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Madera certificada

Garantiza al consumidor que procede de bosques bien gestionados desde el punto de vista económico, social y ecológico

La madera es un bien renovable. Sin embargo, el ritmo de destrucción de bosques impuesto por el desarrollo consumista ha provocado la desaparición de gran parte de ellos. Para evitar todo ello, se creó hace poco más de 10 años una iniciativa para el fomento de buenas prácticas ecológicas y humanas en la gestión de las zonas verdes, asegurando su supervivencia, calidad y beneficios sociales, por ejemplo, entre los indígenas. Como consumidores de madera es importante detectar estos productos certificados, cuál es su precio y en qué consisten las garantías que aportan al consumidor.

Una medida para la gestión responsable de los bosques

La certificación de la madera es una iniciativa que combina la auditoría de las prácticas forestales con el seguimiento de los productos que salen del bosque. Es un aval que garantiza al consumidor que los productos que adquiere han sido obtenidos de bosques bien gestionados desde un punto de vista económico, social y ambiental. De hecho, asegura que la compra de muebles, papel, tableros o carbón, entre otros, no ha contribuido a la destrucción de la masa arbórea que aún queda en la capa terrestre o a la explotación laboral de otras personas.

Los datos indican que sólo el 28% de la superficie está cubierta de bosques. De este porcentaje, dos tercios sufren los rigores del aprovechamiento comercial que se hace de su madera. Bajo estos parámetros, las cifras alertan de que se pierden alrededor de 14 millones de hectáreas de zonas boscosas al año. A todo ello contribuyen prácticas como la explotación abusiva, la tala ilegal, o la pérdida de la biodiversidad de las zonas verdes.

Bajo estas perspectivas, parece evidente que una medida como la certificación de la madera, basada en criterios de sostenibilidad económicos y ambientales, ayudará a todos los sectores implicados en la explotación de los bosques a mantener sus negocios y a mejorar tanto su imagen como la salud de los bosques explotados.

Las bondades de este sistema de certificación son palpables, a ojos de las asociaciones conservacionistas. De hecho, desde el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, siglas derivadas de su traducción inglesa) enumeran una serie de ventajas que devienen de la extensión de esta iniciativa a los bosques del planeta. Algunas de ellas son las siguientes:

  • El consumidor conoce el origen de la madera que adquiere y las buenas prácticas que han acompañado a su proceso de gestión.
  • Se prima una actividad forestal que premia la conservación del medio ambiente y lo social.
  • Se fomenta la proliferación de la biodiversidad y la conservación de recursos como el agua o el suelo, entre otros.
  • Garantiza los derechos de las comunidades indígenas y de los pequeños propietarios de bosques.
  • Permite, gracias a sus auditorías continuas, la transparencia en la gestión del bosque y en su explotación comercial.
  • La madera certificada permite una gestión forestal responsable.
  • Genera ventajas competitivas, al constituirse dicha madera en un valor añadido.
  • Facilita el acceso de los productores a nuevos mercados.
  • Permite más ganancias y mejores precios a los productores.
  • Contribuye a que disminuyan los accidentes de trabajo, ya que la certificación llega acompañada de un decálogo de medidas contra la explotación abusiva.
  • Se elimina la sustitución de bosques naturales y el uso de productos químicos.
  • Se elabora un censo con los bosques existentes y su riqueza.

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