Tópicos que no se cumplen en Bolsa

Nunca se debe anteponer la decisión de comprar o vender acciones a tópicos que recorren los parqués bursátiles
Por José Ignacio Recio 1 de marzo de 2011
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Imagen: Rubén García / Consumer Eroski

Los mercados bursátiles generan constantemente una amplia gama de “frases hechas”, que si bien pueden orientar al conformar una cartera de valores, no deben servir como herramienta para comprar o vender acciones de una compañía. Será primordial que el inversor muestre una cierta dosis de incredulidad y desconfianza ante estos tópicos que adornan a la renta variable.

Es frecuente escuchar ciertos tópicos en Bolsa que, sin embargo, rara vez ocurren o ni siquiera se cumplen en toda su intensidad. Pero debido a las leyendas bursátiles, estos se cuelan en el día a día de los corros de renta variable. Muchos de ellos se siguen a rajatabla por parte de un buen número de pequeños y medianos inversores, en su afán por lograr las mejores estrategias para obtener una mayor rentabilidad a sus ahorros, mientras que otros son ajenos a los intereses de los ahorradores más experimentados. En unos casos, pueden indicar una tendencia mayoritaria entre los agentes que intervienen en el proceso bursátil, pero en otros tantos se conforman a partir de situaciones que se han repetido de manera regular a través de los años, pero que en ningún grado significa que su aplicación sea de obligado cumplimiento y, ni mucho menos, que vayan a ocurrir.

Estos tópicos pueden indicar una tendencia mayoritaria o conformarse a partir de situaciones que se han repetido de manera regular, sin que su aplicación sea de obligado cumplimiento

Por este motivo, los inversionistas particulares no deben hacer mucho caso a estos tópicos, o por lo menos a algunos de ellos, en el momento de elaborar su cartera de valores. Conviene decantarse por otros parámetros objetivos y fiables, como los análisis técnico o fundamental de valores, índices o sectores que pueden propiciar una toma de posiciones en la renta variable más segura y fiable. Una de las frases más generalizadas en el ambiente de los parqués bursátiles es «siempre se gana en la Bolsa». Sin embargo, esta afirmación es falsa, aunque con ciertos matices, ya que si bien a medio y largo plazo es habitual que esta premisa se cumpla, incluso con gran intensidad por parte de algunos valores, tampoco faltan las acciones que se han desplomado desde máximos históricos y se han devaluado con el paso de los años. En algunos casos ni siquiera se han vuelto a recuperar, lo que representa un grave riesgo que pueden contraer los inversores.

No faltan ejemplos para explicar este proceso, desde los casos concretos de empresas que han dejado de cotizar en el Mercado Continuo español, como Terra o TPI, a otros más actuales como Jazztel, Service Point Solution o Natraceutical, que todavía están muy alejados de los máximos que marcaron hace 5 o 10 años y, por tanto, las minusvalías serían más que notables si se hubiese estado posicionado en alguna de estas compañías que cotizan en la renta variable. Por el contrario, en otros casos, las revalorizaciones obtenidas en los últimos meses todavía no alcanzan los niveles de ejercicios precedentes, hace 5 o 10 años. Es el caso de Gas Natural o ArcelorMittal, entre otros, que demuestran que no siempre se gana en Bolsa. Aunque no es menos cierto que lo habitual en estas situaciones es que con un plazo de permanencia superior, de tres a seis años, siempre se consigan plusvalías, como ha sucedido en los principales valores que cotizan en el Mercado Continuo: Telefónica, Santander, BBVA, Telecinco, Abertis, Indra, y Viscofan, entre otros.

Sin pautas rígidas

Otro tópico de cierto renombre entre los inversores bursátiles se refiere a la evolución de los valores e indica que «siguen el rastro de los otros mercados internacionales». Es cierto, pero también es verdad que una serie de valores pueden «ir por libre» en un momento determinado y estar ajenos a los movimientos que experimentan los índices europeos o norteamericanos. Por tanto, es lógico -y ocurre- que en procesos bajistas tengan tendencia contraria, o viceversa. Más complicada de analizar es la creencia entre los inversores de que «a más especulativos que sean los valores, mayores serán las posibilidades de incrementar las plusvalías».

