Residencias temporales para mayores

Comunidades autónomas y ayuntamientos ofrecen "programas de respiro" para que la familia pueda dejar atendida a una persona dependiente durante una temporada
Por Clara Fraile 3 de mayo de 2005

Las familias que cuidan a una persona mayor dependiente pueden solicitar para ella una plaza residencial de corta duración en centros públicos. El motivo puede ser un simple descanso para que sus familiares se “tomen un respiro”, aunque hay circunstancias concretas, como una enfermedad, hospitalización u otras emergencias que afecten al cuidador a las que otorgan prioridad los Servicios Sociales encargados de valorar cada caso. Los precios y las ayudas varían tanto como los sistemas de financiación de estos servicios en las diferentes comunidades autónomas y suelen depender también de las necesidades de atención de la persona ingresada. En función del territorio, la duración de la estancia en un centro público puede ser desde un día hasta 6 meses y su coste puede oscilar entre el 50% y el 85% de la pensión de jubilación.

Programas de respiro

Las familias que se encargan de cuidar a una persona mayor dependiente solicitan en ocasiones la posibilidad de ingresarla temporalmente en un centro público porque precisan “un respiro”, un simple descanso, o por circunstancias concretas, como una enfermedad u hospitalización del cuidador. Durante este tiempo, los familiares atienden la necesidad imperiosa que causa el ingreso o dedican este periodo a renovar el ánimo (siete de cada diez familiares que cuidan a enfermos de Alzheimer sufren estrés), un aspecto que repercute después positivamente en la persona que tienen a su cargo. “Hay que desterrar la idea de que el asilo es un sitio donde se ‘aparca’ a los abuelos”, alega Ana Muñoz desde la ONG Solidarios, quien añade que ciertas familias aprovechan sus vacaciones para llevarse con ellas a los mayores ingresados. Por el contrario, algunas que los cuidan durante todo el año deciden llevarlos a un centro para disfrutar del descanso. El aumento de los ingresos se puede cifrar en torno al 20%.

Pero no es cierto que se produzcan más ingresos en los centros hospitalarios durante la época estival por causa de las vacaciones familiares, “en primer lugar, porque nadie ingresa por la vía de Urgencias sin un motivo físico. Bien es verdad que el calor es un factor de riesgo para los ancianos”, explica Mayte Sancho, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), reacia a que se siga acuñando ese estereotipo de “personas mayores abandonadas en los hospitales”. No obstante, la vicepresidenta de la SEGG demanda recursos para ese millón de personas que se encuentran en situación de dependencia grave: servicios domiciliarios que les atiendan en sus casas y/o plazas residenciales. El Libro Blanco de la Dependencia habla también de 1.657.400 personas que necesitan algún tipo de ayuda para realizar actividades de la vida diaria y que en la actualidad sólo el 6,5% de las familias que cuidan a estas personas cuenta con apoyo de los servicios sociales.

Instaurados en la década de los noventa, los todavía incipientes “programas de respiro” pretenden ofrecer una alternativa de apoyo temporal a estas familias. Los requisitos que se piden para poder solicitar una de estas estancias temporales varían de una comunidad autónoma a otra e incluso de una provincia y de una ciudad a otra, pero en general están pensados para:

  • Personas mayores de 65 años con limitaciones para las actividades de la vida diaria y, excepcionalmente, pensionistas mayores de 60.
  • Mayores que no padezcan una enfermedad infecto-contagiosa, crónica en estado terminal o que requieran tratamiento en un centro hospitalario. Tampoco pueden participar los ancianos con trastornos mentales o conductuales que puedan alterar la normal convivencia.
  • Mayores que el cuidador no pueda atender por enfermedad, accidente o situación familiar grave.
  • Quienes sufran falta temporal de la vivienda debido a obras de reparación, rehabilitación, que impidan o dificulten su habitabilidad.
  • Quienes necesiten una plaza temporal debido a un período de descanso del cuidador o de su familiar para evitar una situación de cansancio físico o psíquico.

Modalidades

Los requisitos, documentos que hay que presentar, plazos y ayudas son tan dispares como los modelos de financiación de las residencias para mayores en las distintas comunidades, pero en cualquiera de ellas la solicitud, cuando menos de información, podrá realizarse a través de la red de servicios sociales municipales. Por lo general se requerirá un informe médico del solicitante y la acreditación de sus recursos económicos (pensión, fotocopia de las cartillas o cuentas bancarias en las que aparezca como titular etc.). El programa existe en todas las CC.AA. y está dirigido a las personas residentes en cada una de ellas. En algunos lugares su gestión corre a cargo de diputaciones, cabildos o ayuntamientos. Veamos algunas particularidades:

