Partos domiciliarios

Frente a la creciente tecnificación médica del parto, existe una corriente que avala la necesidad de recuperar el alumbramiento natural
Por César Martín 3 de noviembre de 2004

Nacer es cada vez más seguro; los avances médicos han logrado en Occidente que la mortalidad y la morbilidad infantil se haya reducido enormemente gracias a los procedimientos estandarizados de hospitales y clínicas. Sin embargo, existen otras opciones para dar a luz: la madre puede elegir parir en su domicilio o en una partería especializada. Al respecto, la OMS (Organización Mundial de la Salud) sugiere que se ha de respetar el derecho de la mujer a elegir el parto que desee. Si elige dar a luz en casa debe saber que en España sólo se contempla esta opción a través de una clínica privada y siempre que el parto sea de bajo riesgo.

Menos del 1% de los nacimientos

En España cada vez son más las familias que solicitan un parto diferente al habitual de los hospitales. Una mala experiencia en un parto anterior suele ser la razón principal por la que las parturientas deciden tomar un papel más activo en el nacimiento de sus respectivos hijos. Aunque en nuestro país las cifras observadas al respecto son aún testimoniales y no llegan al 1%, en Holanda alrededor del 40% de los nacimientos trascurren en casa. En este sentido, muchas mujeres reclaman que los alumbramientos se desarrollen de forma natural, bien en las denominadas casas de partos o en los propios domicilios de las embarazadas.

Esta tendencia pretende convertirse en una alternativa a la estandarización quirúrgica y farmacológica que se da habitualmente en las parterías de los centros clínicos, la más recomendada por los médicos. Es decir, se aboga porque la naturaleza siga su propio curso siempre que las cosas vayan bien, sin más intervención médica que la precisa para garantizar la salud de la madre y del bebé. Teóricamente, con ello, ambos se responsabilizan del nacimiento, asistidos por una comadrona y acompañados sólo por los parientes u amigos deseados. Los expertos avanzan que este tipo de fórmulas descubre los instintos fisiológicos de la mujer y su intimidad, además de reforzar el vínculo especial que unirá a madre e hijo. Ahora bien, en ocasiones, el parto se sucede de forma complicada, por lo que no queda más remedio que la participación facultativa para remediar las dificultades que puedan surgir.

Por esta razón, encontrar en España una opción diferente a la tradicional para dar a luz resulta muy complicado debido a la tradición médica que impera. Para buena parte de los médicos, tal y como explican desde ‘Nacer en casa’, asociación de comadronas que promulga la bondad del parto natural, parir en el domicilio es un paso atrás. A diferencia de lo que ocurre en lugares como Inglaterra, Suecia o la citada Holanda, la mujer española no puede elegir entre diversos tipos de parto, ya que la Sanidad pública sólo ofrece un modelo de alumbramiento, el determinado por los protocolos hospitalarios, explican desde esta asociación. Por lo tanto, si una mujer desea tener a su hijo en su propio hogar, y las circunstancias así lo aconsejan, deberá de acudir a la medicina privada.

El parto domiciliario exige el cumplimiento de una serie de requisitos, controlados por la clase médica. En primer lugar, las comadronas que atienden estos partos excluyen los casos que pudieran presentar riesgo para la madre o el hijo. El seguimiento de la gestación debe ser, como en cualquier otro caso, minucioso, por medio de pruebas y controles. También es obligatoria la cercanía del hogar a un hospital para atender cualquier emergencia. Se recomienda que el citado centro clínico no se encuentre a más de 10 minutos del lugar en el que va a tener lugar el parto domiciliario.

La mayoría de profesionales médicos animan a los padres a reflexionar antes de optar por el parto domiciliario. “Teóricamente, el parto como algo natural podría desarrollarse en cualquier lugar. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta que el alumbramiento puede presentar complicaciones imposibles de prever, incluso en pacientes que han tenido embarazos de bajo riesgo. Por eso es importante estar preparado para afrontar cualquier imprevisto”, explica Pedro de La Fuente, jefe del área de Obstetricia y Ginecología del hospital 12 de Octubre de Madrid.