En este tipo de valores la volatilidad es mayor y, por tanto, sus escapadas, tanto al alza como a la baja, son más acusadas. Son propuestas con un alto componente especulativo, donde sus accionistas entran y salen a menudo en estos valores de manera continua, incluso a través de operaciones intradia (en el mismo día), sin que se forme un núcleo estable entre el accionariado de las compañías. También es digno de mencionar que en los valores de primera fila, o al menos en los valores que integran el «Ibex-35», se pueden conseguir grandes revalorizaciones, por encima de la media y con dos dígitos, al aprovechar la tendencia alcista del mercado. Santander, BBVA, Endesa, Abengoa, Sacyr-Vallehermoso o, más reciente, Iberia son algunos ejemplos de cómo a través de esta selección se han podido conseguir importantes revalorizaciones, en unos casos dirigidas al corto plazo y en otros, con un grado de permanencia mayor. A menudo, han estado al amparo de movimientos corporativos que han favorecido que sus precios se hayan encarecido hasta en más de un 50% y por encima de las proyecciones alcistas que han experimentado los valores de carácter especulativo.

De cierta consistencia es también la idea de que «las acciones suben en los momentos previos al pago de dividendos». Debe matizarse, ya que si bien en ese momento es habitual que los inversores que tienen tomadas sus posiciones en un valor que va a retribuir a los accionistas a través de este abono no los vendan, pueden encontrarse en muchas situaciones con una realidad diferente a la planteada. Puede ocurrir que el efecto sea el contrario, por cualquier motivo que afectara a la compañía: problemas coyunturales, recogida de beneficios o una tendencia negativa de los índices bursátiles, que propicien que las empresas generen caídas en su cotización antes de efectuar su pago de dividendo. En contraposición, de mayor consistencia es la frase «hay que comprar con el rumor y vender con la noticia».

Esto se explica porque los mercados, en general, descuentan los rumores que pululan por los parqués bursátiles y a los cuales prestan atención las manos fuertes del mercado (brokers). La consecuencia es que, cuando se confirma la noticia, ya son muchos los particulares que entran de forma agresiva a comprar acciones, justo en el momento en que esas manos fuertes deshacen sus posiciones, lo que puede «enganchar» a los particulares.

Conviene vender las acciones en el preciso momento en que se den los primeros síntomas de debilidad o agotamiento en su cotización

Un tópico más muy extendido entre los usuarios afirma que para invertir en Bolsa «hay que disponer de mucho dinero». Es falso desde todos los puntos de vista, ya que si bien a mayor capital invertido más amplias serán las posibilidades de que las plusvalías sean más agudas -aunque esta proporcionalidad también es aplicable a las pérdidas-, se puede invertir en Bolsa desde cantidades asequibles para todas las economías domésticas. Ya sean 50 euros o la cantidad que el ahorrador considere oportuna, por muy pequeña que ésta sea. No obstante, debido a las comisiones que conllevan las operaciones, no es muy recomendable para apuestas bursátiles de menor cuantía.

Lo más conveniente, en función de la economía doméstica de cada usuario, es que sea a partir de un mínimo de entre 300 y 500 euros, en especial en personas poco habituadas a operar en la renta variable. No falta tampoco la máxima que se refiere a «que el último euro se lo lleve otro inversor». Sin ser una premisa demostrada, es táctica recomendable para vender las acciones en el preciso momento en que se den los primeros síntomas de debilidad o agotamiento en su cotización y no tener que esperar a que los beneficios acumulados sean mayores, ni mucho menos vender en máximos. Algunos inversores que no han aplicado esta estrategia han comprobado cómo han tenido que deshacer su cartera de valores, incluso, con depreciaciones en su precio.

