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Remesas de inmigrantes

Los envíos de dinero de los inmigrantes se han convertido en una fuerza determinante en sus países de origen, y en algunos casos en el motor principal de sus economías

Img remesas listado Imagen: Diane Lee

Según revelan los datos del Instituto Nacional de Estadística, en España residen más de cuatro millones de extranjeros. Su presencia no sólo ha servido para mejorar la economía de nuestro país sino que ha producido importantes beneficios en sus lugares de origen. Las remesas que envían los inmigrantes -dinero que periódicamente llega a los familiares que permanecen en su país- han sido una potente vía de ayuda que ha permitido mejorar la calidad de vida de quienes las reciben, en regiones donde los sueldos son mucho más bajos. Los envíos de dinero aumentan cada año y, según señala el Banco de España, durante los primeros ocho meses de 2007, las remesas de los inmigrantes han crecido un 23,4% con respecto al mismo período del año anterior. Los estudios reflejan que estas remesas, posibles gracias al ahorro de los trabajadores, representan un mecanismo de redistribución de la riqueza global que supera con creces lo conseguido con los programas de ayuda al desarrollo impulsados por los países ricos.

Repercusiones en los países de origen

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La situación en la que hoy se encuentran los inmigrantes en nuestro país es semejante a la que vivieron nuestros compatriotas en los años 60 y 70. Emigraron a Europa y a América con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias. El dinero que ahorraron y enviaron a España impulsó, sin duda, el desarrollo del país. Hasta hace sólo tres años, las cantidades que los españoles residentes en el extranjero enviaban a España eran superiores a las que mandaban los inmigrantes a sus países. Esta tendencia se invirtió en 2005 y, cada año, aumenta la diferencia entre lo que se recibe en España y lo que sale del país. El año pasado, esta diferencia llegó a los 1.443 millones de euros.

Según señala Enrique Alberola, responsable de la división de Economía Internacional del Banco de España, al igual que en la mayor parte de los flujos económicos, “la migración opera como un mecanismo de equilibrio. En presencia de desigualdades salariales, la emigración permite una mayor igualdad de salarios entre las regiones que envían y reciben inmigrantes”. El principal beneficio, y el más directo, que logran los ciudadanos que abandonan su país para trabajar en otro es un salario mayor. La obtención de estos ingresos superiores les permite ahorrar y enviar dinero a sus familiares para mejorar su calidad de vida. Estas remesas hacen que las tasas de pobreza absoluta -población con ingresos inferiores a 2 dólares diarios- disminuyan, pues no dejan de ser transferencias directas de renta que benefician principalmente a aquellos que más lo necesitan. Los estudios realizados en Iberoamérica constatan además que las familias que reciben remesas tienden a gastar más en vivienda, educación y salud, lo cual produce una reducción de las enfermedades y un aumento en las tasas de escolaridad.


Las familias que reciben remesas gastan más en vivienda, educación y salud, lo que reducción las enfermedades y hace aumentar las tasas de escolaridad

Según señalan en el portal especializado Remesas.org, el dinero que los inmigrantes envían desde España ha alcanzado un impacto en el país de destino más que relevante. En 2006, Bolivia recibió desde España 735 millones de euros, lo que equivale al 8,5% de su PIB. Las que llegaron a Ecuador supusieron el 3,6% de esta economía mientras que las recibidas por Senegal llegaron casi al 2% de su PIB. Esto significa que los inmigrantes de estos países radicados en España se han convertido en una fuerza determinante en sus países de origen, e incluso cabría considerarlos como el motor principal de sus economías. Otra de las consecuencias que debería generar la salida de trabajadores del país sería una subida salarial para los que se quedan, al haber menos mano de obra en el país de origen, aunque no es así en todos los casos.

Sin embargo, no todo son efectos positivos para los países receptores de remesas. A los costos sociales que supone el distanciamiento familiar y la adaptación del emigrante al nuevo país se unen otra serie de factores.

Las remesas son un arma de doble filo. Según el Informe Mensual del Servei d’Estudis de La Caixa publicado en junio de 2007, se ha comprobado que los miembros de los hogares que reciben remesas tienden a participar menos en el mercado de trabajo. El estudio asegura que en países como México el efecto es enorme: “Mientras el 90% de los hombres adultos en edad de trabajar que no recibe remesas forma parte de la fuerza laboral, sólo el 60% de los que recibe remesas lo hace”. Al parecer la recepción de este dinero hace que aumente el nivel mínimo de salario por el que estas personas están dispuestas a trabajar.

Este mismo informe sostiene que las remesas reemplazan a los ingresos que los emigrantes hubieran podido conseguir en sus países de origen. Además, como el capital que llega de la emigración se genera riqueza en los países que lo reciben, se alimenta la tendencia de sus gobernantes a no adoptar políticas adecuadas que frenen el éxodo de sus ciudadanos.

Según señala el estudio, algunos estudios sugieren que el impacto de las remesas sobre la reducción de la pobreza y el aumento del crecimiento económico, aunque quizás positivo, es muy modesto. Migración y remesas no pueden reemplazar unas buenas políticas económicas y unas instituciones de calidad como motor de un crecimiento sostenido.

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