Entrevista

Mari Carmen Gallastegui/ Catedrática de Economía de la UPV

Se pueden obtener los mismos beneficios económicos con un mayor cuidado del entorno
Por Miren Rodríguez, Iñigo Marauri 15 de junio de 2005
Img gallastegi

La economía tiene mucho que decir sobre el medio ambiente. Así lo cree la catedrática de Economía de la Universidad del País Vasco Mari Carmen Gallastegui (Bergara, Guipúzcoa, 1945) y así lo ha defendido a lo largo de su intensa carrera académica. Galardonada con el premio Nacional de Economía y Medio Ambiente, Gallastegui asegura que el cuidado del entorno natural no está reñido con la consecución de beneficios económicos.

¿Qué tiene que ver la economía con el medio ambiente?

Muchísimo, porque el medio ambiente es un activo que nos ha dado la Naturaleza. Los humanos producimos otros activos. Hay activo físico y activo natural. Nos hemos preocupado de cómo hay que hacer capital físico, cómo invertir, cómo no invertir… pero no nos hemos preocupado suficientemente de qué hacer con los activos naturales, de cómo cuidarlos, de cómo gestionarlos… La economía, de la misma forma que se ocupa de cómo gestionar empresas, también tiene mucho que decir de activos que nos vienen dados por la naturaleza.

¿Cómo se puede conjugar la buena marcha de la economía con la protección del medio ambiente?

No es tan difícil. Lo que hay que hacer es aplicar los conocimientos de racionalidad que utilizamos con otros activos que no son naturales, aplicarlos al concepto medioambiental, teniendo en cuenta, eso sí, el contexto institucional en el que nos movemos. La mayoría de los problemas ambientales derivan del hecho de que la mayoría de los activos naturales son de propiedad común

La mayoría de los problemas ambientales derivan del hecho de que la mayoría de los activos naturales son de propiedad común
. Todos nos queremos beneficiar, y por si acaso alguien se va a beneficiar antes o más que nosotros, los explotamos al máximo. Hay un marco institucional que no ha propiciado que los activos naturales se hayan cuidado bien. Nosotros estamos muy acostumbrados a cuidar nuestras propias cosas, pero no estamos acostumbrados a cuidar las que son comunes. Hay que conjugar la gestión de la propiedad común, el bien común o el mal común -como el efecto invernadero, la lluvia ácida…-. Todos estos conceptos los tenemos desarrollados en economía -bienes públicos, privados, derechos de propiedad…- y luego también tenemos desarrollados en economía conceptos como la teoría de juegos… En este campo hay mucho de teoría de juegos, porque prima en muchas ocasiones la estrategia. Muchas lecciones que estudiamos los economistas pueden ser aplicadas al medio ambiente, aunque el medio ambiente no puede ser estudiado sólo por economistas. Es un ámbito interdisciplinar. Pero la economía tiene mucho que decir en el medio ambiente.

¿Esa armonía entre desarrollo económico y protección medioambiental existe?

Hay modelos y modelos de desarrollo. Podemos tener modelos que hagan un uso intensivo de los recursos y que supongan un deterioro tremendo. No tenemos más que mirar la ría del Nervión para comprobarlo. Pero eso no es inevitable. Se ha producido porque la sociedad no estaba mentalizada de que la naturaleza nos da bienes de forma gratuita, pero no los podemos utilizar gratuitamente. Tenemos que pagar un precio por ellos porque cuesta mantenerlos. Cuando logremos mecanismos para asumir que tener el océano limpio puede costar, o que si emito CO2 tengo que pagar por ello… Sí es compatible, pero es otro modelo de desarrollo en el que incorporamos a los activos naturales como parte de la economía. Por eso está tan en boga el modelo de desarrollo sostenible, un modelo que tenga en cuenta el medio ambiente, además de aspectos de equidad, sociales… También es verdad que si tenemos un mundo muy desigual en términos de riqueza, tampoco tendremos nunca un buen desarrollo medioambiental.