Perfil de la madre: secundípara y sin problemas en la gestación

La opción de parir en casa apuesta porque la naturaleza siga su curso. Ahora bien, no todas las mujeres pueden acogerse a este método. El perfil de la fémina que puede recurrir a un parto domiciliario con un nivel de riesgo aceptable es, según el servicio de Obstetricia de la maternidad del madrileño hospital La Paz, “preferiblemente secundípara -mujer que va a tener su segundo parto-, sin patologías anteriores al embarazo, ni problemas en la gestación, que haya recibido una preparación adecuada, que se ponga de parto espontáneamente y que cuente con una infraestructura y posibilidades de traslado idóneas”.

Al respecto, desde el mismo centro médico indican que hay que ser conscientes que un parto puede presentar complicaciones imposibles de prever, cuyo tratamiento sólo se puede ofrecer en un centro hospitalario. Entre este tipo de problemas, destaca el de los alumbramientos en los que el cordón umbilical sale por delante del feto, de forma que éste lo comprime y estrangula, o el de los que se complican con un desprendimiento de placenta, o la presencia de heces fetales en el saco amniótico, entre otros. Además, conviene saber que en el 10% de los partos el feto padece la llamada hipoxia aguda -falta de oxígeno-, que sólo puede detectarse con la monitorización del bebé y que puede provocar discapacidades intelectuales y físicas en éste si no se remedia a tiempo. Finalmente, los partos de gemelos, de madres con hipertensión o de fetos que vienen al revés -por las piernas- tampoco deben ser atendidos en casa.

Pese a lo dicho, Antonio González, jefe del citado servicio, admite que el parto en casa ofrece muchas ventajas para algunas mujeres. Pero también subraya el hecho de que “estamos sujetos a unos condicionantes externos que a veces hacen dificilísimo ponerlo en práctica, sobre todo en las grandes ciudades”.

Estas palabras hacen referencia a que existen domicilios que no son aptos para acoger un alumbramiento; en las grandes ciudades hay pisos pequeños, sin ascensor o con accesos complicados, infraestructuras que no facilitan este tipo de partos. Además, el tráfico provoca que sea prácticamente imposible poder acudir al hospital más cercano en caso de emergencia en menos de 10 minutos.

Garantizar la seguridad

Recientes estudios realizados en Suiza y Holanda, y publicados en la edición especializada British Medical Journal, revelan que el riesgo de parir en casa no es mayor que el de hacerlo en el hospital, siempre que se realice tan sólo en los casos exentos de complicaciones y con la ayuda de especialistas. Al respecto, desde ‘Nacer en casa’ certifican este hecho con datos: el índice de mortalidad materno infantil en este tipo de partos en el España es del 0,3%, frente al 1% detectado en los alumbramientos tradicionales. Desde la citada organización, también aseguran que las incidencias natales en este tipo de nacimientos son similares en número a las que pueden devenir en un centro hospitalario. En este sentido, cifran en menos del 10% las episiotomías que se realizan -pequeña incisión que se realiza en la madre entre el ano y la vagina para facilitar el alumbramiento- en los partos domiciliarios, mientras que en los partos hospitalarios la episotomía es muy generaliza y se practica a la mayoría de las parturientas. Asimismo, relatan que sólo en uno de cada 10 casos se hace necesario trasladar a la madre a un centro clínico por complicaciones en el parto.

Frente a estas cifras, la realidad es que el número de padres que confían en este tipo de partos es minoritario, aunque creciente. Entre otras razones a las ya expuestas se encuentran las económicas: parir en casa puede llegar a costar cerca de 1.200 euros por parto. En este sentido cabe reseñar que en España existen en la actualidad alrededor de 30 profesionales que realizan partos en casa desde hace 20 años.

