Nuestro olor es único, pero también envejece

Nuestro olor corporal va cambiando con la edad, por culpa de las hormonas, según la alimentación, dependiendo de la higiene o por la enfermedad, pero no hay dos iguales
Por Verónica Palomo 5 de noviembre de 2025
olor envejece
¿Por qué no huele igual un recién nacido que un adolescente? ¿Por qué en la edad adulta nuestro aroma depende de factores como nuestra alimentación o nuestras hormonas? ¿Cuál es la razón por la cual las personas ancianas tienen un olor tan característico? Todos los seres humanos tenemos un aroma que nos hace únicos. Es una fragancia natural que cambia a lo largo de la vida e interviene en nuestras emociones y relaciones con los demás.

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Huella olfativa: por qué cada persona tiene un olor

Si no nos echamos desodorante, nos despojamos del perfume y demás cosmética que acostumbramos a usar a diario, ¿qué olor nos queda? Permanece un aroma que se podría definir como natural y sin aditivos. Una fragancia que posee en exclusiva cada persona. Hablamos de la huella olfativa. Al igual que la dactilar, el olor que desprende naturalmente la piel es único en cada persona.

Cambia según vamos cumpliendo años, bajo el antojo de las hormonas, la dieta, la higiene o la enfermedad, pero no hay dos iguales. Es un aroma que envuelve al cuerpo y que se expele por cada uno de los poros de la epidermis. “Nuestro cuerpo cambia constantemente, y con él, también lo hace nuestro olor”, cuenta Laura López-Mascaraque, neurocientífica, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y líder de un grupo de investigación en el Instituto Cajal de Madrid que estudia el desarrollo del cerebro.

El aroma corporal está influido por varios factores: las hormonas, la piel, las bacterias que viven sobre ella, el metabolismo e incluso la alimentación”, explica la experta. Por ello se entiende que los bebés no huelan a sudor, aunque suden, que los adolescentes tengan ese olorcillo a agrio, aunque estén limpios, o que las personas mayores desprendan un olor algo rancio y húmedo.

El olor de una persona cambia con la edad

Todo tiene su explicación bioquímica. “En la infancia, las glándulas sudoríparas apocrinas —que son las que generan los compuestos que más huelen— están inactivas. El sudor es principalmente acuoso y no tiene un olor fuerte. Pero al llegar la pubertad, las hormonas sexuales activan estas glándulas, ubicadas en axilas, inglés y cuero cabelludo, que comienzan a producir una secreción rica en lípidos y proteínas. Esta sustancia, al descomponerse por la acción de bacterias en la piel, da lugar a compuestos volátiles con olores característicos”, comenta López-Mascaraque.

Está comprobado que el olor humano afecta a nuestro cerebro de forma diferente a otros olores. Investigaciones que han utilizado pruebas de imagen nuclear que miden la función cerebral han observado que cuando lo percibimos, las áreas del cerebro responsables del procesamiento social se activan. Y todo comienza cuando los cuidadores experimentan por primera vez “el piel con piel” con su bebé. Inhalan su aroma y todo cambia.

👉 El aroma a bebé

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Imagen: RDNE Stock project

El olor del bebé es, sin duda, irresistible, pero además tiene una función muy importante. “No solo es agradable, sino que activa zonas del cerebro relacionadas con el placer y el vínculo emocional, sobre todo en las madres”, aclara la científica del CSIC.

En concreto, se ha observado que el sistema de recompensa cerebral —el mismo que responde a la comida o al sexo— se activa al oler a un bebé. “Esto está mediado por la dopamina, un neurotransmisor clave para generar apego y motivación, y ese olor tan característico se debe a una mezcla de sustancias naturales: restos de una grasa protectora que cubre la piel al nacer, secreciones suaves y un microbioma muy inmaduro”, detalla López-Mascaraque. Todo esto produce un aroma dulce y reconfortante que suele desaparecer con las semanas.

Pura supervivencia

Por ello, desde el punto de vista evolutivo, este olor ayuda a que cuidadores y bebés se unan emocionalmente. “Oler bien, en este caso, podríamos decir que tiene una función de supervivencia”, reconoce la investigadora.

La molécula responsable del olor especial de los bebés está identificada. Un estudio publicado en 2013 por investigadores japoneses reveló su nombre: trans-2-nonenal. Este trabajo fue relevante porque manifestó cómo esta molécula genera respuestas emocionales muy fuertes y naturales, lo que favorece el vínculo y cuidado parental, pero también porque revelaba el origen del aroma tan particular del bebé.

Según detallaron, llega gracias a una combinación química compleja en la que interviene el vérnix caseosa —una sustancia blanquecina y cerosa que protege la piel del feto cuando está en el útero y que actúa de capa protectora de la piel del bebé durante los primeros días de vida—, aceites naturales, compuestos orgánicos volátiles e incluso residuos del parto. El resultado es un aroma agradable que trae consigo una señal bioquímica con una intención evolutiva: activar zonas del cerebro asociadas con el apego, la empatía y la motivación y así despertar en los padres los instintos de protección y cuidado.

👉 El olor en la adolescencia: no siempre es falta de higiene

En un abrir y cerrar de ojos, o al menos es la sensación de muchos progenitores, de esa necesidad de cuidado permanente durante los primeros años de vida de sus hijos e hijas, se encuentran frente a la realidad de tener que comenzar a dejarles su espacio para que experimenten la independencia que los preparará para la vida adulta. Un salto en el tiempo que trae consigo un contraste de olores. De la vainilla del bebé al agrio del adolescente.

