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Ecotasa turística

Implantado en el extranjero, turistas y el sector hostelero rechazan en España el cobro de este impuesto

Caso balear

En 2001 el Parlamento balear aprobó el cobro de la ecotasa, un impuesto creado para gravar la estancia en hoteles y apartamentos turísticos y cuya recaudación estaba destinada a la reinversión en el propio sector turístico y la recuperación del medio ambiente. Apenas un año después, en octubre de 2003, esta tarifa fue sin embargo derogada ante las quejas de los hosteleros y los clientes, que la consideraban abusiva y sin un objetivo claro. “Nosotros estuvimos muy en contra de la ecotasa en Baleares porque realmente no era una ecotasa, sino un impuesto finalista. Se dijo que respondía al principio europeo de ‘quien contamina paga’ y se acusó a los turistas de ser quienes más contaminaban cuando, en realidad, existen otras actuaciones que manchan más, como las fábricas”, explica el Secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHOT), Ramón Estalella.

Junto a la ecotasa balear, cuya aplicación suponía el pago al establecimiento hotelero de entre 0,25 y 2 euros por día y persona sobre el precio de la estancia, algunos municipios de las islas pusieron en marcha otras medidas como la desclasificación de suelos urbanizables y la reducción del número de plazas hoteleras, a la vez que se ampliaron las zonas verdes y las infraestructuras más demandadas por los turistas. Se trataba de alertar del deterioro de una costa visitada cada año por un importante número de turistas. El medio ambiente comenzaba a poner de manifiesto los excesos de una actividad que, si bien reporta a las islas generosos beneficios económicos, supone un impacto ambiental cada vez más peligroso.

Se rechazó la propuesta y la ecotasa turística quedó derogada. Así, mientras ciudades extranjeras como París, San Francisco, Seattle o Bora-Bora exigen a los turistas el pago de tarifas de pernoctación o similares -que por lo general se hacen efectivas a la llegada, en el propio aeropuerto de destino-, en España su implantación no encuentra aún aceptación suficiente. “La gente no deja de viajar a República Dominicana porque tenga que pagar una ecotasa, el problema es que en Baleares se daba a entender que se buscaba un turismo de calidad, de millonarios. Además, la ecotasa balear afectaba a los turistas que se alojaban en hoteles, pero no a quienes lo hacían, por ejemplo, en pisos alquilados”, concluye Estalella.

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