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Amniocentesis: Diagnóstico prenatal

Permite detectar durante el embarazo malformaciones en el feto

“Estoy embarazada, ¿debo hacerme la prueba de la amniocentesis a pesar del riesgo que supone para el feto?” Esta es una de las cuestiones que más preocupa a muchas mujeres antes de dar a luz, debido a que la maternidad se ha retrasado y en las gestaciones tardías hay más probabilidades de que el bebé nazca con alguna malformación. La mayoría de los médicos recomiendan someterse a esta prueba, especialmente si las embarazadas rozan la treintena. Aunque esta técnica prenatal provoca que el embarazo se interrumpa en el 1% de los casos, sus ventajas son múltiples: a través de este estudio, alteraciones como síndrome de Down y espina bífida, así como cualquier defecto congénito, se pueden detectar desde las primeras semanas de gestación. Y si se aprecia algún problema en el feto, la decisión final sobre seguir o no con el embarazo corresponde a la madre y al padre.

¿Qué es la amniocentesis?

Se trata de un procedimiento diagnóstico que en España empezó a realizarse en Barcelona a inicios de la década de los ochenta y que consiste en introducir una aguja fina a través del abdomen de la mujer embarazada hasta llegar al útero. Se extrae una pequeña cantidad de líquido amniótico (el que se encuentra alrededor del feto), que dependerá del número de semanas de gestación. En general, es un centímetro cúbico por cada una de ellas. El objetivo es hacer un estudio de los cromosomas (cariotipo) del feto, que se obtienen de algunas de las células que se le caen de la piel y que se encuentran en el saco amniótico, según detalla Alfonso Rodríguez, ginecólogo del Hospital Clínico Universitario ‘Virgen de la Victoria’ de Málaga.

El procedimiento es bastante sencillo y no dura más de diez minutos. La paciente no tiene que hacer nada especial para someterse a esta prueba, únicamente acudir con la vejiga vacía. No se necesita anestesia y se realiza al tiempo que se lleva a cabo una ecografía, de modo que se vean el feto y la placenta, y no se les dañe.

En líneas generales, la amniocentesis detecta malformaciones producidas por las alteraciones de los cromosomas fetales, como por ejemplo el síndrome de Down o mongolismo, y aquéllas que afectan al tubo neural, es decir, al sistema nervioso, como la espina bífida. Los resultados se recogen entre dos y cuatro semanas después, aunque hay técnicas que además del cultivo celular utilizan biología molecular y ofrecen un resultado provisional en tan sólo 48 ó 72 horas. Sin embargo, su coste es elevado y la sanidad pública no las suele cubrir.

Respecto a cuándo es más conveniente hacer la amniocentesis, Manuel Gallo, vicepresidente de la Sociedad Española de Diagnóstico Prenatal, declara que cuanto más tarde mejor, porque el riesgo de aborto espontáneo va disminuyendo. No obstante, no hay que olvidar que la Ley Orgánica de 5 de julio de 1985 legaliza el aborto en el caso de un feto con graves taras físicas o psíquicas, pero antes de las 22 semanas del embarazo. Por ello, y como precisa este ginecólogo, lo ideal es realizar la prueba entre las 15 y las 17 semanas, para que así exista un margen de tiempo suficiente para contar con los resultados.

En cuanto a la fiabilidad, como establece este último especialista, “en medicina no conviene decir que es de un cien por cien, ya que es cierto que a veces puede haber errores de laboratorio, no tanto como consecuencia de la técnica, sino más bien de cuestiones administrativas al transcribir los datos”. Lo que sí asegura es que alcanza el 99% de fiabilidad. “Hasta ahora no hemos visto ningún caso de que el resultado de la prueba haya sido normal y, sin embargo, el bebé naciera con una anomalía cromosómica”, afirma.

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