Otro tópico

Otro tópico que goza de gran predilección entre los inversores más habituales en los parqués asegura que se deben «aprovechar las bajadas para comprar». En este caso, puede ser un buen punto de partida para iniciar la operativa en la renta variable, aunque puede que esta tendencia se deba a algún factor coyuntural y las caídas sean más pronunciadas en las próximas semanas o meses. De esta forma, se quedaría otra vez atrapado en el valor, con un precio de cotización sensiblemente por debajo del de la compra. Por el contrario, en las tendencias alcistas, es frecuente que los analistas bursátiles recomienden a sus clientes realizar compras en las correcciones que experimentan las acciones. Por tanto, es muy diferente hacer efectiva esta estrategia con una tendencia alcista que con una bajista. No conviene minimizar los valores baratos, puede que ocurra algo que el inversor particular desconoce y caiga en la trampa de comprar valores baratos sin ninguna base técnica ni fundamental.

También es muy frecuente entre los inversores «comprar acciones de empresas sólidas en su creencia de que subirán más fácilmente». En principio, es otra excelente estrategia para rentabilizar los ahorros, pero tampoco es sinónimo de que las ganancias vayan a aflorar de inmediato en la cartera de valores. A medio y largo plazo, es lógico que se revaloricen sus acciones, unas con mayor intensidad que otras, pero en el corto plazo pueden experimentar procesos bajistas o laterales que impidan que suban sus precios, incluso estos períodos pueden alargarse excesivamente durante varios meses o años, tal y como sucede en los últimos años con valores de gran capitalización y, en especial, en los «blue-chips» de la Bolsa española.

Pautas que no se deben seguir

En cualquiera de los casos, para ayudar a las estrategias de los ahorradores, es prudente que utilicen ciertas pautas operativas para elaborar sus carteras de valores, con el objetivo expreso de optimizar su apuesta bursátil, en especial, a través de los casos de omisión (qué no debe hacerse) ante constantes tópicos bursátiles que envuelven toda toma de decisión en la renta variable. Ser flexible, no hacer caso a todas las ideas que se difunden y guiarse por un rigor técnico y fundamental son las herramientas adecuadas para que las compras realizadas caigan en los menores errores posibles. Si bien el factor suerte puede jugar un papel muy importante en la selección de empresas. Por tanto, el usuario debe asumir siempre qué pautas no debe seguir, que se resumen en los siguientes puntos:

  • Anteponer su decisión a tópicos que recorren los parqués bursátiles en detrimento del análisis técnico o fundamental del valor.

  • Pensar que los tópicos que se difunden se cumplen siempre y, por tanto, que condicionen subjetivamente la apuesta bursátil.

  • Utilizar estos tópicos como primer o único indicador para comprar o vender acciones de una empresa.

  • No utilizarlos como si fueran una opinión personal que pueda arrastrar a una toma de decisión errónea en la renta variable.

  • No hay que dejarse llevar por estas opiniones cuando el capital invertido es de cierta magnitud, ya que se ponen en juego los ahorros de mucho tiempo.

  • Pueden servir de ayuda, en efecto, pero siempre que estén contrastadas con otros análisis o como consecuencia de la recomendación de un experto en Bolsa o analista financiero.

NO SIEMPRE HAY QUE ESTAR INVERTIDO EN BOLSA

Además de los tópicos anteriores, es un error grave pensar que se debe estar invertido durante todo el año, tal y como argumentan algunos analistas bursátiles, para quienes “siempre hay oportunidades de compra en la Bolsa, incluso en los períodos bajistas”. Aunque esta premisa sea realidad, lo cierto es que los inversores menos experimentados deben medir con mucho cuidado sus tiempos, es decir, deben administrar los períodos en los cuales toman posiciones en la Bolsa y otros que aconsejan estar en completa liquidez y, como mucho, al tanto de que el mercado dé síntomas de que se pueden realizar algunas compras con cierta seguridad.

En general, en todo proceso alcista las compras deben ser denominador común de las actuaciones de los inversores, pero cuando se den los primeros síntomas de agotamiento en la evolución de las cotizaciones o se entre en una fase correctiva o bajista, conviene pasarse a la renta fija o disponer del capital ahorrado para afrontar la reforma del hogar, la adquisición de un nuevo coche o comprar una televisión nueva. No es aconsejable, por tanto, estar “comprado” los doce meses del año -a no ser que la inversión vaya dirigida al medio o largo plazo-, ya que puede suponer más consecuencias que realizar operaciones forzadas que pueden lastrar los ahorros durante meses o años.