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Gemma Modinos, neuropsicóloga de la Fundación ACE (Alzheimer Centre Educacional)

«Recordamos mucho mejor los hechos acontecidos en la infancia o la juventud»

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 19 marzo de 2007

Al poco de diplomarse en el Instituto Catalán de Neurociencias Aplicadas, esta psicóloga especialista en el funcionamiento de la memoria se dispone a viajar hacia Holanda para doctorarse en aquel país. La Fundación en la que actualmente trabaja nació a raíz de la creación del primer centro terapéutico de día del Estado español dirigido a la atención de personas con demencia (Alzheimer Centre Educacional).
Estimular y cuidar el cerebro fue el título de una conferencia integrada en el ciclo «Visiones de la ciencia», y en ella la ponente expuso los mecanismos por los que recordamos y olvidamos cuanto ocurre.

¿Qué entiende la neurociencia por memoria?

Se trata de una función cognitiva encargada de recuperar información relativa a hechos o conocimientos almacenados con anterioridad en el cerebro. Esta función comprende, además, cuatro procesos de atención, aprendizaje (o codificación), retención y recuerdo (libre o propiciado por un reconocimiento).

Todo lo evocado por recuerdos, bien sea un número de teléfono o una experiencia vivida en la infancia, ¿se rige por un mismo proceso?

No, tenemos dos tipos de memoria: una de largo plazo y otra de corto. La primera se refiere a información codificada con anterioridad y guardada de un modo u otro en función de su reiterado uso o de su trascendencia emocional. En cuanto a la memoria corta, ésta opera con capacidad muy limitada (uno o dos minutos): Si te dicto un número de teléfono y eres capaz de recordarlo dos minutos después estarás empleando la memoria corta; pero es casi seguro que media hora más tarde lo habrás olvidado por completo. El cerebro tiene dos opciones ante las memorias de corto plazo: almacenarlas de forma durable o descartarlas.

¿Y no operan ambas memorias siguiendo idénticos mecanismos de codificación?

No, tienen una base neuroanatómica distinta.

Sabemos, por tanto, que hay dos tipos de memoria.

«La capacidad de fijar información nueva queda pronto deteriorada en la vejez, y su expresión más habitual es una cierta dificultad para asociar nombres a cara»

No se acaba aquí. También hay una memoria declarativa y otra procedimental. La primera se encarga de codificar hechos o datos directamente en el área consciente, de fácil evocación, y se subdivide asimismo en episódica (como recordar lo que cené anteayer) o semántica (como recordar cuál es la capital de un país o el nombre del río más largo del mundo). La memoria procedimental, por otro lado, es la que nos permite el aprendizaje de actividades que relacionan percepciones con movimientos; como, por ejemplo, aprender a conducir o a utilizar los cubiertos de la mesa de una determinada manera. Algunos autores también llaman a estas dos memorias explícita (declarativa) e implícita (procedimental).

Con el paso del tiempo los recuerdos se desvanecen, ¿o es la memoria la que falla?

A fuerza de no evocar un recuerdo, éste termina por desaparecer; aunque no de forma inmediata. A nivel cognitivo todos tendemos a recordar mejor los hechos acontecidos en la infancia o la juventud. Opera aquí un gradiente temporal, que hace que los recuerdos antiguos se evoquen más y parezcan mucho más precisos que los más recientes. Además, la capacidad de fijar o descodificar información nueva queda pronto deteriorada en la vejez, y su expresión más habitual es una cierta dificultad para asociar nombres a caras.

¿Envejece antes, pues, la memoria de corto plazo?

No hay una norma. Sabemos que el envejecimiento afecta a todos los tipos de memoria sin excepción, pero en cada paciente se da una afección distinta.

¿La memoria se agota o se estropea?

A lo largo de la vida el cerebro es objeto de distintas modificaciones estructurales al igual que otras partes del cuerpo humano, como en situaciones de obesidad o de adelgazamiento, embarazos… La barrera del deterioro, de la dificultad para retener memoria, se ha establecido en los 65 años. Nuestros organismos no están biológicamente diseñados para vivir tanto. Pero los seres humanos contemplamos supervivencias cada vez más prolongadas. La demencia no ocurre de la noche a la mañana. El cerebro se desestructura de forma muy gradual y a veces imperceptible; las funciones mentales se vuelven más torpes y la memoria se desvanece. Es el curso natural de nuestra vida.

Y todo lo malo se amontona en esa etapa final.

Pero quiero romper una lanza a favor de la tercera edad y desdramatizar la percepción de que a partir de los 65 años la función cognitiva empieza a disminuir… Sabemos que hay cerebros físicamente ancianos con una funcionalidad superior a la de algunos individuos jóvenes.

Habrán tomado algo…

Un cerebro anciano no necesita obligatoriamente el recurso farmacológico para subsistir. Dicho esto, no es menos cierto que los médicos disponen hoy día de un arsenal de tratamientos a barajar con un buen enfoque psicoterapéutico: inhibidores de la acetil-colinesterasa, inhibidores del receptor NMDA, antioxidantes, vitaminas C y E, gingko biloba o antiinflamatorios.

Y en cuanto a la psicoterapia, ¿qué objetivos se persiguen?

Combatir la pérdida de memoria o el deterioro cognitivo mediante psicoterapia supone plantear al paciente estrategias de estimulación (música y ejercicio físico), refuerzo de la cognición con terapia de orientación a la realidad, remotivación, entrenamiento con ejercicios de memoria, cambios de conducta que fomenten la autonomía y minimicen las alteraciones, una terapia cognitivo-conductual que fomente la reminiscencia emotiva y una serie de medidas encaminadas no tanto al propio paciente como a su cuidador (en los casos más graves).

¿Cómo saber si estas medidas terapéuticas han conseguido su fin? Usted ha insistido en su conferencia que la memoria perdida es irrecuperable…

Hay que pensar no tanto en la memoria del paciente como en su persona. Hay que evitar los factores de riesgo cerebrovascular (detrás de muchas demencias hay pequeños infartos lacunares o hemorragias de vasos pequeños que han lesionado áreas cerebrales), procurar que el paciente se mantenga socialmente activo y propiciar vínculos con el pasado; reivindicando la tercera edad, no como una etapa de la vida diferenciada, sino como una continuidad con el resto.

NAVEGANDO EN LA OSCURIDAD

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Imagen: André

Cuando la escritora canadiense Iris Murdoch ignoraba aún que se encontraba en la antesala de una enfermedad de Alzheimer, confesaba a su esposo un estado de ánimo particularmente intrigante, extraviado, «como navegar en la oscuridad». El deterioro cognitivo que tiene lugar como consecuencia de vivir muchos años, se hace duro distinguir si demasiados, se caracteriza por un deterioro de la memoria a corto y largo plazo, asociado a trastornos del pensamiento abstracto, juicio, funciones corticales superiores y modificaciones de la personalidad.

Todas estas alteraciones son lo suficientemente graves como para interferir significativamente en las actividades de relación, laborales o sociales. La edad de comienzo de la demencia senil se ubica artificiosamente en los 65 años, aunque existe otra demencia de inicio presenil. La demencia tipo Alzheimer es la presentación más común. El deterioro del estado general es variable y abarca una etapa de deterioro leve en la que el paciente conserva la capacidad de independencia, con un juicio relativamente intacto y una adecuada higiene personal, un periodo moderado en el que necesita algún grado de supervisión y el más grave o terminal, en el que es precisa una supervisión continua.


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