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¿Cuándo vendo mis acciones en Bolsa? Cinco pasos para acertar

Las señales de debilitamiento de las acciones elegidas en la Bolsa pueden ser un aviso para cerrar, vender y recoger los beneficios

No vender acciones en el momento oportuno puede suponer perder mucho dinero en la Bolsa. Por suerte, hay pasos para aprender a vender las acciones y evitar estas pérdidas. Y es que los euros en juego son muchos, y no se debe dejar nada a la improvisación. Los siguientes cinco pasos ayudan a saber cuándo vender las acciones en la Bolsa y acertar, sea cual sea el escenario en los mercados de renta variable.

¿Cuándo vender las acciones en Bolsa?

Las operaciones de venta son las más importantes en el proceso inversor de los ahorradores, ya que determinarán la rentabilidad de sus posiciones en renta variable, bien en el aspecto negativo como en el positivo. Para desarrollar con éxito los movimientos no habrá más remedio que no apurar el recorrido en las cotizaciones de los valores contratados.

La diferencia de una orden de venta correcta de una que no lo es puede implicar unas importantes diferencias en la obtención de los beneficios, incluso cuando, por cualquier circunstancia, hay que aplicarla bajo escenarios bursátiles desfavorables y no habrá más remedio que limitar las pérdidas.

En cualquier caso, uno de los momentos más sensibles en la vida de un inversor es cuando tiene que cerrar sus operaciones. Siempre deberá primar la obtención de cualquier clase de beneficios, y sin apurar en exceso el recorrido alcista que puedan desarrollar los mercados de renta variable. Esto siempre será mejor que formalizar la operación por motivos de la supervivencia de los fondos aportados.

Pero, ¿cuándo vender? En algunos momentos el motivo es que los beneficios son necesarios en la cuenta corriente y, en otros casos, la razón es proteger los ahorros. Pero, antes de vender, se deben analizar los mercados y analizar el plazo de las inversiones: corto, medio o largo.

1. Cuando ya tengo dinero

Toda inversión deberá marcarse unos objetivos mínimos en su estrategia operativa. Una vez cumplidos, será el momento más adecuado para cerrar las operaciones, al menos de forma parcial. La avaricia inversora, tratando de apurar las ganancias, es uno de los errores más comunes que cometen los ahorradores menos experimentados y que les impiden desarrollar una óptima operación bursátil.

2. En entornos de las resistencias

Llegados a estos niveles habrá que pensarse muy seriamente formalizar las ventas de las acciones, ya que, de no superarlos, las correcciones son muy fuertes, con el riesgo latente de perder parte de las ganancias acumuladas hasta ese momento. Solo hay que identificarlos y estar atentos a cuando se lleguen a ellos para finalizar el proceso inversor. Se evitará caer en riesgos inútiles.

3. Bajo situaciones de sobrecompra

Si después de desarrollar continuas subidas en la cotización, se comprueba que el valor presenta una elevada sobrecompra, será la excusa perfecta para imponer la orden de venta a las acciones, sin temor a que puedan seguir revalorizándose en los mercados bursátiles. Es más, el capital invertido podrá dirigirse a otra clase de acciones que generen los niveles de signo contrario, es decir, en situación de sobreventa.

4. Cuando la acción es un error

Puede ocurrir que, a las pocas semanas de haber desarrollado la operación, el inversor se dé cuenta de que en realidad ha habido una equivocación en la elección del valor o de que su comportamiento en los mercados no es el que se esperaba de él. Para proteger las aportaciones económicas, no habrá más solución que venderlas e impulsar otras compras en donde puedan amortizarse las pérdidas de la operación.

5. Cuando se pierde dinero

Tanto en procesos ganadores como perdedores, habrá que estar muy vigilantes ante los procesos bajistas que puedan desarrollar las acciones que se tienen en cartera. De ser así, la rapidez en las operaciones será el denominador común de las actuaciones, vendiéndolas con rapidez, en especial para preservar el capital antes de que se agudicen estos movimientos, y que en las situaciones de caída libre será toda una obligación por parte de todos los inversores.

Vender parte de las acciones

Si el ahorrador no quiere deshacerse por completo de la inversión -mientras se mantengan las plusvalías en la cartera conformada-, hay habilitada una estrategia muy beneficiosa para los intereses de los minoristas. Consiste en formalizar ventas parciales a medida que la inversión empieza a ser rentable. Se van cerrando posiciones con el objetivo de que puedan disfrutarse de su rendimiento, sin demorar los plazos de liquidación. Pero, a la vez, se conseguirá que los ahorradores sigan con sus posiciones abiertas en los mercados de renta variable, aunque con una cartera menos voluminosa como consecuencia de esas ventas. Solo cuando se hayan logrado los objetivos últimos será el momento para finalizar el proceso vendedor, liquidando por completo todas las posiciones. De esta forma, podrá dirigirse el capital hacia otras opciones más favorables y rentabilizar con igual éxito los ahorros.

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