¿Se pueden obtener los mismos beneficios económicos con un mayor respeto por el entorno?

Sí, sí. Incluso se pueden generar nuevos puestos de trabajo. Hay toda una actividad, que es cuidar el medio ambiente, protegerlo y gestionarlo bien que puede generar actividad económica, empleo y producción. Tenemos que inventar, tenemos que desarrollar tecnología acorde con el cuidado del medio ambiente. Es por tanto, un nicho más de actividad, un nicho más del mercado. No tenemos por qué crecer menos, pero quizá sí de otra forma, no tan a corto plazo, sino más a medio plazo…

Pero la marca de esos plazos en un sistema como el capitalista no parece una tarea sencilla

Es complicado porque somos muy impacientes. Queremos ya todo hoy. No queremos esperar. Está claro que el mercado por sí solo no va a tener en cuenta el medio ambiente. El mercado va a fracasar. De hecho, los economistas estudiamos los problemas medioambientales como un fracaso del mercado

Los economistas estudiamos los problemas medioambientales como un fracaso del mercado
. Lo ponemos como un argumento para la intervención pública fundamental. Lo que hay que hacer es que se diseñe bien y que se cumpla.

No parece que esto sea lo que está ocurriendo con la pesca de la anchoa

Es una situación en la que no se ha sabido gestionar un recurso renovable pero agotable. Hemos estado pescando en exceso con temporadas demasiado amplias. Se han hecho informes que decían que la cuota de anchoa debía ser inferior a la que nos estaban fijando y sin embargo se han fijado cuotas de anchoa muy por encima. Se ha permitido además que la temporada de pesca se amplíe, han entrado además los franceses con una flota más industrializada y unas técnicas de pesca más agresivas… la biomasa no lo aguanta. Ha sido, en definitiva, un recurso mal gestionado. En lugar de eso, se deberían tener en cuenta los informes científicos y se debería pescar sólo lo que permita que la biomasa, la población de la especie, siga siendo estable.

¿Cómo se puede potenciar el consumo del pescado entre la población si se están agotando los caladeros?

Hay especies, por ejemplo, la merluza, que han estado en peligro de extinción. Se ha protegido y durante años hemos comido merluza sudafricana, chilena… y no del Cantábrico. Y se está recuperando. Lo mismo puede pasar con la anchoa. Hay pescado suficiente para satisfacer nuestra demanda, pero no siempre tiene que ser del mismo caladero. Hay que diversificar, es decir, establecer una explotación racional.

¿Pero eso no supondría también un mayor coste para la flota pesquera?

Las flotas deben obedecer lo que se les diga que tienen que hacer. Además, las flotas, cuanto más locales son, más conscientes del cuidado que deben tener. En cualquier caso, es difícil establecer una buena política pesquera. En el caso de la UE, se está revisando, porque se ha demostrado que no ha sido suficientemente buena.

¿De qué sirve que un país cumpla las reglas o potencie una actividad respetuosa con el entorno cuando otros no lo hacen?

Tiene que haber un árbitro. En el caso de la anchoa y de la UE tiene que ser la Comisión Europea. ¿Va a costar dinero? Claro, pero hay que tener en cuenta todo lo que se han llevado antes de más. Hay otras especies que se pueden pescar. Además, de la misma manera que las empresas reciben ayudas públicas cuando tienen problemas, la Administración ayuda, también van a tenerlas.

Usted también está analizando los efectos de los hábitos de vida en la biodiversidad. ¿En qué debemos cambiar para que toda la vida animal y vegetal que nos rodea no se deteriore tanto?

Está clarísimo que los patrones de consumo que tenemos no son sostenibles. No son sostenibles en transporte, no son sostenibles en pesquerías, en agua, en emisiones de productos contaminantes… ¿En qué tenemos que cambiar? Debemos darnos cuenta de que no hay nada gratis. De todas formas, la gente joven es cada vez más consciente del medio ambiente.

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