Cáncer de hígado, superar las recaídas

Uno de los grandes retos de la medicina oncológica es la identificación de los genes responsables de la reaparición del tumor hepático
Por Jordi Montaner 23 de noviembre de 2008
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Imagen: NOAA

El cáncer de hígado es el tercer cáncer más letal en todo el mundo. Lo peor es que aproximadamente el 70% de los pacientes enfermos presentarán una recaída del tumor en un plazo medio de cinco años después de haberse sometido a tratamientos radicales, por lo que su pronóstico es siempre de gravedad. Ahora un grupo internacional de investigadores publican las claves genéticas para predecir el riesgo de recaída del cáncer de hígado.

La determinación del progreso de la enfermedad neoplásica en el hígado y las razones de su reaparición pasados unos años son algunos de los grandes desafíos de la medicina oncológica. Por este motivo, la identificación de los genes responsables de la recidiva del tumor hepático es un punto clave en la explicación del proceso. Ahora, un estudio que publica «The New England Journal of Medicine» revela, por primera vez, las claves genéticas que determinan si el tumor va o no a reaparecer.

Muestras históricas a examen

Hasta ahora los estudios genéticos en cáncer se realizaban siempre a partir de muestras frescas congeladas y almacenadas en bancos de tejido. Gracias a una investigación internacional referida en el artículo citado, es posible usar muestras históricas de tejido conservadas en parafina y, de este modo, predecir mejor el riesgo de recidiva de uno de los cánceres más letales del mundo.

Por medio de dichos tejidos, los científicos pueden identificar a través de estudios genéticos a los pacientes con riesgo elevado de recidiva tumoral. El trabajo publicado abre, además, una nueva vía para estudiar cualquier enfermedad desde el punto de vista genético y a partir de muestras históricas de tejido previamente archivadas, avanzando así en la prevención y tratamiento de éste y otros procesos neoplásicos.

Estudio genómico

En una cuarta parte de los pacientes diagnosticados de cáncer de hígado también se da infección por hepatitis B

Los autores de este estudio han podido aplicar la genómica (el estudio de la expresión de los genes) a muestras de tejido de pacientes conservadas en parafina desde hacía más de veinte años. Se trata, por tanto, del primer estudio genómico en el que se usa tejido de pacientes que no es fresco. El resultado del estudio revela la identificación de los genes responsables de la recaída del cáncer de hígado tras resección hepática, que aparecen alterados en las imágenes tomadas del tejido que rodea al tumor.

El estudio lo ha desarrollado un equipo internacional de investigadores de genómica en cáncer de hígado, bajo la dirección conjunta de Todd Golub (Universidad de Harvard) y Josep Maria Llovet (Universidad de Barcelona). Ambos analizaron el material conservado de 106 pacientes sometidos a cirugía entre 1990 y 2001 en el Toranomon Hospital de Tokyo (Japón), y los resultados se validaron comparándolos con muestras de 234 pacientes operados entre 1994 y 2005 en el Hospital Clínic de Barcelona (46), en el Mount Sinai School of Medicine de New York (92) y en el National Cancer Institute of Milan (96).

En estas muestras históricas conservadas en parafina se estudió la expresión de más de 6.000 genes, y de un 90% de ellos se extrajeron datos de elevada calidad. «Aunque en el tejido tumoral no se encontraron marcadores significativos para la supervivencia del paciente, en el tejido no tumoral que le rodeaba se han identificado genes que permitirán desarrollar herramientas para mejorar el seguimiento y la supervivencia de estos pacientes», explica Llovet.

Estos resultados aportan, en consecuencia, nuevos datos para predecir la evolución de pacientes operados de un cáncer de hígado y a fin de tomar las medidas preventivas adecuadas. «Las recidivas después de la resección de un cáncer de hígado son el mayor riesgo al que se enfrenta un paciente operado con éxito, y los datos presentados en el artículo permitirán identificar los pacientes de riesgo mayor». Además, Llovet sugiere que la tecnología aplicada en este trabajo centrado en el cáncer de hígado podría tener un impacto significativo en la investigación oncológica, «ya que permitirá explorar, a través de tejido parafinado, la genética de otras patologías y su posible prevención».

UN ÓRGANO DELICADO

ImgImagen: FloNight

El hígado es un órgano sensible a la actividad oncogénica. El principal tumor de esta víscera se debe a células que crecen fuera de control y forman lo que los expertos denominan un cáncer primario de hígado, hepatoma maligno o carcinoma hepatocelular. Este crecimiento desaforado de las células hepáticas se cree que está relacionado con la infección por virus de las hepatitis B y C. Los científicos calculan, por ejemplo, que entre un 10% y 20% de las personas infectadas con hepatitis B acaban desarrollando cáncer de hígado. De hecho, subsiste la evidencia de esta infección en casi una cuarta parte de los pacientes diagnosticados de cáncer de hígado.

La relación exacta entre la hepatitis C y el cáncer de hígado, en cambio, no está tan identificada. Se conoce, asimismo, que las personas con historia de lesiones hepáticas tienen una probabilidad mayor de desarrollar cáncer primario de hígado. Por ejemplo, entre un 5% y un 10% de los pacientes con cirrosis (un trastorno progresivo vinculado al consumo de alcohol y que lleva a la cicatrización del tejido hepático) eventualmente desarrollará cáncer de hígado. Más datos: las aflatoxinas -un grupo de compuestos químicos producidos por un hongo que puede contaminar ciertos granos y semillas- son potentes agentes carcinógenos.

Por medio de análisis de sangre (puesto que los síntomas se concentran en las fases más avanzadas de la enfermedad), los médicos pueden verificar la existencia de marcadores tumorales del tipo de la alfa-fetoproteína (AFP). Se ha demostrado que entre el 50% y el 70% de las personas que padece un cáncer primario de hígado registra niveles elevados de AFP en la sangre.

Las radiografías de tórax y abdomen, los angiogramas (imágenes de los vasos sanguíneos que se realizan con rayos X), la tomografía computadorizada (TAC) y las imágenes obtenidas por resonancia magnética confirmarán con posterioridad cualquier sospecha diagnóstica. En la actualidad, los especialistas estudian, junto a nuevos fármacos anticancerosos y sus distintas combinaciones, nuevas formas de administrar quimioterapia directamente en el hígado (y evitar de este modo sus potentes efectos secundarios), así como el papel de la crioterapia (cirugía que somete los tejidos a un frío extremo).

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