Un cambio que también tiene su explicación científica. “Esta etapa se convierte en una auténtica fábrica de cambios hormonales. Se activan unas glándulas llamadas apocrinas, que producen un sudor más espeso, lleno de lípidos y proteínas”, aclara la científica.

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Imagen: RDNE Stock project

Este sudor no huele por sí solo, pero cuando se mezcla con las bacterias de la piel, se transforma en compuestos volátiles con olores fuertes. “Entre ellos destacan el ácido isovalérico —olor agrio, parecido a queso fuerte— y esteroides como la androstenona —olor a almizcle o incluso a orina, en ciertas personas—. Pero este olor no tiene nada que ver con la falta de higiene, sino que es parte natural del desarrollo. Aunque una buena limpieza ayuda, el aroma tiene un origen biológico que no desaparece del todo porque está relacionado con la madurez sexual y hormonal”, explica la neurocientífica.

El fuerte olor corporal de los adolescentes no es solo una molestia pasajera: es una señal de que el cuerpo está cambiando profundamente y marca el inicio de una nueva etapa vital.

👉 El olor en los adultos

En la vida adulta, el olor propio de cada persona está determinado por factores como la genética, las hormonas, la dieta, la salud, las emociones o las bacterias de la piel. “Incluso se ha descubierto que nuestro sistema inmunológico influye en el tipo de olor que emitimos”, apostilla López-Mascaraque. “Una parte clave en este olor individual la determina el complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), un conjunto de genes del sistema inmunitario que influyen indirectamente en nuestro olor corporal”, añade.

Precisamente, la capacidad de distinguir las diferencias en el CMH de cada persona también tiene su sentido evolutivo, y así lo han demostrado los científicos con sus experimentos. Estos saben desde hace tiempo que animales como los ratones y las ratas pueden determinar su grado de parentesco genético con otros miembros de su especie oliendo la orina de los demás.

Atraídos por personas con olores diferentes

Los humanos también son expertos en esta habilidad. Un grupo de científicos de la Universidad de Chicago, liderado por Martha McClintock y Carole Ober, publicó los resultados de su trabajo en Nature Genetics en 2002 y venían a confirmar que, a través del olor, los humanos podemos detectar aquellas parejas sexuales que son demasiado parecidas a nosotros genéticamente. Estos investigadores pidieron a un grupo de mujeres que olieran camisetas usadas durante dos noches consecutivas por diferentes hombres y, a pesar de que había en ellas millones de combinaciones únicas de genotipos del CMH, las mujeres identificaron las camisetas con los perfiles genéticos más cercanos a ellas (no quiere decir que fueran familia, pero sí compartían características genéticas).

Esto es significativo, porque, como señala la experta, “las personas tienden a sentirse más atraídas sexualmente por olores corporales de individuos con un CMH diferente al suyo, lo que tendría un sentido evolutivo: maximizar la diversidad genética en la descendencia”. Se sabe que si la pareja es genéticamente muy cercana se duplican genes dañinos recesivos, lo que puede causar enfermedades.

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Imagen: panajiotis

Por otra parte, hay estudios que muestran que las mujeres, sobre todo durante la ovulación, son más sensibles al olor corporal masculino. “Pueden evaluar inconscientemente la compatibilidad genética o el estado hormonal de un hombre por su aroma. Por tanto, nuestro olor puede influir de manera inconsciente, pero muy poderosa, en la atracción, en la elección de pareja y en la calidad del vínculo afectivo”, detalla López-Mascaraque.

👉 El olor de la vejez

Se puede definir como un olor graso, rancio, ligeramente metálico y, en ocasiones, se describe como un aroma a papel viejo o húmedo. Comienza a aparecer a partir de los 50-60 años, aunque algunos estudios recientes lo fechan a partir de los 40, y se va haciendo más intenso según avanza la edad. “Este olor característico de las personas mayores está vinculado, en gran parte, al 2-nonenal, un compuesto orgánico volátil que aparece con la edad”, asegura la experta.

El 2-nonenal, el compuesto responsable

El 2-nonenal se forma por oxidación de los ácidos grasos insaturados en la piel, especialmente cuando disminuye la actividad antioxidante del cuerpo. “A medida que envejecemos, la piel pierde lípidos, cambia su composición y se vuelve más propensa a la oxidación. Además, la flora bacteriana de la piel también se modifica, lo que favorece la producción de compuestos con olores distintos”, cuenta la investigadora del Instituto Ramón y Cajal. Podríamos decir que, con los años, la piel produce menos grasa, se vuelve más seca y propensa a esa oxidación.

Es un olor que tampoco tiene que ver con una falta de higiene, sino con cambios metabólicos normales del envejecimiento y del que no existe evidencia científica que corrobore que tenga una función evolutiva adaptativa, como podría tener el olor del bebé o del adolescente. Se trata del resultado del envejecimiento celular y metabólico. Es decir, de la vejez.

A diferencia de otros olores corporales —como el sudor de la adolescencia—, este compuesto es más persistente y difícil de eliminar, porque es lipofílico, es decir, se adhiere a las grasas y tejidos. Por eso, algunas industrias cosméticas ya lo han tenido en cuenta y han desarrollado productos que neutralizan o modulan la producción de 2-nonenal.

Es una solución, pero quizá habría que mirar más hacia la manera que tienen otras culturas no occidentales de interpretar y aceptar este olor. En lugar de entenderlo como algo negativo que causa rechazo, lo toman como una marca de sabiduría, de experiencia y respeto.

En definitiva, cada edad tiene su fragancia y esta es el resultado de los cambios que experimenta nuestro cuerpo a medida en que envejecemos. Detrás de cada aroma hay una explicación biológica, que evoluciona con nosotros a lo largo de nuestra vida.

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