  • En Andalucía la Junta ha establecido como estancias temporales los períodos que oscilen entre veinticuatro horas y un mes, con carácter prorrogable. La cuota es del 75% de sus ingresos líquidos anuales, exceptuando las pagas extraordinarias de las pensiones.
  • En Asturias pueden acceder a estas plazas también los pensionistas mayores de 50 años, con incapacidad física o psíquica, cuyas circunstancias personales, familiares o sociales lo aconsejen. El periodo de residencia no excederá los 60 días al año pero podrá ser prorrogado excepcionalmente una única vez por causas justificadas. Si el usuario careciese de recursos económicos suficientes, abonará mensualmente a cuenta el 75% de sus ingresos o rentas totales que por cualquier concepto pudiera percibir, excluidas las pagas extraordinarias de pensiones.
  • En Baleares la estancia puede oscilar de 15 días a dos meses y sólo se conceden plazas a personas dependientes, a las que se les pide el 85% de su pensión, independientemente de la cuantía de la misma.
  • En Castilla La Mancha las estancias temporales no pueden sobrepasar los dos meses.
  • Cataluña reserva en torno al 2% de sus plazas residenciales para personas mayores discapacitadas que necesiten estancias puntuales.
  • En Extremadura y Murcia se da prioridad a las personas mayores en periodo de convalecencia que no cuenten con cuidadores.
  • En Galicia la aportación económica del usuario para financiar la atención recibida se fija en función de sus posibilidades económicas. En ocasiones puede ser suficiente con el 50% de su pensión de jubilación.
  • En Madrid las estancias temporales van de 15 días a dos meses como máximo durante todo el año. El coste es del 80% de la pensión de los beneficiarios.
  • En Navarra las estancias temporales no pueden ser superiores a 6 meses y la contribución económica se calcula de acuerdo a la renta, patrimonio y número de personas de la unidad familiar, sin constituir garantías personales sobre los bienes de la persona usuaria.
  • En el País Vasco las estancias temporales oscilan entre 2 días y 1 mes por año, ampliable excepcionalmente a 2 meses, y están destinadas a personas mayores de 60 años dependientes con discapacidades físicas o psíquicas. Las diputaciones habilitan ayudas económicas individuales.
  • En La Rioja las estancias temporales tienen una duración máxima de tres meses, sin posibilidad de prórroga. La admisión está condicionada por la urgencia y perentoriedad de cada caso. El precio público puede satisfacerse mediante el cálculo del 75% de los ingresos íntegros anuales prorrateados mensualmente.
  • En la Comunidad Valenciana la duración máxima de las estancias temporales y de respiro es de dos meses consecutivos como máximo. Una vez acreditada por la persona mayor su necesidad de ingreso en una residencia y la carencia de medios económicos para satisfacer esta necesidad, la Generalitat sufragará el importe complementario hasta el precio de la plaza establecido (Personas válidas 780,87 euros/mes; semiasistidas 896,88 euros /mes; asistidas 1.089,06 euros /mes; supraasistidas: 1.312,12 euros /mes).

Condiciones de vida

En España viven más de 7 millones de personas mayores de 65 años, según el último padrón del INE; 7 veces más que a principios de siglo, apunta la ONG Solidarios. La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) asegura que la esperanza de vida es la más alta de nuestra historia y una de las mayores del mundo, al situarse en 75 años para los varones y 82 para las mujeres.

La SEGG denuncia que con frecuencia se asocian términos como dependencia, discapacidad y edad con el envejecimiento. Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas mayores no sufren discapacidad alguna y más del 85% son totalmente independientes y realizan una vida normal y autónoma hasta edades muy avanzadas.

Por otra parte, la Encuesta de Condiciones de Vida de los Mayores, 2004 del IMSERSO revela que el 78% de los hombres que se encuentran en la llamada tercera edad están casados, así como el 46% de las mujeres. El porcentaje restante corresponde a personas solteras, separadas o viudas. Concretamente viven con su pareja 35% de personas que superan los 65 años; el 14%, además de con el cónyuge, comparte la casa también con algún hijo o hija; los viudos que viven con sus hijos son un 16%; 22% de los mayores viven solos, y el 13% restante disfruta de otras modalidades de convivencia.

En un 95% de los casos quienes se jubilan están satisfechos con su situación vital, especialmente con la relación que sostienen con sus parientes más próximos. En España es la propia familia la principal prestadora de la atención que precisan las personas dependientes. “En este aspecto somos la envidia de Europa”, comenta Mayte Sancho. De las 300.000 personas mayores que viven en residencias, “unas tienen familia y otras no, y sus relaciones dependen de las historias afectivas de toda una vida. Generalizar es un error y afirmar que estos mayores están solos es una falsedad. Indudablemente existen carencias afectivas, pero dentro y fuera de las residencias”, expone con rotundidad.

Los casi 3.000 voluntarios de la ONG Solidarios, que atienden a cerca de mil personas mayores de 65 años en toda España, conocen muy bien cómo viven. Ana Muñoz realiza desde esta organización el siguiente retrato:

  • 1.359.000 personas mayores de 65 años viven solas.
  • La soledad es uno de los más graves problemas de los ancianos, problema que se ve agravado en vacaciones. La cifra de personas mayores solas durante los meses de verano se multiplica por tres.
  • El 7,3% de los hombres y el 3,8% de las mujeres querría vivir con sus hijos o familiares.
  • El 24% de los hombres y el 39% de las mujeres prefieren vivir solos.
  • El 84% de los mayores posee una vivienda, sin embargo un 20% no tiene agua caliente ni calefacción
  • Según los datos de Cáritas, 1.700.000 mayores españoles viven en el umbral de la pobreza.
  • En Madrid, más de 1.600 mayores pasarán las vacaciones en residencias públicas, según datos de la Comunidad.
  • Durante el verano de 2004 se produjo un incremento de más de un 30% en las peticiones de atención a domicilio para el verano.

La demanda de plazas con duración limitada en las residencias asistidas supera a la oferta del sistema público, por ello cada vez son más las plazas concertadas y los centros privados que ofrecen también este tipo de estancias temporales.

Se puede encontrar más información sobre residencias para personas mayores en España, ordenadas por comunidades autónomas, provincias y municipios en la siguiente dirección electrónica: http://www.seg-social.es/oficinas/publica/Centros.