimiento y empleo:

  • 1. Contratar tarjetas que no tengan cuota de mantenimiento: son muchas las que hay con estas características, y basta con la apertura de una cuenta o la domiciliación de la nómina para tener una.

  • 2. Buscar la que aplique los tipos de interés más suaves, ya que sus diferencias pueden oscilar en casi un 50% entre una y otra, generando un mayor ahorro en los modelos más benévolos.

  • 3. Implicarse con algún «plástico» que genere descuentos en las principales compras que se realizan todos los meses.

  • 4. Tratar de amortizar los préstamos lo antes posible, para que no se eternicen los pagos y, en consecuencia, se tengan más gastos para su devolución, en especial si se opta por la cuota mínima.

  • 5. Intentar que la tarjeta esté vinculada con alguna marca comercial que permita obtener rebajas, ofertas y promociones por sus productos, sobre todo si se es un consumidor habitual.

  • 6. Si se conduce, elegir algún modelo por el cual la gasolina saldrá más barata a través de las bonificaciones de alguno de los «plásticos».

  • 7. Entre varios diseños con las mismas características, hay que seleccionar aquel que mejores condiciones de contratación y prestaciones se halle en el mercado, ya que la contención de gastos puede elevarse de forma notable.

  • 8. Procurar elegir los «plásticos» que ofrezcan adelantos sin ningún tipo de interés, por lo general durante el mismo mes, que no supondrá mayores esfuerzos monetarios.

  • 9. Tratar de cumplir con los plazos en su pago, pues, de no ser así, habrá que afrontar un recargo que encarecerá su uso. Si no se puede mantener, lo más sensato será cancelarla.

  • 10. Basta con tener dos tarjetas en la cartera, una de débito y otra de crédito, para evitar duplicidades y que los gastos se disparen de modo innecesario.

Los gastos que reporta una tarjeta

Los desembolsos que lleva implícito ser titular de uno de estos “plásticos”, en cualquiera de sus modalidades, son variados y de diversa procedencia. Muchos pueden ser evitados a través de una mayor vinculación con la entidad o suscribiendo ciertos productos bancarios, pero hay una serie de gastos con los que habrá que cumplir desde el mismo momento de su suscripción:

  • Las cuotas de mantenimiento y de emisión, que están presentes en la mayoría de “plásticos”, y oscilan entre 10 y 80 euros, en función de su modalidad.
  • El tipo de interés que aplican las tarjetas de crédito por utilizar su financiación, y que rara vez baja de la barrera del 10%.

  • La retirada de efectivo en cajeros automáticos ajenos a la misma red comercial.

  • Las posibles comisiones y recargos por impagos en los créditos, insuficiencia de fondos u otros que estén contempladas en sus cláusulas.

  • Las cuotas de las tarjetas asociadas que vayan dirigidas a los miembros de la familia: mujer, marido, hijos…

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