La temperatura media en España podría aumentar casi cinco grados a final de siglo

Los termómetros han registrado los mayores aumentos en primavera, aunque también se han producido máximas en verano
Por EROSKI Consumer 25 de junio de 2008

Desde el año 1850 hasta la actualidad, la temperatura media en España ha subido un grado centígrado, aunque si el punto de partida es 1901 los termómetros han subido 1,3 grados. Una aceleración en el calentamiento que aumenta a medida que van pasando los años, y que alcanza su mayor nivel entre 1973 y 2005. En ese periodo, la temperatura media diaria aumentó a razón de 0,48 grados por década, lo que significa que si continuara esta tendencia, a final de siglo la temperatura media de nuestro país podría aumentar casi cinco grados.

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Estos datos, procedentes de la veintena de estaciones meteorológicas que abarcan la Península Ibérica y Baleares, con registros desde el año 1850, ponen de manifiesto que el calentamiento en España casi dobla la media global del planeta, donde en los últimos cien años la variación ha sido de 0,74 grados, según los datos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Pero lo más negativo es que esta subida de las temperaturas no se distribuye uniformemente durante todo el año. Los valores más altos corresponden a la primavera y el verano. Así, entre 1973 y 2005 la temperatura en España en primavera subió 0,77 grados por década y 0,67 grados en verano. Las máximas en primavera subieron 0,82 grados y 0,73 grados en verano. En cuanto a las mínimas, crecieron 0,66 grados en primavera y 0,62 en verano.

Proyecciones de futuro

De cara al futuro, hay dos escenarios. En el más desfavorable, el incremento de temperatura estaría en 0,4 grados centígrados por década en invierno y 0,7 por década en verano. En el menos desfavorable, el invierno se comportaría de la misma manera y en verano los termómetros subirían a razón de 0,6 grados por década. Esto significa que en sólo diez años el aumento sería similar al incremento medio de temperatura en todo el planeta desde la revolución industrial.

En el escenario más desfavorable, el incremento de temperatura estaría en 0,4 grados por década en invierno y 0,7 por década en verano

Para el periodo 2071-2100, las previsiones son más severas. Así, en el interior peninsular los incrementos de temperatura con respecto al clima actual en el escenario más desfavorable alcanzarían valores de cinco a siete grados en verano y de tres a cuatro grados en invierno, mientras que en la hipótesis más optimista, si cabe, los valores se moverían sólo un grado centígrado por debajo de los anteriores para ambas estaciones. En las zonas más próximas a la costa, y en las islas Baleares, la subida de los termómetros sería dos grados menor que en el interior, mientras que en Canarias, que sufrirá mucho menos el cambio climático, las temperaturas se situarían tres grados por debajo que en el interior peninsular en verano y dos grados en invierno.

Fenómenos climáticos extremos

Algunos de los efectos que se desprenden de este calentamiento no se revelarán de manera escalonada, sino que lo harán bruscamente. Son los llamados fenómenos climáticos extremos, como inundaciones, olas de calor o incendios.

Se estima un aumento del 20% en la frecuencia de las anomalías térmicas mensuales, aunque no de forma regular en todo el territorio

La Evaluación Preliminar de los Impactos del Cambio Climático en España, un estudio realizado por más de 400 científicos y coordinado por José Manuel Moreno, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha, estima un aumento del 20% en la frecuencia de las anomalías térmicas mensuales, aunque no de forma regular en todo el territorio.

Los archipiélagos se mantendrán al margen, pero en la Península Ibérica se incrementarán los días con temperaturas máximas extremas sobre todo en primavera y, en menor medida, en otoño. El estudio habla incluso de que el clima del norte de España se «mediterraniza» y el del sur se «africaniza». Así, el llamado clima inframediterráneo (como el de Marruecos) será, según esa evaluación, el predominante en Extremadura y Andalucía a final de siglo.

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