Nacer es cada día más seguro

Ángeles Pérez, comadrona de “Nacer en Casa”, asegura que parir es “un evento biológico que no requiere una sistemática intervención, ni química -para provocar contracciones o eludir dolores- ni instrumental, a la que se someten los alumbramientos en el hospital. Los protocolos se han generalizado y en muchas ocasiones se aplican a parturientas y bebés que no los necesitan”, apunta. Además, según sus palabras, la experiencia de traer a un hijo al mundo en la intimidad del propio hogar, sin prisas, respetando el ritmo normal de cada fase del parto, en la postura que cada mujer considera más cómoda (que suele ser sentada, en el agua o de cuclillas) repercute en un índice menor de complicación postnatales y, sobre todo, en una mayor satisfacción de las mujeres.

Desde la clase médica explican que nacer es cada día más seguro. Al respecto, desde el barcelonés Instituto Dexeus apuntan que, tanto la morbilidad -grado de enfermedades- como la mortalidad infantil, ha descendido en las últimas décadas. Tanto es así que entre los años 80 y 90, las muertes entre la semana 28 del embarazo y los primeros siete días de vida del bebé disminuyeron en un 35%. De hecho, hace 50 años fallecían 35 de cada 1.000 bebés. Hoy, sólo fallecen 6 de cada millar. A todo ello hay que añadir que la mortalidad materna en los países desarrollados es también muy inferior a antaño, entre uno y dos fallecimientos por cada cien mil partos.

Entre las causas de los decrementos en la mortalidad de las parturientas destaca el control de las hemorragias desde los hospitales. En la década de los años 60 dichas complicaciones se daban en el 5,4% de los partos, mientras que en la actualidad no llegan al 1%. Y pese a que han aumentado las gestaciones de riesgo, con madres primerizas mayores de 35 años -alcanzan el 71,21% de los partos frente al 38% en 1970, según la clínica Dexeus-, el grado de incidencias médicas entre éstas no es mayor que el registrado en el resto de madres.

Exceso de cesáreas

Para muchos profesionales, el parto se ha convertido en una suerte de planteamiento tecnológico. Hay datos que sugieren que se interviene demasiado en nacimientos que podrían desarrollarse por sí solos sin problemas. En este punto, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia estima que de alrededor de 400.000 bebés que nacen en España al año, el 25% lo hace a través de cesárea, porcentaje que alcanza el 35% en centros clínicos privados. Estas cifras son muy superiores a lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS). En sus ‘Recomendaciones sobre los derechos de la mujer embarazada y el bebé’, dicho organismo afirma que “los países cuyas tasas de mortalidad natal son las más bajas del mundo tienen también las tasas de cesáreas inferiores al 10%. No hay, pues, razón alguna que justifique un índice de cesáreas superior”.

El abuso de métodos quirúrgicos en los alumbramientos podría obedecer al exceso de celo de la clase médica, a su apuesta por la cirugía defensiva para eludir complicaciones posteriores y, por ende, posibles denuncias si algo sale mal durante el parto, tal y como analiza Ángeles Pérez. “Nos hemos vuelto tan civilizadas que hemos olvidado los instintos, que nos ayudarían a parir de forma más natural. Muchas embarazadas ya no hacen la preparación al parto, creen que con la anestesia no les hace falta, y ni siquiera saben cómo encarar el parto”.

Uno de los inconvenientes más importantes que se da con los avances técnicos en la gestación es la pérdida del protagonismo de la mujer. En muchos de los centros sanitarios existen normas preestablecidas en las que la opinión de la madre cuenta más bien poco. Desde ‘Nacer en casa’ alertan de que, por ejemplo, en relación a la episiotomía -incisión quirúrgica que se practica en el periné para facilitar la expulsión del bebé-, cuya práctica sistemática es injustificada para la OMS, en los hospitales españoles se efectúa a más del 90% de las parturientas primerizas y al 60% de las demás. Los obstetras señalan que con estas técnicas se evitan futuros problemas de salud en la madre o que se reduce el sufrimiento del bebé.